Edición Nº 1089 - Viernes 17 de julio de 2026

Final abierto

Como dijo el ex Presidente Sanguinetti en una reciente entrevista, en los comicios brasileros del pasado fin de semana, hubo dos ganadores, Lula -que confirmó su favoritismo en primera vuelta- y Bolsonaro -que, pese al desgaste del gobierno, acumuló importantes espacios de poder, forzando una segunda vuelta-, y un perdedor, las encuestas -que, una vez más, han fallado terriblemente y no terminan por asumir sus fragilidades metodológicas. Nos enfrentamos así a un final abierto, con un indudable favorito: Lula. Sin embargo, aún ganando deberá sopesar el poderío que Bolsonaro ha conseguido en el parlamento y en las gobernaciones, consolidando un espacio político más que considerable.

Primera apreciación: un país dividido en dos. Lula y Bolsonaro lograron concentrar en la primera vuelta más del 90 % de las preferencias electorales. Un mapa político que demuestra que el estado de polarización, que caracterizó los comicios brasileros de 2018, se mantiene inalterado en lo que hace a la dinámica política. En esta oportunidad, el norte y noreste apostó mayoritariamente por el expresidente Lula da Silva y el sur y sudeste por el Presidente Jair Bolsonaro.

Con la totalidad de los votos escrutados, Lula, candidato del Partido de los Trabajadores (PT), resultó ganador con el 48, 4 % de los votos (57 millones) frente a Bolsonaro, candidato del Partido Liberal (PL), que cosechó un 43, 2 % (51 millones). El tercer y cuarto lugar fueron, respectivamente, para Tebet (4,2 %) y Gómez (3 %).

A pesar de la ventaja de más de 5 puntos porcentuales, Lula venció en 14 estados y Bolsonaro lo hizo en 12 más el distrito federal (Brasilia). No obstante, lo más sorprendente se vio a nivel parlamentario y de gobernaciones (además de Presidente se votaron los 27 gobernadores, la totalidad de la Cámara de Diputados y un tercio del Senado), con una consolidación del "bolsonarismo", que todo indica ha dejado de ser un fenómeno pasajero o coyuntural para convertirse en un espacio político de peso en Brasil.

De los 15 estados que se definieron en primera vuelta (los otros 12 se definirán en el balotaje), el "bolsonarismo" consiguió 9. Hay allí varios casos paradigmáticos. Por ejemplo, el gobernador de Río de Janeiro -uno de los colegios electorales más grandes de Brasil-, Claudio Castro, del partido del Presidente, fue reelegido con prácticamente el 60 % de los votos, guarismo similar con el que triunfaron los demás gobernadores que contaban con el apoyo de Bolsonaro.

Amén de lo anterior, la mayor sorpresa la dio el exministro de Bolsonaro, Tarcisio Gomes de Freitas, que resultó ser el candidato más votado a gobernador de Sao Paulo (42,32 %), el estado más poblado y rico de Brasil. Ahora deberá disputarse este importante bastión de la izquierda frente a Fernando Haddad (35,70 %), candidato presidencial del PT de Lula en 2018.

En el parlamento Bolsonaro también resultó triunfante. Junto a sus aliados controlará holgadamente la Cámara de Diputados y consiguió la mayoría de los escaños que se disputaban en el Senado. El PL de Bolsonaro, además, es la mayor fuerza política en ambas cámaras (sin contar alianzas con otros partidos). En diputados, con 98 asientos, es la bancada electa más numerosa de Brasil de las últimas dos décadas y media.

Por lo antes dicho, consideramos que Bolsonaro, pese a la derrota, resultó siendo el gran ganador de la jornada electoral. Porque adicionalmente, lejos de la ventaja de 10 puntos porcentuales que pronosticaban todas las encuestas o incluso de la alta probabilidad de que Lula ganará en primera vuelta, los resultados muestran un escenario abierto en el que Bolsonaro logra consolidar e incrementar su poder político para el próximo lustro, independientemente de los resultados de la segunda vuelta, que se celebrará el último domingo del presente mes.

En la vereda opuesta, las encuestadoras vuelven a ser las grandes perdedoras. Lo peor es que no terminar de reconocer su gran problema, que es fundamentalmente metodológico. No sólo han tenido dificultades para explicar elecciones tan complejas como la de Brasil, sino que siquiera han podido predecir con éxito elecciones más sencillas, como el Brexit. Una pena, ya que estos sucesos no dejan de afectar su credibilidad y ponen un manto de sospecha a veces entendible.

La izquierda latinoamericana, que se aprestó a festejar anticipadamente, volvió a quedar en offside. La llamada nueva "ola de izquierda" está lejos de concretarse en los hechos. Más bien parecería tratarse de un fenómeno coyuntural -de derrota de los oficialismos más que de victorias de las izquierdas- que varios analistas han destacado.

Así y todo, sería un error subestimar los resultados que ha logrado Lula, pese a los mega escándalos de corrupción en los que estuvo y está involucrado -sin perjuicio de los vicios de forma que lo han dejado libre de prisión para disputar las elecciones-. No obstante, como dijimos al comenzar, aún ganando, Lula deberá buscar, como dijo el ex Presidente Sanguinetti, caminos de entendimiento si lo que pretende es gobernar.




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