Por LA LIBRERIA
Editorial Planeta, 2018, 348 páginas. Por Edith Eger
Nacida en Hungría, Edith Eger era una adolescente cuando en 1944 padeció uno de los peores horrores que ha visto la historia de la humanidad. Sobrevivió a Auschwitz y huyó a Checoslovaquia para acabar finalmente en Estados Unidos. Allí se doctoró en Psicología y conoció a su mentor, Viktor Frankl, quien le mostró la necesidad de superar su trauma para alcanzar la felicidad. Es profesora en la Universidad de California y tiene su propia clínica en La Jolla, California. Fue la encargada de dar el discurso de homenaje a Viktor Frankl en su noventa aniversario, durante la celebración de la Conferencia Internacional de Logopedia. Su primer libro, La bailarina de Auschwitz, fue un bestseller internacional.
En esta obra entre catarsis y libro de autoayuda, relata el horror que sólo quienes lo padecieron y sobrevivieron pueden contarlo y quienes no lo hemos padecido, ni siquiera familiares cercanos, nos cuesta asumir hechos tan aberrantes cometidos por seres humanos sobre otros seres humanos, sean niños adolescentes o viejos, "culpables" de ser judíos.
Trasladada con su familia al tenebroso campo de concentración del título de su obra, donde a su ingreso escrito en metal rezaba "El trabajo los hará libres", una siniestra ironía para quienes allí esperaban la muerte por trabajos forzados, cámaras de gas o un tiro, disparado por cualquier guardia en cualquier momento sin tener que dar explicaciones a nadie por esa actitud criminal.
No se borrarán de la mente de la escritora el momento en que sus padres ingresan caminando hacia la cámara de gas y giran brevemente para despedirse. Su voluntad de sobrevivir en el momento que percibe que, por una señal de Mengele, niños y viejos a un lado (los que serán ejecutados) mayores de 14 a otro, comienza a bailar, el Danubio Azul algo que, desde niña, aspiraba a hacerlo en un teatro, frente al dueño y señor de vidas, "El ángel de la muerte" no olvidará su rostro, sus ojos fríos una irónica sonrisa permanente y sus dientes separados. Ese baile salvó su vida, aunque estuvo varias veces cercana la muerte o por desnutrición o por un tiro sin un porqué.
Relata con crudeza los hechos. Luego, como psicóloga en Estados Unidos, aplica sus enseñanzas sí, pero sobre todo sus experiencias ante el terror, el miedo la oscuridad los muertos y lo que sobrevivieron. Relata e instruye al mismo tiempo, la forma de superar el hecho que ha llevado al paciente a ser consultada. Se enfrenta a situaciones límites, como el momento en que alguien le pregunta: "Tu estuviste allí" (en clara referencia a Auschwitz) algo que nunca confesaba y que la llevó a reconocerlo, combatir ese recuerdo admitirlo y superarlo.
Otro momento es de un paciente en el que constata portaba una pistola bajo su camisa y que no deseaba hablar. Lo invita a salir: "es hora de pasear a mi perro acompáñame". El paciente había estado en Vietnam como militar "matando amarillos", algo que no podía superar. Una vez más, como lo hace en toda la obra, recurre a mecanismos de defensa y ayuda, desarrollados a partir de su sufrimiento en el tenebroso campo de concentración.
Un libro que, en cierto aspecto, es para profesionales médicos, psiquiatras o psicólogos, pero que también, leído con particular atención, lleva a quienes no lo son a vislumbrar como, aún bajo situaciones límites, siempre hay esperanza.
J.C