Edición Nº 1097 - Viernes 11 de setiembre de 2026

Hugo Romay Salvo

Rmay perteneció a la generación pionera de la televisión uruguaya, la que en los años 50 comenzó con ese medio. A partir de allí, el propio Hugo, el Ing. Scheck y los De Feo y Fontaina, lideraron el desarrollo de la televisión por aire y, más tarde, en el cable. La familia Romay ya estaba en la comunicación, especialmente a través de su radio clásica, CX20, que lideró, hasta hoy, la audiencia por ese medio.

Cada canal de televisión tuvo su estilo y Montecarlo recibió la impronta de Hugo, de gran perspicacia popular y espíritu innovador. Sus informativos directos, callejeros, ventana hacia el mundo real, marcaron un tiempo; muchos le discutieron sus noticias policiales, a lo que Hugo respondía siempre que la televisión era un medio informativo, que estaba para retratar la verdad y no para esconderla. Del mismo modo, “Casino Montecarlo”, el cine en la televisión de los domingos, fue una pionera iniciativa suya que luego arrastró a toda la televisión. Igualmente, la incorporación del periodista argentino René Jolivet, con “Yo y un millón”, que introdujo una modalidad audaz de comunicación, desconocida por entonces en nuestro medio.

Muchas veces se ha hablado, con liviandad, del “oligopolio” de esos tres medios clásicos. Realmente, compitieron siempre, en la programación y en la vida comercial. Naturalmente, en algunos momentos coincidieron, como cuando la aparición de la trasmisión por cable, pero no por ello dejaron de actuar con criterio propio y batallar por los mejores programas internacionales. Hugo Romay fue, en ese sentido, y desde siempre, una voz propia, que con frecuencia disintió y se enfrentó a sus colegas. Pese a su estilo personal bonachón, conducía con firmeza y en más de un caso se mantuvo obstinadamente en posiciones solitarias, respondiendo a sus convicciones personales.

El canal no tuvo una especial dedicación para los programas políticos, pero mantuvo siempre, en la conducción del medio, una línea claramente democrática. A tal punto que ha quedado para su mejor historia la polémica que, en 1980, se organizó en Canal 4 en torno al proyecto constitucional de la dictadura y que culminara con el famoso NO plebiscitario.

Trabajador incansable, siempre estaba en el Canal. A cualquier hora se le encontraba. Y estaba en todo. En lo grande y en lo chico. Peleaba por todo con el mismo entusiasmo y la gente que trabajó con Hugo por años preserva de él, en lo humano, el mejor de los recuerdos. Era un hombre de buenos sentimientos, esa condición hoy bastante desvalorizada en el mundo posmoderno. Por lo mismo, tenía amigos en todos los ambientes y un respeto que hoy se exterioriza al producirse su fallecimiento. A nadie dejó de atender y, si pudo, de ayudar.

Hacemos llegar a su hijo Hugo Lorenzo y a toda su familia, nuestro sentimiento de solidaridad.

J. M. S.



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