Edición Nº 1102 - Viernes 16 de octubre de 2026

El stalinismo

Por Julio Aguiar Carrasco

Cuando cayó la Unión Soviética, terminaba uno de los regímenes más crueles y despóticos de la historia de la Humanidad.

En 1932, Stalin declaraba que la realidad había cambiado y que “la vida entonces era más divertida”: detrás de este comentario, emitió un decreto dirigido a los artistas que fueron obligados a dejar de lado el formalismo o pintura de vanguardia, que primaba en esos momentos.

En su lugar surgiría la “Agitación hacia la felicidad”, el arte que impuso Stalin.

Recién en 1993 y por primera vez, procedente de San Petesburgo, se abrió en Alemania una muestra de aquella época. La política rusa seguía escondiendo la realidad, especialmente la época negra de Stalin.

En pocos aspectos es más clara la afinidad de Hitler con Stalin que en los documentos brindados por las artes plásticas: hombres sanos, alegres, vigorosos, tratando de pintar una realidad ajena a sus pueblos. Los horrores de los gulags, sufridos por 20 millones de personas, en la exposición aparecen en una edad dorada del paraíso de los trabajadores y agricultores, de la misma manera que se niega el tratamiento infrahumano del Holocausto, en la Alemania nazi.

La situación era muy clara: o los vanguardistas se adaptaban a las exigencias del Estado que era Stalin o desaparecían.

En aquella exposición de 1993 en Alemania, con 100 óleos, esculturas y carteles de alto nivel documental, forman parte ineludiblemente los objetos devocionales de un sistema totalitario, como cajas de marfil, porcelana con retratos del dictador y la representación de hombres felices con permiso para vivir bajo el gobierno de Stalin, etc.

¿Porqué menciono ésta exposición? Queda claro que el comunista es un sistema totalitario, es decir, pretende dominar el todo de una sociedad.

La cultura siempre es una de las primeras áreas a asaltar. Nada de libertad de expresión o de pensar, sólo lo que decía Stalin.

Aquel Imperio, gigantesco, cayó sin pena ni gloria. Ni un disparo ni un gesto de defensa. ¡Nada!

Sin embargo, la capacidad de sobrevivir de los partidos comunistas, en una especie de metamorfosis política y social, es increíble.

Notoriamente disminuidos en su poder e importancia, los comunistas continúan con su prédica y método.

¡El Uruguay no es una excepción! En nuestro país, forma parte de una coalición mayor, el Frente Amplio: tienen mucho más poder que su volumen de votantes.

¿Por qué? Daría para otro artículo, pero lo cierto es que su influencia es innegable.

El Frente Amplio va a salir de la próxima elección, radicalizado, con mayoría comunista y del MPP.

No es salir a la caza de brujas, pero no es buena cosa para la República.

Soy de los que creo que estamos apenas en la primera parte del esquema electoral. Cuando quede claro quiénes son los candidatos definitivos, la figura de Sanguinetti se va a agrandar aún más.

Hoy no tiene techo. Nuestras esperanzas tampoco. Como decía Barak Obama, ¨Si, se puede”. Yo le agregaría que además de poder, debemos: es la responsabilidad que hoy, como en el Cambio en Paz, debemos compartir.



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