¡La droga no alivia, sólo mata!
Por Julio Aguiar Carrasco
Viene fracasando rotundamente la política oficial sobre las drogas
La Argentina vive un drama con el tema de la droga. Ya no solo la exporta sino que también la produce: laboratorios, cocinas, etc., lo que ha determinado un aumento del consumo en todas las clases sociales.
En los siete últimos años, éste se ha duplicado. Los datos se obviaban durante el gobierno de C-K, pero surgen ahora con un enorme dramatismo.
En siete años, el éxtasis aumentó un 1.200%, la cocaína un 300%, la pasta base 120% y la marihuana un 100%. En los años 90 la sobredosis se daba en edades comprendidas entre 30 y 35 años; ahora se da entre los 16 y los 20 años.
Argentina está entre los tres primeros países del mundo que exporta cocaína: Rosario (Santa Fe), la Tripla Frontera y Bolivia son las puertas de entrada y salida de una droga cuyo destino es Europa.
El país hermano, con extensas fronteras, sabe que la lucha es muy difícil. Por ello, el Presidente Macri ha propuesto a Uruguay compartir las actividades contra el narcotráfico.
Los nuevos corredores de la cocaína, incluyen al Uruguay: la Hidrovía, Paraná- Uruguay, extensa y muy utilizada.
Con perfil bajo, la droga ha crecido en el Uruguay en forma alarmante. Siete barrios de Montevideo (Cerro Norte, Casavalle, Borro, el 40 semanas, Chacarita de los padres, Marconi) son asolados por una docena de grupos mafiosos.
¡Cómo en tantas cosas, nosotros vivimos en babilonia. ¡Todos se preocupan pero pocos se ocupan, hasta que el tema nos estalla en las manos!
En el Uruguay (fundamentalmente en Montevideo), hay una guerra por la territorialidad, ajustes de cuentas y asesinatos por encargo. Los protagonistas de estos hechos viven en una verdadera subcultura, sin límites morales, sin importar la vida, enterrados en un mundo del que no volverán: el 22% de los jóvenes que viven en esos barrios, son drogadictos.
El tema, muy amplio, deja muchas dudas. Se cierran cientos de bocas de salida, pero al otro día resurgen en otro lado. Se llevan presos a los perejiles pero nunca cae un “grande”.
En esto hay grandes beneficiarios, gente que envía fortunas a las cuentas off shore, para lavarlo, mientras hay miles de jóvenes que se idiotizan con las drogas que ellos trafican.
Acá es cuando uno comienza a dudar de todos los que tienen accesos a estos mecanismos y los utilizan con mucha astucia e impunidad. ¡Somos pocos y nos conocemos!
Escribía hace unas semanas atrás, aquí mismo, que habiendo 15 aeropuertos en el Uruguay, 11 cierran a las 19 horas. ¡Once o doce horas libre para quien quiera bajar o subir! ¡Si lo sé yo, cómo no lo van a saber las autoridades!
El frente marítimo es la tierra de nadie. La falta de presupuesto de la Armada, hace imposible que los barcos estén en condiciones de vigilar nuestras costas.
Lo mismo sucede en el río Uruguay. ¿Entonces? Estamos a merced de los capos de la mafia, sin controles (el sindicalista argentino lo demostró) ni estrategia ni autoridad.
El Estado, con un espíritu amputado, está fracasando por su ausencia, porque siempre llega tarde o por su conocida ineptitud. ¡Esto tiene una lógica, corrupción, irregularidades e ignorancia e impotencia!
El actual senador Bordaberry propuso, en su momento, un acuerdo interpartidario, lo cual está bien porque esta no es una guerra de un solo período de gobierno.
A pesar de sus evidentes fracasos en el tema de la seguridad pública, el gobierno, con una enorme soberbia, dijo que no.
Las consecuencias de políticas sociales asistencialistas del MIDES y una estrategia de la seguridad perimida, hacen que el Uruguay esté a merced de la delincuencia y del narcotráfico.
Siempre creímos que el Uruguay no caería en...; o terminaría en... Hace rato que ya no es más así; el Estado está fracasando por su ausencia de políticas, lo que puede determinar que el país termine con un “Estado colapsado”.
No se puede seguir con esta política complaciente, el quietismo de la autoridad. La izquierda ha perdido el rumbo y no sabe ni quiere responder a estas tremendas realidades.
Nuestros hijos y nietos son las futuras víctimas. Como padre y abuelo no puedo aceptar esta realidad. ¡Es hora de cambiar!
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