Edición Nº 1072 - Viernes 13 de marzo de 2026

El portazo, el programa y el enfrentamiento

Por Luis Hierro López

Detrás del portazo del Frente Amplio para no entrevistarse con el presidente y para evitar los debates, está la realidad del programa, que propone el enfrentamiento político con el gobierno, reivindicando la lucha de clases. Los tres candidatos adhieren a esa postura. ¿O firmaron el programa sin saber qué contenía?

El tercer párrafo del programa del Frente Amplio para Montevideo establece, sin dejar lugar a dudas, que "El centro para el Frente Amplio son las montevideanas y los montevideanos y este tiempo nos impone el desafío de enfrentar desde la IM los embates del programa restaurador de privilegios de un gobierno nacional de derecha que representa los intereses de los sectores más reaccionarios de las clases dominantes"

Esa es la posición oficial del Frente amplio y de sus tres candidatos a la Intendencia, quienes firmaron ese programa en una ceremonia pública. Todo lo demás es cuento, como las explicaciones que se dieron en el sentido de que no habrá debates para evitar escenarios de confrontación, o las tímidas críticas de algunos dirigentes de la izquierda, intentando distanciarse e interpretando que el Frente podría dinamitar los puentes de diálogo con el gobierno. ¡Vamos! Hace unos meses apenas, la entonces candidata a vicepresidente, Graciela Villar, declaró la guerra a la oligarquía, pero esa propuesta generó mucha polémica y fue amortiguada por tratarse de una postura personal. Pero en esta ocasión está escrito en el programa y, a menos que los candidatos hayan firmado algo que no leyeron - no sería extraño, pero tampoco los eximiría de responsabilidad - el documento y su orientación ideológica son auténticos, representativos e indesmentibles. Lo que se propone es una renovada versión de los viejos dogmas de la lucha de clases. El Frente Amplio no quiere retener la intendencia de Montevideo para mejorar la vida de los montevideanos, sino como soporte de su lucha ideológica y política.

Más allá de esa confirmación, el episodio permite apreciar la forma errática y temerosa en que se manejan los candidatos frentistas, que aparecen como títeres de su organización. Quien pidió la entrevista con el presidente Lacalle Pou fue el Dr. Villar, preocupado porque el primer mandatario había recibido a Laura Raffo. Lacalle contestó afirmativamente a esa solicitud de entrevista y luego de eso el Frente pega el portazo. Pocas veces ocurrió en la vida política nacional un hecho tan descortés y ajeno a la cultura de gobierno que caracteriza a Uruguay.

Lo del debate estaba visto que iba a terminar así, con muchos amagues, pero sin que ninguno de los tres aspirantes oficialistas se animara realmente. Martínez la pasó muy mal con Lacalle Pou y debe haberse olvidado ya de sus elogios a los debates como instrumentos democráticos. Más bien, debe odiarlos. Los otros dos candidatos ofrecen muchos flancos y nunca se tomaron en serio las reiteradas invitaciones y reclamaciones de Raffo. Saben muy bien que en cualquier instancia iban a pasarla mal frente a una contendiente sólida, que maneja argumentos y no agravios y que ha desarrollado en poco tiempo un manejo preciso y técnico de las cuestiones municipales. El cálculo electoral prevaleció sobre cualquier otra consideración y, pisoteando las expectativas de muchos montevideanos, entre quienes hay una alta proporción de ciudadanos frenteamplistas; las autoridades de la coalición de izquierda les cerraron la puerta a los debates. Una pésima señal.

Pero en todo caso, estas son circunstancias. Lo que es de fondo y muy preocupante es lo que indica el programa: todavía hay sectores, y muy influyentes, que siguen considerando a la política y a la democracia como una guerra, en la que las clases dominantes explotan a los sectores dominados en su beneficio, un prejuicio del dogma marxista que todavía sigue dañando a la convivencia.

 

 




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