Edición Nº 1102 - Viernes 16 de octubre de 2026

La educación por competencias: actualidad e historia

Por Elena Grauert

Hace unos días, El Observador publicó una nota de Emilio Tenti Fanfani, referente de la sociología educativa nacido en Italia, en la que asegura: "[...] buena parte de la izquierda es políticamente progresista, pero pedagógicamente conservadora".

Tenti Fanfani se encuentra de visita en nuestro país en el marco del Congreso latinoamericano y Caribeño de Ciencias Sociales organizado por FLACSO. Allí, el académico ratificó todo lo explicado por nuestras autoridades asegurando que "la transformación curricular que se discute en Uruguay no está aislada de la marcha mundial". Además, dijo que "el liceo es la nueva primaria y a la izquierda (de la cual se siente parte) le falta una mirada crítica sobre las necesidades de cambio de la enseñanza".

En este orden, reafirmó la importancia de la educación por competencias, que impulsa nuestro gobierno, la cual está ligada a las necesidades que tienen la personas de adquirir habilidades para acceder al mercado de trabajo y estar apto para adquirir "las habilidades básicas bien arraigadas que le permitan aprender el conocimiento", ya sea capacitarse dentro de una empresa para manejar una maquinaria, como para trabajar en forma independiente o ser un innovador.

Finalmente, el especialista afirmó que la universalización de la educación requiere rever los sistemas educativos generando condiciones sociales y pedagógicas, en la cual todos los estudiantes estén capacitados para avanzar y tengan derecho de aprender.

Pedro Figari, cuando fue designado en la Escuela de Artes y Oficios, desarrolló una visión de la enseñanza que discrepaba bastante de la posición tradicional de Batlle y Ordoñez y posteriormente de Feliciano Viera. Él promovía que los educandos debían aprender a través del trabajo, del arte, de la estética; entendía que no debía haber una división entre lo que luego fue la universidad del trabajo y los liceos, sino que todos se debían educar en el desarrollo de oficios generando trabajadores creativos y emprendedores. Su visión del arte en la enseñanza no tenía que ver únicamente con la formación estética, sino con la necesidad de promover e incentivar la educación de la capacidad creadora y resolver problemas en forma innovadora. Hoy muchos hablan de las habilidades "blandas" como el trabajo en equipo, resolución de problemas, deseo de aprender, etc.

Esto hace pensar que el camino propuesto por las actuales autoridades de la Educación, de la enseñanza por competencias, es correcto ya que no sólo es el camino que marcan las tendencias actuales en educación mundialmente, como afirma el sociólogo Emilio Tenti Fanfani, sino que podríamos afirmar que en el mundo, y acá en Uruguay, ya existía esa discusión, cuando la educación era mucho más elitista que ahora, habiendo en primera instancia ganado la concepción que refería a promover la cultura universal, la enseñanza por materias, el ejercicio de la memoria.

Pero en el momento que se define el derecho a la enseñanza y a la educación para todos en forma obligatoria y universal, con mucha más claridad renace la necesidad que la misma sea una base para adquirir nuevas capacidades, que permitan una inclusión rápida en el mercado de trabajo, lo cual no significa perder la curiosidad por acceder a otros conocimientos de la cultura de las artes o de la ciencia, sino todo lo contrario, tener las herramientas para aprender comprender y poder desarrollar las curiosidades del aprendizaje.

Hoy los niveles de egreso -abandonan la educación media un 60% y solo terminan un 40%- demuestran claramente el desinterés y exclusión que genera la enseñanza formal. Pero, además, no es vista como una ventaja para una salida laboral, lo cual sin duda son señas claras de la necesidad de un cambio en la educación que sea apreciada por la sociedad como útil e imprescindible y de ascenso social para su desarrollo.

Por supuesto que el cambio constituye no sólo una reforma curricular, implica mucho más que eso, es un cambio cultural que debe permear primero que nada en los docentes, en los educandos, pero también en los padres que puedan ver en el liceo un motor de desarrollo y acceso a mercado laboral necesario, que les permita crear, capacitarse y ser más libres como pregonaba Pedro Figari.




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