Edición Nº 1097 - Viernes 11 de setiembre de 2026

Ideas y prácticas viejas

Por Luis Hierro López

El paro sindical de ayer demuestra que la central sindical vive en el pasado. Se impone el voto secreto y la publicidad de sus cuentas.

El paro general de ayer habla mucho de la situación de nuestro sindicalismo. Muy pocas personas saben realmente cuál fue la causa de la movilización, que provocó falta de servicios en el transporte, la salud y la educación, lo que perjudica a las personas más pobres de la sociedad.

La supuesta protesta invocó causas genéricas y repetidas: el 6% para la educación, una mayor inversión pública, apoyo a la industria, la defensa de las empresas públicas y la exigencia de verdad y justicia por las desapariciones de personas durante la dictadura que sufrió el país hace 40 años. Como se sabe, este último asunto, el de imponer penas judiciales, motivó ya dos consultas al cuerpo electoral, que en ambas instancias se expidió en forma concreta, estableciendo que no debe actuar la Justicia sobre lo que en el pasado hicieron los militares, así como la ley había resuelto la amnistía a los tupamaros. El Pit- Cnt desconoce ese profundo mandato del pueblo, claramente democrático.

El paro se pareció por la tanto a un ejercicio más, a una reiteración de la militancia, a una repetida y gastada práctica que no pudo, por lo tanto, convocar ni a emociones ni a auténticas perspectivas de lucha social. Los trabajadores no ganaron nada con el paro; quizás algunos descuentos de sus magros sueldos.

De esta forma, el Pit-Cnt sigue agregando motivos de desprestigio, pese al enorme poder que desarrolla a partir de la importancia que el gobierno le ha concedido. La central obrera se ha convertido en una especie de segundo senado, en el que han naufragado varias iniciativas gubernamentales. Sus dirigentes hablan y actúan como líderes políticos más que como obreros o trabajadores. La prédica de la central es clasista, ideológica y sectorizada, alineada con las orientaciones del Partido Comunista, que aunque siempre tiene un magro apoyo electoral se las arregla para mantener una enorme influencia en el gobierno y, precisamente, en el Plenario de los trabajadores. Las adhesiones automáticas al gobierno dictatorial de Maduro y a Lula, que de líder obrero pasó a ser un obrerista corrupto, pero corrupto al fin, siempre están a la orden del día. Para colmo, una operación con un plan de vivienda social, en el que hubo una evidente estafa, pone en duda la moralidad de algunos dirigentes sindicales, lo que nunca había ocurrido anteriormente, tiempos en los cuales la decencia y la honradez eran moneda corriente en la formación y en la actuación de los sindicalistas. El querible Pepe D´Elía sentiría vergüenza ante las denuncias que ahora acosan a algunos dirigentes de la central.

Todos estos desvíos van en contra de la democracia y nos obligan a exigir transformaciones profundas, que los trabajadores tienen que llevar adelante para asegurar que los dirigentes de la central obrera los representen auténticamente: quienes dirigen el Pit-Cnt deben ser elegidos por el voto popular y además, deben rendir cuentas de lo que reciben y lo que gastan. Nada más, ni nada menos.



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