Edición Nº 1098 - Viernes 18 de setiembre de 2026

Hora de cambiar

Por Julio María Sanguinetti

En el mes de febrero, alarmados por la ola de homicidios que se había desatado en el comienzo del año, escribimos un artículo preguntándonos y preguntando cuánto tenía que ver la droga en esa lamentable tendencia. Estamos ahora en abril y el tema ha llegado a un punto que parece insoslayable la necesidad de intentar un cambio en lo que se viene haciendo sobre la cuestión del consumo de estupefacientes.

Como es notorio, un reiterado argumento del entonces Presidente Mujica era que, con la legalización de la marihuana, le íbamos a “robar” el mercado al narcotráfico. La ley es de 2013, han pasado cinco años y más de uno y medio desde que se comenzó a proveer oficialmente de marihuana.

Basta leer el diario de estos días para comprobar lo contrario. La Aduana ha informado públicamente que este año que pasó duplicó las requisas de drogas. Fueron 12 kilos de cocaína, 408 ladrillos de marihuana y12.640 pastillas de éxtasis, la mayoría en la aduana de Carrasco. Esto es solamente la Aduana, pero marca claramente una tendencia.

El domingo pasado, en la serrana, tranquila y  pintoresca Minas, mataron a un joven de 23 años, considerado sospechoso de haber asesinado a otro joven, de 22 años, el viernes. Ya había otro, días antes, que había quedado paralítico de un balazo. La Policía informa que integran bandas que están disputando el mercado de narcóticos. En Minas….

En Salto, la segunda capital cultural del país, se han duplicado las rapiñas y las bocas de droga. A fin de año se estimaron en 80, cuando se hicieron unas reuniones plurales en las que sus participantes atribuyeron a la droga la principal responsabilidad en la expansión del delito. Hoy, según fuentes policiales que consigna “El País”, también el domingo pasado, las “bocas” son 130.

Lo que ocurre en el Chuy ya es otra dimensión. En lo que va del año se han incautado 1.500 kilos de marihuana, lo que indicaría, según señala un informe de “El Observador” del sábado pasado, que “los narcotraficantes están empezando a mover mayor cantidad de dinero y que el negocio se está haciendo más redituable”. En los últimos meses ha habido 20 muertos en el choque entre bandas rivales. El 6 de abril fue asesinado “Pelé”, un brasileño que comandaba un grupo, enfrentado a otro, liderado aparentemente por un uruguayo. Los asesinos del brasileño se escondieron y desaparecieron en Uruguay. Hasta ahora no hay ningún detenido por los 20 homicidios

Está claro que el tema crece, tanto el consumo como el narcotráfico. Según el Monitor Cannábico oficial, la mitad de los consumidores de marihuana se provee en el mercado negro. Se reconoce que su consumo ha aumentado y opera, sobre todo, como puerta de entrada. Después está visto que los productos sintéticos son los de mayor expansión. La alcaldesa del Chuy dice que “el único tema que lastima a los jóvenes es la droga. Combatiendo la droga se combate todo esto”.

Además del aumento en el consumo, está claro también que hoy tenemos bandas operando en todo el país. Los famosos “ajustes de cuenta” son —justamente— la macabra revelación de su existencia, que agrava la implicancia social de los homicidios.

¿Es la consecuencia de la legalización de la marihuana? Cabe pensar que no solamente. Pero que ella ha provocado un aumento del consumo y del tránsito de la droga, lo dicen los hechos.

Es notorio que el Presidente reitera, cada vez que habla, de que toda droga es nociva. También lo es que, como el ex Presidente Mujica ha sido el promotor de la legalización, está constreñido políticamente. Por eso pensamos que el propio Mujica es quien más debiera preocuparse y, como lo había anticipado, tener el coraje de saber que hay que pasar raya, analizar el tema y empezar a cambiar el rumbo.

¿Salir de la legalización? No lo estamos proponiendo. Ya hay todo un andamiaje de 23.000 compradores registrados, 8.451 plantadores y 90 clubes. Tampoco ignoramos que en el mundo la tendencia va hacia ese lado y que la aplicación medicinal del cannabis va camino a ser importante, como lo fueron el opio y otros vegetales. El tema es otro y va más  allá: es lo que ha ocurrido debajo del manto de esa legalización: 1) una banalización generalizada del consumo, asumida ya por los jóvenes como una refrescante  novedad y por los veteranos (que importamos menos del punto de vista adicciones) como un “curalotodo”; 2) una ignorancia sobre los efectos nocivos de la marihuana, especialmente en los jóvenes; 3) un claro aumento del mercado general de drogas, con un impulso creciente de las sintéticas; 4) la aparición de bandas armadas de narcotraficantes, que no las imaginamos demasiado poderosas, dadas nuestras dimensiones, pero que muestran no tener límites; 5) la expansión del Uruguay como lugar de tránsito, dada la permisividad del ambiente; 6) incipientes modalidades de corrupción del sistema oficial, con un mercado secundario de quienes compran la marihuana oficial y la revenden; 7) la “montevideanización” de las capitales del interior.

No es un programa liviano. Por el contrario, urge entrar de lleno porque estamos frente a un tema de salud pública muy crítico y de seguridad realmente alarmante, que se extiende por interior. Que ya haya “Casavalles” en Salto es para agarrarse la cabeza. Como siempre, el desafío es no llegar tan tarde que ya el remedio sea tan doloroso como la enfermedad.



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