FAKE MEAT

Por Tomás Laguna

En los tiempos que corren adquirió relevancia la producción de “carnes alternativas” a partir de procesos químicos artificiales. La novedad es motivo de regocijo entre los tecnócratas y de preocupación entre los productores ganaderos.

Esta novedad tecnológica es aplaudida por vegetarianos o su expresión más radical, los veganos, en su opción alimenticia contraria a ingerir alimentos de origen animal. Lo que hoy es un snobismo alimenticio para deleite de los tecnócratas, resulta una potencial amenaza para los países productores de proteínas de origen animal, incluido el nuestro. Parece oportuno alguna reflexión al respecto.

Hoy las noticias refieren a la empresa “Beyond Meat” (Los Ángeles, California) quien multiplicó el valor de sus acciones en el NASDAQ a partir de la comercialización de un producto que llaman “carne alternativa” creado a partir de vegetales. Para mejor publicidad cuenta entre sus inversores a Leonardo Di Caprio y Bill Gates. Este último expresó “he decidido invertir en algunas empresas que trabajan en el sector y quedé muy sorprendido por los resultados alcanzados en tiempos record. Obtener carnes 100% vegetales y cruelty-free, sin que el gusto quede afectado, es posible”. De hecho ya están en más de 30.000 supermercados, principalmente en los Estados Unidos e Inglaterra.

Pero existen otras opciones para la carne artificial. La empresa Memphis Meat (Berkeley, California) trabaja en el desarrollo de una tecnología que permita producir carne sintética a partir de células madres de origen animal. Su emblema es “Mejor carne, mejor mundo”, y sostienen que su misión es proporcionar carne saludable y deliciosa produciéndola a partir de células madres en lugar de animales. De esa manera evitan la producción animal y su sacrificio en la faena. También cuentan entre sus inversores a Bill Gates.

Este escenario nos retrotrae a la aparición de las fibras sintéticas y la inmediata desvalorización de la lana, otrora importante rubro de exportación de nuestro país. Con una importante diferencia, la lana y su competidor la fibra sintética no son alimentos. No obstante esta observación, la fibra sintética nunca logró desplazar totalmente a la lana, y hoy en día las lanas finas han readquirido valor para la fabricación de los tejidos de mayor calidad y precio.

Volviendo a la consideración de los productos alimenticios es fundamental entender que demandan los mercados más exigentes, los que a la postre marcan tendencia. El consumidor valora antes que nada la salud humana, luego y en forma creciente el bienestar animal, o sea las condiciones y trato bajo los que se crían los animales que luego son consumidos. Un tercer elemento en orden de importancia refiere a la incidencia de los medios productivos en la emisión de gases efecto invernadero, ya no tanto a nivel de consumidor pero si en cuanto a posibles restricciones no arancelarias. Estos tres son los parámetros que deben guiar las decisiones y estrategias para proyectarnos como productores de alimentos para los mercados mundiales. ¿Resultan una amenaza las “fake meats”?, veamos.

Los consumidores vegetarianos y su expresión radical, los veganos constituyen un nicho de mercado desde ya vedado a la carne animal. No debemos tenerlos en la cuenta. Allá ellos si se satisfacen con una hamburguesa química. Pero existe en las grandes urbes y asociado a las clases medias y altas la obsesión por lo orgánico. Cada vez hay mayor aversión a los contenidos químicos, caso de conservantes o saborizantes. De hecho las góndolas dedicadas a los “orgánicos” son cada vez más comunes y ofrecen mayor diversidad de productos. No parece razonable que quienes cultivan estas exigencias prefieran un producto en cuya fabricación se han utilizado nutrientes como carbohidratos, aminoácidos, lípidos además de vitaminas más promotores de crecimiento y hormonas (insulina, hormona tiroidea y/o hormonas del crecimiento), todos ellos provenientes de la industria química. Pero sin considerar las exigencias por lo orgánico, ¿cuantos consumidores estarán dispuestos a consumir un producto de laboratorio? La respuesta seguramente estará condicionada a aspectos etarios y socio culturales, pero nos animamos a predecir que no habrá una aceptación masiva sino condicionada a determinados grupos sociales cuyo impacto en el mercado no debería ser significativo, aun cuando seguramente tendrán alguna incidencia.

Otro componente, tal vez el de mayor peso en la expansión de este sustituto de la carne, es su precio. Todas las disquisiciones éticas, de sanidad alimenticia, culturales, terminan doblegándose ante su majestad el poder adquisitivo. Hoy estos productos se ofrecen a precios que no les permitirían competir con el producto carne en su correcta acepción. Pero en un futuro no muy lejano puede ocurrir que aparezcan competidores a las dos empresas que hoy fabrican un químico con apariencia de carne, y como ha ocurrido en todos los productos tecnológicos los precios terminen siendo decisivos para su uso masivo. Este último escenario es el que nos debería preocupar. A más de 200 años de las predicciones de Malthus la humanidad sería capaz de alimentarse mediante sintéticos obviando la producción natural y con ello dando el revés final a sus teorías. Casi de ciencia ficción, pero lamentablemente no lo es para nuestros intereses.

Con o sin sintéticos, las materias primas alimenticias están destinadas al descenso en su cotización en el mercado mundial. De hecho el principal componente que logró los altos precios con la ya conocida incidencia exógena en el crecimiento de nuestra economía, fue los fondos especulativos invertidos en los “commodities” a falta de otras opciones más rentables. Perdido ese componente especulativo el escenario mundial para el valor de los alimentos está condicionado a la baja. Esto nos obliga a imaginar formas de producción altamente competitivas que ofrezcan un producto diferenciado a partir de la innovación y el desarrollo, el moderno concepto de valor agregado.

Tal vez la mayor innovación en muchos años para el producto carne haya sido aquel originado a partir de la alimentación a corral, a influjos de los beneficios arancelarios de la cuota 481. Cuota muy condicionada en el futuro. El desafío para gobiernos con otra concepción de la producción y el desarrollo, no para este por cierto, será precisamente repensar las formas de producción tanto en costos como en el producto ofertado. La institucionalidad esta creada, INIA, LATU, INAC, falta adecuarlas en su orientación a estas nuevas exigencias. Ni que hablar de las políticas sectoriales, las que deberán ser rediseñadas en su totalidad. El tiempo está corriendo...



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