Por LA LIBRERIA
La Herida, de Jorge Fernández Díaz, Editorial Planeta, Montevideo, 2017.
Jorge Fernández Díaz es escritor y periodista. Se desempeñó como cronista policial, periodista de investigación y jefe de redacción de diversos medios. Actualmente es columnista y secretario de redacción de La Nación de Buenos Aires.
Ha publicado diversos libros, entre ellos: El Dilema de los Próceres, Mamá, La Logia de Cádiz (que hemos comentado), el Puñal, etc.
Precisamente en El Puñal, es donde aparece por primera vez el agente Remil, cuyas acciones u omisiones se retoman en esta obra, que ha sido éxito de ventas en Argentina.
La obra se inicia con la desaparición de una monja, referente social de una villa miseria, donde dos bandas de narcotraficantes se disputan el territorio. Ambas bandas la respetan, aun cuando ella intentó recuperar a un joven drogadicto y además, “mula” de una de las bandas.
Al desaparecer, deja una nota que contiene únicamente una frase: “La fe también agota”.
“El Papa Francisco la conoció y la admira. La recuerda siempre con estupor y dolorosa nostalgia y exige- con la mayor reserva- una investigación”. Así se los manifiesta el salesiano Pablo en La Sala de la Signatura del Vaticano a los investigadores enviados por el gobierno argentino, agregando: “ya sé que no se puede confiar en la policía ni en los jueces, pero aquí tiene el dossier completo”.
Mariela Leoni, que así se llamaba o se llama la monja, es de la congregación del Sagrado Corazón, estudió teología en la Universidad Católica Argentina, realizó posgrados en Italia, convirtiéndose en una intelectual y, curiosamente, en maratonista.
Ramil, es el encargado de investigar la extraña desaparición de la monja, pero al mismo tiempo debe hacer de guardaespaldas de una diva que, junto con una asesora de imagen, es contratada por la Casa Rosada para mejorar la imagen de un gobernador patagónico. Todo se entrelaza y entrevera.
Ramil, puede ser romántico y sensible pero hasta desalmado y sin códigos: “Se quiso resistir de entrada, en la casucha que alquila, y me obligó a golpearlo sin miramientos. Pero aún con la jeta rota insistió en hacerse el valiente: pidió una navaja. A cambio, calenté una plancha, lo esposé a la cama y le quemé los huevos. Dicen que violaste a una monja y que después la enterraste en un descampado; que te vieron con una pala y que vos te pavoneabas en las fiestas. Jura a los gritos, llorando de dolor y de miedo, que todo eso es falso, cosa de soplones. No le creo ni una palabra, así que le plancho las axilas.”
En definitiva un thriller policial y político que desnuda con dramatismo y realismo a la vez, el poder dentro del poder.