Edición Nº 1088 - Viernes 10 de julio de 2026

Horas de incertidumbre

Por Julio Aguiar Carrasco

Argentina y Brasil viven crisis muy serias, que complicarán a Uruguay
 
La incertidumbre política del Brasil y de la Argentina, sumados al degradante panorama en Venezuela y Nicaragua, mantienen a nuestro Continente en una situación de preocupante incertidumbre.

Leyendo la historia del Brasil uno puede interpretar más acertadamente su presente. La colonización portuguesa (los plantadores, Señores de ingenio, dueños de propiedades rurales, ejercieron el poder político y económico), la llegada a Río de Janeiro del Emperador (que mantuvo la unidad del Brasil), las enormes riquezas que exportaron a Europa (azúcar, café, oro y plata, palo Brasil, etc.), una política portuguesa de anexión que pretendió llegar hasta el Río de la Plata, etc., marcan a fuego el presente de este gigante.

Brasil no tiene un héroe nacional que obtuviese ese sitial por sus luchas heroicas: Tiradentes fue detenido por hablar públicamente a favor del establecimiento de la República.

Fue muerto como escarmiento, sin tirar un tiro ni formar ejércitos rebeldes.

Las Fuerzas Armadas le dieron a Brasil su Independencia, de allí que en su bandera se lea Orden y Progreso. Los militares en el Brasil siguen jugando hasta nuestros días un papel importante en la realidad del país.

La élite de San Pablo, centro financiero y económico, mueve los hilos de la economía. No hubo tiempo ni espacio para formar partidos políticos: tampoco para generar cultura democrática.

Es verdad que la presencia de Bolsonaro, no es un hecho aislado del Brasil: estos outsiders son un dato preocupante de la realidad en el mundo democrático. En este caso es un hombre de ultra derecha y no un populista de izquierda.

Brasil está, pues, sitiado electoralmente entre un líder político detenido por corrupción y un fascista delirante. ¡La polarización parece evidente y se va a agravar en la medida en que se acerquen las elecciones!

Cualquiera de los dos resultados coloca al Continente todo en una situación de preocupante inestabilidad: Brasil no tiene un ADN de liderazgo democrático en el Continente, como creyeron los americanos en su momento.

Esa falta de cultura de vastos territorios del Brasil, determina que muchos de los que fueron procesados por corrupción sean los eventuales ganadores estaduales.

A esta altura de los acontecimientos, la total falta de carisma de Alckmin, el hombre del sistema financiero, complica sus posibilidades.

Por su parte, la Argentina es una bomba de tiempo, en lo político y en lo económico.

Paradojalmente, a Macri lo salva Cristina-K. Las repercusiones y el temor a su retorno, son más fuertes que las sacudidas económicas que viven los argentinos.

El peronismo es un fenómeno extraño. Fascistas y corruptos, tanto Evita como el General, las figuras de ambos siguen estando presentes en toda la Argentina.

Solo una corrupción asombrosa tipo tsunami como la que ha realizado el kirchnerismo, ha logrado dividir al peronismo.

Macri ha cometido errores. Pero la violencia y agresividad del peronismo y sus lamentables piquetes, no bien aquel fue investido como Presidente, es descarada. ¡Quieren forzar a Macri a tener que irse de la Casa Rosada!

Sigo creyendo en Macri. Ha lidiado contra la historia peronista de la Argentina. No es fácil: ni Alfonsín pudo.

En ambos países, tanto Argentina como el Brasil, el espectáculo político-electoral es lamentable. La negación hasta la muerte de las izquierdas populistas sobre la corrupción, es hasta irritante. ¡Negación y mentiras!

Si lo de Bolsonaro es patético, no lo es menos todo el teatro que se ha armado en torno de Lula.

¡Pobres de nosotros, que, de a poco, nos estamos pareciendo cada vez más a ellos! Una especie de metamorfosis del barrio en el que vivimos.



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