Edición Nº 1087 - Viernes 3 de julio de 2026

Esperanzador inicio de zafra arrocera luego de 15 años de pérdida de competitividad

Por Tomás Laguna

El día previo a la anterior edición del Correo de los Viernes se inauguró oficialmente la zafra de arroz. Uno de los hechos más significativos del año agropecuario en la reivindicación permanente que debe hacer nuestro país del agro negocio de exportación, a partir del cual nuestra economía obtiene sus principales recursos.

Más aún, no solo es un tema de valor de lo exportado, el agro negocio es el rubro a partir del cual mayor derrame hay hacia otros sectores de la actividad privada, aquella que como bien definió el Presidente de la República en el acto de Rocha, es el que hace crecer al país.

El jueves 18 de marzo un establecimiento arrocero de Rocha congregó autoridades nacionales, incluido el propio Presidente de la República, otorgando la relevancia que el acto de encendido de la cosechadora y la recolección de los primeros granos de la zafra tienen por sí mismos. Confesamos que no está exento de emoción escuchar el sonido del ronroneo en el encendido del motor del imponente equipamiento agrícola de cosecha, y luego observar el cabezal de la cosechadora avanzando sobre el cultivo en pie, devorando los granos y dejando tras de sí una densa hilera de material vegetal de desecho que supo ser soporte vegetativo para el crecimiento y llenado de esos mismos granos. En ese sencillo acto se resume el esfuerzo de un año de siembra, cuidado del cultivo y cosecha. Todo un período no exento de angustias para el productor, tras los imponderables del clima que determina el acceso al agua y las mejores condiciones para el llenado del grano, y por supuesto las incertidumbres por el acceso a mercados y valores obtenidos al momento de exportar el preciado producto, destino del 70% de la cosecha. Todo un cúmulo de sentimientos y ansiedad solo comprensible por quien alguna vez estuvo vinculado a la producción agropecuaria, esa actividad a cielo abierto, tomadora de precios, que la define en riesgos e incertidumbres.

Pero el caso de la producción de arroz en nuestro país es paradigmático. Estamos ante uno de los cultivos con mayor valor agregado tecnológico, con rendimientos considerados entre los más altos logrados en la comparación internacional, pero por sobre todo con una calidad de grano de excelencia también en el comparativo internacional. No obstante, ha sobrevivido a varios años de pérdida de competitividad como consecuencia de los altos costos para producir en nuestro país. Por su orden de incidencia mano de obra, combustible, energía eléctrica y fertilizantes. El área sembrada y la reducción en el número de productores es el mejor ejemplo de cómo impactaron 15 años de pérdida de competitividad en este crucial cultivo. Veamos algunos datos.

La zafra cuya cosecha fue inaugurada en el por entonces recién asumido primer gobierno del conglomerado de izquierda (año 2005), abarcó 184.023 has sembradas, con un rendimiento promedio de 6.600 kgs/Ha. 10 años después, en la zafra 2014/2015 el rendimiento se incrementó en un 32% alcanzando 8.686 kgs/Ha, mientras que el valor promedio obtenido luego de colocar la producción en el exterior se incrementó de U$S 280/tt en el año 2005 a poco más de U$S 500/tt en las exportaciones del año 2015. Es decir que la cosecha obtenida por hectárea se incrementó en más de un 30%, el valor de exportación obtenido al cabo de la colocación de esa zafra se incrementó en más de un 80%, pero la rentabilidad perdida en el negocio fue tal que determinó una reducción de productores (- 12%) y del área (- 13%).

El deterioro en la competitividad no se detuvo, se acentúo en los años siguientes al punto que en el año 2019/2020 de los 500 productores arroceros que se registraban en el 2004/2005 (entre puros y diversificados) solo quedaron 369 en el rubro, y las 184.000 has sembradas de aquellos años se redujeron a 140.000 Has en el 2019/2020. Paradójicamente al cabo de esos años la productividad a nivel de chacra creció un 30%, superando las 8 toneladas de grano por hectárea mientras que el valor obtenido por tonelada exportada se incrementaba en un 50%. Todos los datos obtenidos de DIEA/MGAP.

Sin variaciones significativas en el área sembrada ni la producción total de arroz, el año 2020 cerró con mejores resultados para el productor. El primer semestre del año pautó un firme incremento del valor internacional del arroz a partir de medidas de protección de su abastecimiento interno por parte de los principales productores mundiales, respondiendo a la situación de inseguridad generada por la pandemia. En particular Tailandia y Vietnam. Mejores valores de exportación generaron expectativas razonables de alcanzar los U$S 11/bolsa al productor local. Valor que encierra aún memores perspectivas para la cosecha que se inició el jueves pasado.

Como sea, las condiciones de competitividad del rubro no se solucionan al cabo de un año de gobierno. No está solucionado el grave problema heredado de la anterior administración de gobierno en materia de costos de producción ni mucho menos en referencia a la inserción internacional, fundamental en uno de los rubros agroalimentarios más protegidos del mundo. Tampoco los niveles de endeudamiento crecientes consecuencia de años de producir en el límite de la ecuación de costos. Pero en aquella chacra de Rocha se respiraba otro aire el pasado jueves.

Tiempos de razonables y esperanzadas expectativas para la pujante producción arrocera, contradiciendo a los agoreros que previeron la desaparición del cultivo.




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