La alternativa del cambio
Por Julio María Sanguinetti
El lunes pasado visité a los líderes nacionalistas Dres. Luis Lacalle Pou y Jorge Larrañaga con el fin de ofrecerles mi opinión favorable a la idea de que, con anticipación a la formalización de la campaña electoral, se elaborara una confluencia programática de cuatro o cinco puntos básicos, que configuraran una real alternativa al gobierno del Frente Amplio.
Fue una iniciativa personal, en que, como simple colorado “liso y llano”, o batllista militante, les hablé de lo que siento como una necesidad. No asumí ninguna representación formal, que no tengo, sino que procuré brindar una opinión personal, que expresa —a mi juicio— un sentimiento popular relevante.
El hecho es que, más allá de los desgastes de opinión del Frente Amplio, es necesario generar la esperanza en un gobierno de coalición coherente, que impulse los cambios que el país necesita y que hoy están postergados o tergiversados por la parálisis que le han impuesto al gobierno los sectores radicales que controlan su vida interna.
Cada partido, naturalmente, tiene su identidad. Tanto el Partido Colorado como el Partido Nacional poseen una larga historia, una tradición no solo de luchas políticas sino del acervo ideológico que los define y caracteriza. Ellos irán a la elección con los candidatos que emerjan de sus elecciones internas. Cada uno hará sus postulaciones. La cuestión es explorar algunos puntos de coincidencia sobre la base de la común identidad democrática, su voluntad de reformar la educación hoy en declinación, su adhesión a una economía exportadora abierta al mundo y la defensa de la legalidad y el orden públicos, hoy resquebrajados por una delincuencia nueva y cruel.
Dado el cuadro de situación política que hoy presenta el país, todo indica que el próximo gobierno, el gobierno del cambio, será de coalición interpartidaria. No hay un partido hegemónico que pueda ofrecer la perspectiva de una mayoría absoluta. Quienes compartan esa apreciación realista deben actuar en consecuencia, con la grandeza de espíritu y la honestidad intelectual imprescindibles para generar confianza en la ciudadanía. Es imprescindible seguir haciendo la oposición que hoy se ejerce, el cuestionamiento severo al gobierno y a la situación nacional, pero no basta con ello. Hay que añadirle un aliento de esperanza, que vendrá de que los partidos de oposición puedan ofrecer esa confianza.
Ya ejercimos un gobierno de coalición en mi segunda presidencia. Acordamos un programa común con el Directorio del Partido Nacional que presidía el Dr. Alberto Volonté y pudimos ofrecerle al país grandes reformas, como el retorno, después de medio siglo, a las inflaciones de un solo dígito; la salvación del sistema de seguridad social; una profunda reforma educativa y hasta un cambio en el sistema electoral, entre tantas otras cosas.
Repetimos, cada cual debe preservar su identidad. Eso es imprescindible también si se quiere ser creíble. El tema es que si nos ponemos de pie delante de nuestras diferencias y no nos apoyamos en las coincidencias, podemos esterilizar los esfuerzos necesarios para mirar hacia delante.
Con la reunión comentada, simplemente pretendimos poner en el escenario del debate político un tema fundamental. Comenzar a tejer esa alternativa imprescindible. Desde ese ángulo, nos sentimos satisfechos. Los líderes nacionalistas comparten ese espíritu y procurarán contribuir también a la generación del necesario clima de opinión que tiene que preceder a los pasos políticos que formalmente puedan dar los partidos.
La reunión que solicité a los líderes nacionalistas pretendió ser, simplemente, un llamado. Felizmente, ha tenido en los medios y la ciudadanía una auspiciosa repercusión. Los próximos meses dirán de hasta dónde se puede llegar.
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