José Enrique Rodó: Un espíritu de la tradición liberal (15/07/1871 - 01/05/1917)

Por Gabriela y Roberto Pena Schneiter

"(...) los que para continuar de nuestra parte necesiten saber si la hora del triunfo está cercana, harán bien en satisfacer sus impaciencias y retirarnos su concurso. Queden sólo aquellos que no miden la extensión del tiempo que se pasa lejos de los halagos del éxito y el encumbramiento, cuando se lleva en el alma la fuerza de una convicción". (Rodó, 1916, El Telégrafo).

En el sesquicentenario del natalicio de José Enrique Rodó, estas líneas pretenden ser un humilde reconocimiento a su espíritu liberal -de estimar la libertad individual y la tolerancia, y de oponerse a toda arbitrariedad o abuso de cualquier poder o autoridad-, impregnado de su humanismo racional e idealista, el cual, en forma sintética, se desarrolla a través de sus palabras y escritos. Un espíritu liberal, democrático y republicano, heredado, principalmente, de la tradición de José Gervasio Artigas, Fructuoso Rivera y Joaquín Suárez.

Libertad

Rodó siempre apreció la libertad como fuerza creativa y evolutiva de la dignidad de la persona, y su amor y creencia en ella los reflejaba en los siguientes pasajes: "(...) la idea de liberalismo, mi concepción de su alcance, (...) abarca toda la extensión que pueda medirse por el más decidido amor a la libertad". (Rodó, 1906, Liberalismo y Jacobinismo). "Yo, que he participado, y aún participo, de esta fe en el sublime magisterio de la palabra de los poetas, creo, antes que en ninguna otra cosa, en la libertad (...)". (Rodó, 1913, El Mirador de Próspero).

Su personalidad no fue la de un intelectual sugestionador ni dogmático, sino que como librepensador expresaba: "La garantía posible de la verdad y también del mejoramiento positivo de las sociedades y de los hombres; la garantía de esa libertad interior, fuente y origen de todas las libertades reales y efectivas, es la independencia del criterio individual, que se aplica sin prejuicio a cada reforma en particular, a cada idea concreta, a cada iniciativa determinada, y las examina con soberana libertad, y las acepta si las considera buenas aunque tengan siglos de uso, y las rechaza si las juzga malas aunque coincidan con las ideas, o los sueños, o los caprichos de los últimos innovadores". (Cámara de Representantes, 56ª Sesión Ordinaria, de 13/06/1912).

Asimismo, con relación a esa libre determinación de las personas y a la adquisición de conocimientos para la búsqueda de la verdad, sostenía que "(...) la cultura es un medio para que el espíritu de cada uno se emancipe de toda tutela y pueda pensar con libertad". (Cámara de Representantes, 73ª Sesión Ordinaria, de 04/07/1912). Por eso, con su carácter democrático, Rodó siempre fomentó la cultura y la educación, a través de la formación intelectual, moral y cívica del pueblo, entre otras cosas, para poder levantar la suspensión de la ciudadanía de muchos habitantes, en atención a lo referido en el artículo 11 de la Constitución de 1830. Y esa cultura y educación eran las que permitían el fomento de los talentos y las virtudes de los hombres, para el crecimiento individual, en el marco de lo dispuesto en el artículo 132 de la Constitución de 1830, y así lo plasmaba en una de sus obras: "El carácter esencial de la sociedad democrática será siempre la justicia inmanente que permite a cada cual destacarse según sus fuerzas y merecimientos, y hace de cada hombre el artífice de su propio destino". (Rodó, 1913, El Mirador de Próspero).

En el ámbito político partidario, siempre defendió la libertad y el pluralismo, porque "en las mayores tribulaciones de la patria; frente a los más formidables peligros y a las más tremendas responsabilidades, el viejo partido de Rivera buscó siempre la luz y el camino por medio de la espontánea y libre manifestación de las ideas (...). Allí donde las asambleas de partido se reúnen, no para proponer libremente soluciones y discutirlas, sino para votar sin discrepancias la solución preparada y asegurada sin ellas; allí donde el ideal que se profesa y realiza es la uniformidad mental y la votación canónica, y se considera que una voz disonante es un peligro, y se exige aceptarlo todo, como en la cátedra romana, para no incurrir en nota de heterodoxia, allí puede afirmarse con entera certeza que no está el espíritu de la libertad, y donde no está el espíritu de la libertad no estará nunca la genuina tradición del partido (...)". (Rodó, 1916, Patria).

Tolerancia

Rodó fue siempre tolerante con las ideas de los demás, pero sin ceder ni dejar de expresar las propias, y es esa misma tolerancia la que difunde en su actuación política y en su vida: "La enemistad por razón de ideas es cosa de fanáticos: de los fanáticos que creen y de los que niegan. Las almas generosas hallan en la misma diferencia de sus ideas, y en los coloquios que de esta diferencia nacen, el fundamento de una comensalía espiritual. Nos encontramos en el camino; usted me habla de su fe y del amor que le tiene, con sinceridad y entusiasmo; yo, le escucho con interés. Cuando me llegue el turno, yo le hablaré con igual íntima verdad, de la manera como a mi alma se impone la atracción del formidable enigma, y de lo que creo, y de lo que dudo; y usted me escuchará también, y así ambos saldremos ganando; porque lo único que no deja beneficio al espíritu es la falsedad, es la vulgaridad, es la pasión fanática (...)". (Rodó, 1906, Liberalismo y Jacobinismo).

Al ejercer la tolerancia, implementaba la crítica racional a través de "(...) la facultad de juzgar, que es la que determina propiamente al crítico, no avasallada nunca por la tempestad de ideas y pasiones que allí, en el propio espíritu, se desarrolla en tanto, bajo ella, por imitación y contagio de lo que pasa en el alma del artista a quien se trata de comprender y valorar". (Rodó, 1932, Los Últimos Motivos de Proteo). También para adquirir conocimientos aceptaba la crítica de otros y la autocrítica: "(...) la perseverante consagración a un ideal afirmativo y constructivo se abrace con la facultad inexhausta de modificarlo por la propia sincera reflexión y por las luces de la enseñanza ajena, y de adaptarlo a nuevos tiempos o a nuevas circunstancias (...)". (Rodó, 1913, El Mirador de Próspero). Y ese aprendizaje debía estar empapado de la realidad, porque "el que vive racionalmente es, pues, aquel que, advertido de la actividad sin tregua del cambio, procura cada día tener clara noción de su estado interior y de las transformaciones operadas en las cosas que le rodean, y con arreglo a este conocimiento siempre en obra, rige sus pensamientos y sus actos". (Rodó, 1909, Motivos de Proteo).

En el sentir de Rodó, la tolerancia es el "(...) término y coronamiento de toda honda labor de reflexión; cumbre donde se aclara y engrandece el sentido de la vida. (...) Es la más alta expresión del amor caritativo, llevado a la relación del pensamiento". (Rodó, 1909, Motivos de Proteo). Por eso, siempre abogaba por "(...) un ambiente de plena discusión, oyendo como se opone a la palabra que afirma la palabra que niega: porque eso es lo que cuadra a un régimen liberal y ese ha sido siempre el espíritu de la tradición política a que nos honramos en pertenecer". (Cámara de Representantes, 53ª Sesión Extraordinaria, de 09/12/1911).

Ese ambiente de tolerancia parlamentaria, que Rodó lograba transformar en concordia, puede apreciarse en los sentidos discursos pronunciados en el Parlamento tras la noticia de su inesperada muerte en Italia. El representante Ismael Cortinas decía: "(...) he de destacar, repito, la figura de Rodó como ciudadano de nuestro país, porque si es hermosa la producción intelectual, independientemente de la persona, es más hermoso constatar que existe un cerebro inmenso junto a un alma templada para la lucha y junto a un carácter puesto a prueba en todas las circunstancias de la vida política. (...) ciudadano ejemplar que en todos los actos de su vida supo dar pruebas de abnegación, de altruismo, de honradez y de austeridad". (Cámara de Representantes, 21ª Sesión Ordinaria, de 03/05/1917). Y el constituyente Gustavo Gallinal resaltaba: "(...) cuando, como en este momento, consideramos la vida de un hombre que ha realizado todos los pensamientos nobles que predicó en sus libros, entonces nos vemos obligados a reconocer que por más grande que sea la admiración que susciten en nosotros las creaciones del arte, hay una cosa más grande y más bella: es el espectáculo de una vida humana consagrada por entero al servicio del bien y de la justicia". (Convención Nacional Constituyente, 39ª Sesión Ordinaria, de 04/05/1917).

Acción

Su accionar estaba inspirada en los valores liberales y humanistas del Partido Colorado: "Nosotros aspiramos a ser hoy también, y a ser para siempre, como fuimos dentro de los muros de Montevideo, un partido cosmopolita; no ciertamente porque desconozcamos ese noble y pundonoroso sentimiento de altivez nacional, que se inspira en la pasión de la patria, y del que el Partido Colorado ha dado a la historia de la República los más altos ejemplos; pero sí porque considerados que la comunidad en el culto de los principios liberales, alma de la moderna civilización, pueda dar lugar a vínculos tan fuertes como los del común origen, y enaltecemos, por encima de toda idea exclusivista de nacionalidad, la idea, más amplia y generosa, de la solidaridad humana". (Rodó, 1901, Club Libertad).

En el ámbito legislativo, fue defensor de la actitud reformista siempre en busca de la justicia social y no con un sentido proletario o colectivista, ya que para él: "Vulgar error sería entender que el movimiento de ideas que ha presidido a esta intervención del Estado en el funcionamiento de la vida industrial sea la obra exclusiva de una doctrina revolucionaria, cuya sombra fatídica pretenden muchos ver insinuarse a favor de cada una de estas manifestaciones de reforma, olvidando que es en los pueblos de más hondo sentido individualista donde la legislación del trabajo ha tenido su origen (...)". Y si bien defendió al trabajador, también con equidad apoyó al empresario, cuyo capital contribuye al desarrollo del país: "(...) si hay algún género de capital que merezca particularmente respeto, él es sin duda el capital empleado en la industria; porque, lejos de sustraerse con pusilanimidad y sordidez al movimiento de la vida, para granjear un beneficio sin riesgos, representa un espíritu de iniciativa y de empresa que concurre al fomento de los intereses generales, afrontando, más de una vez, la contingencia de la ruina". (Rodó, 1913, El Mirador de Próspero).

Para ejercer su actividad con prudencia y justicia, señalaba que el político debía prevenirse "(...) contra el influjo de un sentimentalismo inconsistente y vago, que encuentra fácil acceso en los espíritus no habituados a someter a prueba sus primeros impulsos con la observación serena de la realidad, y que se reviste de un prestigio falaz de simpatía tratándose de cuestiones en que está comprometida la ventura y la prosperidad de tantos seres humanos. Lejos, muy lejos de mi ánimo la idea de que las inspiraciones que proceden del sentimiento cuando significan la conmiseración por el ajeno infortunio, la pasión de la justicia debida a los desheredados, y el interés por sus aspiraciones legítimas, no deban tener cabida en el espíritu del legislador: tanto valdría decir que los que dictan las leyes han de mutilar su personalidad en sus energías más nobles y capaces de inspirarla para el bien. Pero esos sentimientos fecundos nunca se confundirán con la sensibilidad desorientada que parte de un conocimiento reflejo o somero de las cosas; que se determina por impresiones efímeras, insuficientemente depuradas en el crisol de la razón, y que a menudo conduce, con sus persuasiones inconsultas, a obstaculizar las mismas reparaciones que desea y a exacerbar los mismos males que provocan su lástima. Necesario es también mantener la dilucidación de estos problemas en ambiente apartado de toda sugestión y toda influencia extrañas a ellos mismos, y muy particularmente de las pasiones e intereses políticos". (Rodó, 1913, El Mirador de Próspero).


Rodó se destacó por su pensamiento, pero también por su acción política, porque "cuando se hacen leyes no se puede permanecer en la esfera de las abstracciones; hay que tener en cuenta la realidad viviente. (...) De manera que humanamente es imposible prescindir de las circunstancias del presente". (Cámara de Representantes, 77ª Sesión Ordinaria, de 09/07/1912). En definitiva, "la política consiste en encarar el hecho actual como tal hecho, y en buscarle solución (...)". (Cámara de Representantes, 58ª Sesión Ordinaria, de 28/06/1913). Y dentro de esta acción política, tenía presente los peligros de las arbitrariedades y los abusos del poder: "¿O acaso no es un principio inconcuso del régimen de las instituciones libres que no debe haber ningún poder ilimitado; que no debe haber ningún poder que no tenga ante sí los medios eficaces con que se rectifiquen sus errores y se atajen sus demasías?". (Cámara de Representantes, 56ª Sesión Ordinaria, de 13/06/1912).

In memoriam

Por el eximio legado de Rodó a través de su obra y figura, y a pesar de que el Estado lo ha reconocido de distintas maneras, se proponen las siguientes ideas vinculadas con decretar honores públicos a sus grandes servicios (artículo 85 de la Constitución de la República) y con la defensa de una riqueza artística e histórica relacionada con él, que constituye parte del Tesoro Cultural de la Nación (Ley N° 14.040, de 20/10/1971).

1. Denominar "José Enrique Rodo" al "Gran Premio Nacional a la Labor Intelectual", establecido por la Ley N° 19.252, de 28/08/2014. Se cree conveniente la denominación por ser este premio el máximo galardón que otorga el Estado a la excelencia, creatividad y contribución a la cultura nacional, en cualquiera de sus disciplinas.

2. Declarar monumento histórico el monumento a José Enrique Rodó -obra del escultor José Belloni, compuesta por el busto de Rodó, complementada con una simbología representativa de su obra literaria-, que está emplazado en el Parque Rodó. Se considera oportuna la declaración por ser Rodó una personalidad notable de la vida del país y ser representativo de la cultura de una época nacional

Finalmente, por la inspiración que Grecia causaba en Rodó, nos permitimos evocar a Sócrates "que dijo docta y sabiamente que hubiera sido muy conveniente que los pechos de los hombres tuviesen ventanas abiertas para que los pensamientos de cada uno no quedasen secretos, sino que estuvieran a la vista de los demás". (Vitruvio, 27-23 a.c., Los diez libros de arquitectura). El pecho de Rodó fue abierto y diáfano, y su pensamiento lo irradió en todos los ámbitos en que le tocó actuar. Por lo tanto, aquella aspiración socrática fue alcanzada por Rodó, porque mostró llevar en el alma la fuerza de una convicción.




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