Edición Nº 1102 - Viernes 16 de octubre de 2026

Haití necesita una rápida y contundente intervención internacional

El asesinato previo al amanecer del presidente haitiano Jovenel Moïse ha puesto a uno de los países más empobrecidos del hemisferio occidental en riesgo de caer en una anarquía, asegura un fuerte editorial del The Washington Post que hace un llamado a la comunidad internacional solicitando una inmediata intervención en ese país. La compartimos a continuación.

Eso representa una amenaza humanitaria inmediata para millones de haitianos y un reto diplomático y de seguridad igual de urgente para Estados Unidos y las principales organizaciones internacionales. Se requiere de una intervención rápida y contundente.

Moïse asumió la presidencia en 2017 y gobernó por decreto durante el último año y medio, con la mayor parte del parlamento disuelto y con sus propios aduladores designados como alcaldes para remplazar a los que habían sido elegidos en todo el país. Fue un autócrata que permitió o instigó el descenso del país al caos, la guerra entre bandas urbanas, el secuestro indiscriminado y la impunidad. Incluso antes de que un grupo desconocido de hombres armados lo asesinaran en su casa la madrugada del miércoles 7 de julio, las protestas de la oposición ya se estaban intensificando, junto con la violencia callejera. Existían temores plenamente justificados de que Haití estaba al borde del colapso. Miles ya habían huido de la atestada capital, Puerto Príncipe.

Es probable que su muerte genere un vacío de poder que solo aceleraría la espiral de caos debido a la casi total ausencia de funcionarios elegidos que puedan afirmar tener algún tipo de legitimidad política. Incluso el primer ministro interino Claude Joseph, quien apenas tenía tres meses en el cargo, estaba a punto de ser reemplazado por un neurocirujano desconocido propuesto por Moïse el día previo a su asesinato. En pocas palabras, no hay nadie con autoridad real para gobernar el país. Y la aseveración de Joseph el 7 de julio de que la policía y el ejército de Haití mantendrán el orden, tras demostrar ser incompetentes o cómplices ante el creciente caos, no es nada tranquilizadora.

El país necesita tener lo más pronto posible unas elecciones para poder formar un gobierno que sea visto como legítimo en los ojos de la mayoría de los haitianos. La dura verdad, a estas alturas, es que organizarlos y garantizar la seguridad por medio de una campaña y una votación, sin nadie a cargo, podría ser prácticamente imposible. Para evitar un posible colapso con consecuencias nefastas, Estados Unidos y otras partes influyentes -como Francia, Canadá y la Organización de los Estados Americanos- deberían impulsar la creación de una fuerza internacional que resguarde la paz, probablemente organizada por las Naciones Unidas, que pueda proporcionar la seguridad necesaria para poder organizar elecciones presidenciales y parlamentarias este año, como estaba previsto.

Existe un precedente reciente de una fuerza de ese estilo: la Misión de Estabilización de las Naciones Unidas en Haití, cuyos soldados de cascos azules patrullaron Haití durante 13 años antes de retirarse en 2017. Esa misión, que involucró a fuerzas de Brasil, Uruguay y otras naciones, no fue para nada perfecta.

Sin embargo, la fuerza de la ONU sí logró generar un mínimo de estabilidad en Haití tras el levantamiento de 2004 que derrocó al presidente Jean-Bertrand Aristide. En este momento crítico, un mínimo de estabilidad sería preferible a la mayoría de los otros escenarios plausibles. Las declaraciones oficiales de preocupación son insuficientes; Haití ha sido objeto de demasiadas, sin obtener resultado alguno. La comunidad internacional debe actuar ya.




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