“Feminicidio” y pensamiento hegemónico
Por Elena Grauert
Presentamos un punto de vista heterodoxo —y valiente— en un tema por demás sensible.
Tenemos graves problemas como sociedad y como sistema político. Votan todos, por miedo a quedar mal.
Si se pretende cambiar el Código Penal, convirtiendo el “feminicidio” en una agravante del homicidio, se trata de un error. Debería presentarse no como un delito exclusivo y excluyente, de un solo género porque la violencia debería tratarse en forma integral. La violencia y la desigualdad no se solucionan con inflación penal, promoviendo el odio de un género al otro. Si seguimos el camino de la tipificación de delitos por categoría y no por intención, llegamos a resultados injustos.
La cultura del odio, la cultura de la discriminación, la cultura de no ver mas allá del prejuicio se persigue con otro tipo de normas. Hay que ser contundente y defender la igualdad, y no la desigualdad disfrazada de “equidad” y “políticas de género”, que son discriminadoras y peligrosas.
Lo que más me preocupa es la dictadura del pensamiento único, que nadie se exprese en contra, que se crea que los votos son cautivos de un pensamiento hegemónico y nadie se anime a decir “¡Alto!”.
Hay miles de injusticias intrafamiliares. La violencia, no es patrimonio de un género, ni sexo. La utilización de los hijos para presionar al otro, o negar visitas, son los actos de violencia (porque es violencia) más comunes y menos castigados, sin embargo lleva a la enajenación de las personas. Y en proporción, quizás sea mucho mayor la violencia moral que genera la utilización de los hijos. Pero ese derecho humano no existe, no entra en el discurso de la “igualdad”, no forma parte del discurso hegemónico.
Lo cierto es que si esas cosas, que hacen a la convivencia, a lo cotidiano, no se solucionan, la violencia se perpetúa. Solo basta ir a los juzgados de familia y verlo.
Pero eso es la realidad, no los pajaritos de colores y vendedores de sueños que creen que un tema tan profundo se resuelve con una ley de ilusiones, no de soluciones.
No hay peor dolor que aquel que se genera y propicia desde el Estado por la desigualdad y la injusticia en el tratamiento de situaciones análogas. Eso es lo que están sintiendo muchas mujeres y muchos hombres, que esperan largamente a que los juicios se resuelvan y, mientras tanto, continúan sin ver a sus hijos, sin percibir una pensión alimenticia o sin poder desenmascarar miles de falsas denuncias.
Si no se fortalece el sistema judicial, nada se soluciona.
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