“El pueblo quiere saber...”
Por Julio María Sanguinetti
Este 18 de febrero revivimos todo, revista, imagen, niñez… ahora ya no con la curiosidad infantil sino la emoción de ver de nuevo al pueblo argentino “gritar” que “quería saber de qué se trata”. Ya no era historia ni pasado. Volvía a ser presente, con el estentóreo silencio de una multitud que vibraba bajo los paraguas y nos llegaba, a través de la pantalla, como un colorido daguerrotipo surrealista .
No había un virrey en juego, ni una independencia remota y confusa flotando en el aire. No se trataba de fundar nada, sino de salvar algo grande. Este febrero de 2015 nos hablaba de otras cosas, de una República manoseada, de una institucionalidad herida, de un muerto , otro personaje callado que gritaba sin voz.
Los días han pasado. Las emociones se han ido acallando. Permanecen, sin embargo, pesadas consecuencias.
La que más nos preocupaba en esos días, y en los que han seguido, es el arrebato de la señora Presidente, interfiriendo en la investigación judicial del episodio. Que suicidio, que crimen, que acusaciones …. que insinuaciones sobre actores principales, y aun de reparto, de esta tragedia shakespereana transformada grotescamente en una novela de espías de John Le Carré.
Si algo tenemos grabado los uruguayos en la conciencia cívica es el principio de separación de poderes. Desde la escuela recitamos las Instrucciones de Artigas al Congreso de las provincias en 1813, proponiendo las bases de organización de los gobiernos provincial y nacional: “Así este como aquel se dividirán en poder legislativo, poder ejecutivo y poder judicial” ( Art.5º); “Estos tres resortes jamás podrán estar unidos entre sí, y serán independientes en sus facultades” (Art.6º). Por cierto, muchas veces en nuestra historia –más turbulenta de lo que se suele pensar en Argentina- se ha intentado quebrar el principio, pero él ha sido la sentencia de sus violadores. Cada tanto –y nos ha pasado últimamente- aparecen voces que desde la ignorancia, pretenden actuar sin esa subordinación; de inmediato, sin embargo, brota una reacción. Siento que esta es la más pesada consecuencia del error del gobierno argentino : arremeter en un delicadísimo proceso judicial, que le involucraba desde todos los ángulos, tratando de imponer criterios y responsabilidades.
La señora Presidente no podía decir nada. Tenía que callar. A lo sumo ofrecer el apoyo del gobierno a la acción de la justicia. Y punto. Más allá de la razón o la sinrazón de sus palabras ( infinita en el caso), lo más grave fue, y es, es sacudir el pilar central de la estructura republicana.
Naturalmente, ahora queda el crimen y todo lo que nos ha traído: la revelación de unos servicios secretos oscuros , penetrando las entretelas del gobierno; la duda horrorosa de que haya gente dispuesta a matar a un Fiscal para que no pueda cumplir su función; la evidencia clara de personeros del gobierno, codo con codo con agentes de un gobierno iraní que sigue proclamando la desaparición del Estado judío; la sospecha de que aquí en Montevideo algo ha ocurrido en ese oscuro conspirar internacional; el temor de que todo quede como está y que el expediente acumule miles de fojas que terminan aplastando la verdad… una verdad que, cualquiera sea, siempre quedará como un enigma.
En medio de tantas nubes de tormenta, asoma una esperanza. No tanto de que se esclarezca este misterio cuya sombra se proyectará por mucho tiempo. Es la asunción de la idea de que este modo de vivir la institucionalidad ya no tiene espacio. Así como los horrores de las guerrillas sesentistas y los golpes de Estado militares se han hundido en la historia, queremos creer que estos regímenes envueltos en las conspiraciones, las persecuciones y la presión sobre la justicia también han hartado. Y ya no hay pueblo nuestro que soporte tamañas cosas.
El tiempo dirá, pero a cuenta de él, hagamos este voto de esperanza. Es lo que nos queda.
(Publicado en La Nación de Buenos Aires el 27/2/15)
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