La derrota del Estado y la corrupción
Por Luis Hierro López
Se escapó un famoso narcotraficante de la principal cárcel del Estado, en el centro de Montevideo, sede de la Jefatura de Policía. Don Rocco y un conjunto de peligrosos delincuentes salieron por las azoteas o las puertas, pero ningún ministro renunció. Del aeropuerto de Carrasco salen enormes bultos con drogas sin control, provocando reacciones mundiales. La prefectura de Colonia reconoció hace tiempo que no inspeccionaba un puerto de Carmelo donde ingresaron yates que pueden traer droga o contrabando. Tras quince años de gobierno, el Frente Amplio nos deja un Estado costoso pero ineficiente y, además, sometido a la corrupción, que es lo que explica las graves omisiones.
Solamente la corrupción de altos funcionarios y la omisión de los gobernantes puede justificar lo que ha ocurrido en los últimos tiempos en Uruguay. La huida cinematográfica de Rocco Morabito y, luego, el traslado ilegal de valijas con drogas desde el aeropuerto de Carrasco, sólo se explica a través de la corrupción que lamentablemente ha penetrado al Estado uruguayo.
No hay otra forma de analizar la fuga de Rocco –justo, don Rocco, cualquier policía habría sospechado tras la mera mención del nombre, pero el Ministerio aflojó los controles– y el increíble traslado de droga desde el aeropuerto de Carrasco, si no es a través de profundas tramas de corrupción que involucren a importantes jerarcas intermedios del Estado. Tras la corrupción de esos funcionarios –de lo que no puede dudarse a la luz de estos hechos– debe haber peces más gordos, sobre cuyas actividades inmorales o ilícitas sabremos desde marzo de 2020.
Las inconductas no son nuevas. Hace varios meses, en setiembre de 2018, supimos que un barrio privado cercano a Carmelo tiene un puerto de yates que no era controlado ni por migración ni por aduanas, en un caso increíble de irresponsabilidad, ya que el traslado de droga a través de naves que vienen de Argentina es una situación verosímil desde que una famosa operación de esa índole se verificó en el puerto de Santiago Vázquez, en 2009, hace diez años.
Uruguay tiene fronteras frágiles. La Fuerza Aérea y la Armada han denunciado reiteradamente que no cuentan con los medios necesarios para desarrollar sus naturales tareas de vigilancia. Se sabe que avionetas con droga ingresan al país sin chances de control.
En ese marco es que se registra la salida de 600 kilos de cocaína desde el aeropuerto de Carrasco hacia Europa, un hecho extraordinario y casi que perteneciente al mundo mágico de la televisión. Pero fue real, ocurrió en nuestra humilde comarca. La entidad de la operación, que llevó varias horas y una enorme cantidad de bultos, indica a las claras que hubo complicidad de varios funcionarios de jerarquía y que los controles aéreos son lastimosamente vulnerables, lo que implica un fuerte desprestigio del país a nivel internacional. Pasaron por lo menos 46 bultos con droga por las inspecciones (¿?) y no hubo ninguna denuncia previa.
Tanto en el caso de Rocco Morabitto como en esta operación ilícita del Aeropuerto de Carrasco, no alcanza ahora conque haya investigaciones judiciales y eventuales sanciones. Son dos ejemplos claros de situaciones que pudieron y debieron preverse y evitarse. Hay responsables políticos que están por encima de los jefes de los servicios que deben asumir sus responsabilidades, aunque es claro que la respuesta del gobierno, hasta ahora, ha sido la contraria: ocultar los hechos o amortiguar su impacto y no sancionar a nadie. Eso es lo que ocurre en los países de cuarta. En el “país de primera” que el Frente Amplio nos prometió hace tanto, debería haber sanciones ejemplarizantes, incluso a los ministros a cargo, para que sucesos tan desgraciados no vuelvan a repetirse.
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