Hay que insistir

Por Marcela Pérez Pascual

Hace poco, dos ediciones atrás, tratamos el tema de la libertad responsable y lo vital que es que todos hagamos un uso correcto y apegado a los protocolos. Hoy debemos volver a tocar el mismo tema.

Lamentablemente no todos los habitantes de nuestro país están actuando de forma responsable, empática y consciente de las consecuencias que sus acciones tienen.

Casi todos los días aumentan los casos positivos de forma exponencial, este martes tuvimos 104 casos. Pasamos de estar por debajo de los 20 a estar por encima de los 100. Ello trajo aparejado que el número de fallecidos también aumentará considerablemente. ¿Quién es responsable de eso? Nada más y nada menos que cada uno de nosotros.

Todos quienes venimos haciendo una vida limitada y acatando lo más posible las medidas que nuestro gobierno solicita, estamos cansados de no ver a nuestros seres queridos, de no poder salir a divertirnos, de no poder hacer reuniones grandes, festejar cumpleaños, incluso celebrar casamientos, fiestas de 15 y demás situaciones que se viven una sola vez en la vida. Los adultos mayores, que muchos de ellos desde el 13 de marzo están aislados sin poder ver a sus hijos y nietos, viven situaciones muy complejas por estar solos y sin tener contacto con sus seres queridos ¿Podemos ponernos en el lugar de estas personas antes de tomar decisiones? Muchos han hecho grandes sacrificios en pos del bien común y no parece justo ni correcto que otros no lo hagan y perjudiquen al resto.

Debemos entender que estamos viviendo una situación inédita y particular que, si no actuamos de forma responsable, nuestras acciones tienen consecuencias económicas y sanitarias que llegan hasta el fallecimiento de otros que pueden ser nuestros seres queridos.

Muchos exigen por parte del gobierno medidas más estrictas, y hasta extremas. Desconozco porqué no se han tomado, pero confío plenamente en los integrantes de nuestro Gobierno de Coalición y sé que si no las toman hay detrás de esa decisión fundamentos de peso para ello.

Un posible fundamento para no adoptar medidas drásticas es el hecho de que las mismas acarrean un enlentecimiento de la economía. Traducido a la práctica de cada uno de nosotros, significa el cierre de pequeñas, medianas y grandes empresas como por ejemplo comercios, restaurantes, peluquerías, kioscos y almacenes, entre otros. En el caso de muchas no implicaría el cierre pero si el despido o envío a seguro de paro de parte o todo su personal. Esto lleva inmediatamente a que nuestros ingresos, o el de quienes se vean directamente afectados, disminuya o desaparezca. Ello, a su vez, lleva a un encarecimiento de todos los costos de vida ¿Es eso lo que queremos?

Lo que sí creo que el Gobierno debería hacer es aumentar las multas por no cumplimiento de los protocolos. Se ha escuchado que los centros nocturnos, lugares donde se aglomeran sobre todo personas jóvenes para bailar y pasar un rato agradable entre amigos, a través del cobro de las entradas logran pagar la multa e inclusive obtener una ganancia. Por lo tanto no hay perjuicio ni pena alguna. La multa debería ser tan alta que nadie se atreva a incumplir porque se vería realmente muy perjudicado.

Lamentablemente los uruguayos somos hijos del rigor, y si no sufrimos penas no cumplimos. Lo vimos con el tránsito, hasta que no se instalaron cámaras no logramos respetar los límites de velocidad y las señales de tránsito. Desde que muchos uruguayos fueron multados con abultadas sanciones que les duelen en su bolsillo, se logró que se bajara y respetara mucho más las normas de tránsito.

Es muy triste ver como un gran número de habitantes no usa el tapaboca al entrar a comercios, lugares cerrados y en el transporte público. Hemos tenido, más de una vez, que solicitarle a alguien que se ponga el tapaboca, que lo use de forma correcta o que guarde la distancia prudencial en la fila en algún supermercado o lugar de cobranzas.

Quiero pensar que esas personas lo hacen por desconocimiento de las reales consecuencias que tienen esas acciones. Lo que sí es muy triste y me da mucha pena y vergüenza, que cuando se le solicita a alguien ese tipo de acciones, se enojen, insulten, tomen el pelo y hasta agredan a quien se lo pide. Esa es una muestra más, de la ya mencionada en reiteradas columnas, intolerancia y falta de empatía que tenemos los uruguayos y que debemos corregir desde la educación.

Nuestro gobernantes nos han dicho hasta el cansancio que la única forma de no enlentecer o detener la economía, y que por ende no se pierdan fuentes de trabajo o se vean disminuidos los ingresos, y que no hayan cada días más enfermos y muertes, es cumpliendo con las medidas de uso del tapaboca, lavado de manos, uso de alcohol y distanciamiento social. Lamentablemente no podemos reunirnos con grupos numerosos. Es así.

Me niego a creer que mi pueblo uruguayo no puede ejercer su derecho a la libertad de forma responsable, pensando no sólo en él sino también en los demás y apoyando al Gobierno de Coalición que desde el 13 de marzo no hace otra cosa que velar por nuestra salud, bienestar y economía.

Confío en que lograremos actuar de forma adecuada y la curva se irá achatando.




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