"Gavazzo Sin piedad"
Por LA LIBRERIA
"Gavazzo Sin piedad", de Leonardo Haberkorn. Editorial Sudamericana, mayo 2016
Leonardo Haberkorn (Montevideo 1963), trabajó en los semanarios Aquí y Búsqueda, fue editor de la revista Punto y Aparte y secretario de redacción de la revista Tres. Es autor de varios libros, en algunos de ellos con una particular y profunda investigación, como: Historias Tupamaras; Milicos y Tupas, etc.
En esta completa investigación, el autor deja de lado sus creencias y convicciones y con rigurosidad periodística, nos lleva a conocer a un personaje que parece extraído de una novela negra. En base a diversas entrevistas con el Coronel Gavazzo-realizadas en el año 2016, cuando éste cumplía prisión domiciliaria y tenía 76 años- reconstruye su vida y sobretodo su actuación en el Servicio de Inteligencia. Así, cuando el Parlamento ordena a las Fuerzas Armadas combatir la guerrilla, Gavazzo estaba en la región militar como ayudante del General Vadora. Al tomar estado público varias denuncias de torturas, de las que Gavazzo sería responsable, es trasladado a la Escuela Militar, sin embargo, ante sus reiteradas solicitudes ,ya que deseaba “seguir la guerra”, es destinado a la Escuela de Armas y Servicios, algo que tampoco lo conforma. Es “rescatado” por el Coronel Ramón Trabal- que lo protegió y promovió en toda su carrera militar- quien lo destina como Jefe del servicio de Inteligencia. Es aquí donde se desempeña con particular eficiencia, según los permanentes elogios sobre su actuación, que hace constar en su legajo el Coronel Trabal.
En las entrevistas y así consta en el libro, admite la tortura y algo más, cuando ante la pregunta concreta del periodista: “Usted torturó”, responde: “yo a usted le quiero decir la verdad, pero si usted me pregunta usted mató a alguien o usted torturó, yo tengo que mentirle’. Cuenta, Gavazzo, como al pasar, que colgar a una persona, en cuanto a tortura en sí, “es nada”. Describe como se aplicaba la picana eléctrica y reconoce haber tirado una granada de gas en la celda que ocupaba Eduardo Pérez Silveira, que es lo que le provoca la muerte.
No se percibe arrepentimiento de ninguna especie y algunas de sus respuestas, provocan escalofríos.
El libro a la vez retrata la vida de dos jóvenes militantes que murieron en tortura: Roberto Gomensoro y Eduardo Perez Silveira.
En definitiva, no es una obra que produzca satisfacción leerla, pero hay que hacerlo.
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