Edición Nº 1072 - Viernes 13 de marzo de 2026

El valor de las internas

Por Julio María Sanguinetti

Está llegando a su fin la campaña de las elecciones internas. Dentro de dos fines de semana estarán los resultados y los candidatos. Se habrán dirimido pleitos internos en planos distintos: el de las luchas presidenciales, el de los valores relativos de las tendencias adentro de cada colectividad y, en términos generales, el posicionamiento para las candidaturas parlamentarias.

Aunque sea ese el valor de estas internas, que en realidad son “primarias”, también importa la acción de los partidos. Es notorio que la interna con mayor inversión y movilización es la nacionalista. Se podría decir que hasta hay una exageración en el gasto, pero la competencia política y las encuestas fueron llevando a un clima de exaltación propagandística inusual. Lo peligroso es que, luego de tamaño esfuerzo, suele haber una ilusión óptica: proyectar hacia la elección nacional los porcentajes de las internas, sin advertir que en esos casos el total de votantes queda muy cerca del de las elecciones nacionales. En efecto, en las internas de 2009 los candidatos del Partido Nacional recogieron el 46% de los votantes, mientras que en las nacionales quedaron en un 30%; el Frente Amplio, que había recibido el 41%, llegó con el 48% y el Partido Colorado subió del 12% al 17%. La interna nacionalista había sido muy competitiva entre los Dres. Lacalle y Larrañaga, como vuelve a serlo hoy, y su dirigencia no puede dejar de evaluar el impacto posterior y esos datos de 2009 son muy expresivos y sirven para una lectura desapasionada de lo que ocurra el 1° de junio.

No es desdeñable también el análisis de los resultados internos. No sería lo mismo que la candidata opositora al Dr. Vázquez quedara en un magro 10% a que superara el 20% y estableciera así un orden de descontento importante con el ex Presidente.
 
En lo que al Partido Colorado respecta, podemos expresar una valoración satisfactoria. No han mediado roces, apenas los subrayados matices de diferenciación, que son incluso imprescindibles. Los discursos se han centrado en una oposición inteligente y razonable, más pensada para octubre que para junio y esto es particularmente valioso, como quedó en evidencia en el debate que tuviera lugar el miércoles pasado en Océano FM entre ambos precandidatos colorados.

La candidatura del Dr. Amorín ya le ha hecho un gran bien al Partido, instalando un debate ideológico y una reivindicación batllista que debe ser un gran emblema de toda la colectividad, frente al embate tramposo de algunos sectores del Frente Amplio que pretenden usurpar la gloriosa tradición reformista de nuestro partido. Ante la imposibilidad de negar que las políticas sociales que diferenciaron al Uruguay del resto de América son obra batllista, tratan de declararse herederos, cuando niegan su esencia más elemental. Baste pensar que glorifican la dictadura cubana o la satrapía populista de Venezuela para entender que de batllistas, nada…

Por su lado, el Dr. Bordaberry ha desarrollado una prédica centrada en los temas de la educación y la seguridad ciudadana, proponiendo acuerdos hacia la gestión futura. Ha sido una campaña pensada para octubre, con el matiz de algunos debates circunstanciales de resonancia periodística (como el tema Soros o la carta a Mujica sobre el TLC).

El hecho político es que ambos candidatos han logrado un buen posicionamiento .

Pensamos que el Partido Colorado recién ha puesto los motores en marcha y que, al igual que en la elección pasada, el porcentaje de votación en la interna será ampliamente superado en octubre. En aquella circunstancia, a esta altura, las encuestas nos ubicaban en un 7-8%, que experimentó luego la progresiva mejoría que se señaló; hoy ellas están en torno a un 16-17%, que es muy superior. La propaganda colorada ha sido incomparablemente menor y, si se dan los pasos adecuados a partir de junio, vivirá un fuerte crecimiento. Hemos visto cómo se han ido incorporando a la lucha núcleos que estaban adormecidos y dirigentes que se habían alejado. También, y esto es lo más importante, se aprecia una convocatoria juvenil demostrativa del valor de las elecciones internas de la nueva generación, las cuales han abierto un muy interesante espacio de participación. Si el esfuerzo de estos días finales es el que pensamos, nuestro Partido comenzará a posicionarse como no lo han previsto encuestadores y analistas.

La campaña real este año será un poco más corta, porque el campeonato mundial será como la tregua del verano. La gente estará en otra cosa y, pase lo que pase con el seleccionado celeste, la atención no estará centrada en la política. En agosto se retomarán las actividades y en tres meses se dirimirá una primera vuelta, en que el Frente Amplio, aun con una votación relativamente mayor, se verá obligado a una riesgosísima segunda vuelta. La pérdida de la mayoría parlamentaria, cada día más previsible, supondrá un baño de desaliento, de inevitable traducción en ese “sprint” final de la segunda vuelta.

Somos optimistas en cuanto al cambio. Pese a la bonanza económica que al gobierno le ha llovido del cielo, con precios internacionales inéditos y recaudaciones impositivas sin precedentes, el clima ya no es el de la elección pasada. Su candidato no despierta el entusiasmo de otrora y sus comités de base están lejísimos de la vieja militancia. Mientras tanto, la crisis educativa, la explosión de inseguridad, el salto al vacío de la marihuana, los escándalos de Pluna, la catástrofe municipal de Montevideo, entre otros temas, han generado un ambiente de cuestionamiento. Si los candidatos colorados y blancos siguen posicionándose como hasta hoy, la mirada más serena indica que tienen por delante abierto el camino de un gobierno de renovación. Y el país, la posibilidad de volver a mirar hacia adelante y —sobre todo— hacia arriba.



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