L.q.q.d.
Por Consuelo Pérez
Hemos constatado con beneplácito que es posible en nuestra sociedad proponer un cambio de rumbo político, argumentar los motivos, dar muestras de solidez para llevarlo a cabo, y obtener en consecuencia el respaldo de la ciudadanía, sin traumas, naturalmente.
Ni siquiera corresponde hablar de un complejo período ya transcurrido, y de lo que en el mismo tuvo que padecer nuestro País, nuestra Sociedad, pues la voluntad Soberana habló por sí misma. Lo habíamos mencionado antes, pero no está demás recalcar que “se respiraba” que el cambio estaba instalado en el sentir popular. Tranquilamente, como una necesidad insoslayable, pero que se concretaría con el simple y maravilloso acto de introducir una papeleta en una urna.
Este proceso se definió el último domingo de octubre, cuando elegimos a nuestros Representantes, vislumbrándose entonces que las mayorías necesarias para llevar a cabo la enorme tarea de la reconstrucción, se habían conseguido.
Lo que siguió, si bien se dio rápida y contundentemente, no nació de la nada, sino que fue la consecuencia de la prédica y visión del Presidente Sanguinetti, que una vez más concibió la forma de salir del pozo, y además se puso la tarea al hombro. Es, y todo el País lo sabe, el gestor de la flamante e imprescindible Concertación.
Aún no se ha pronunciado a la fecha de escribirse estas líneas la Corte Electoral, pero parecería que los distintos medios, que alentaron el domingo la idea de que “aún no hay ganador”, bajaron los brazos, y comenzaron a transitar el camino elegido por las mayorías.
Cuando la causa es valedera, de poco sirven las campañas sucias, con la prensa incluso como protagonista cautiva, y los hechos así lo demostraron.
La triste actitud del candidato que no obtuvo la mayoría de los votos, arengando a las masas a un festejo tan inútil como inexplicable, no hace más que demostrar que no está en su sentir que la Democracia se compone de pluralidad, de divisiones, de pensar diferente, y por esa misma causa no hay en ella victorias, ni derrotas. Le faltó grandeza para reconocer al futuro Presidente de Todos, por el simple motivo de que desconoce ese sentir democrático, lo ignora, no está en su ADN. El golpearse el pecho es para el gorila demostración de fuerza. En él, fue todo lo contrario.
La calma, la paz con la que el futuro Presidente y todos los partidos que integramos la Concertación hemos interpretado el mensaje del Pueblo, da la pauta de que estamos en el buen camino, porque tener como meta LA PAZ, es la verdadera victoria de la Democracia. Y como lo dice el encabezado, es “Lo que queríamos demostrar”.
Es ahora.
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