El mundo no para, la educación no debe parar

Por Elena Grauert

La etimología de la palabra docente proviene del latín "doc?re", que significa enseñar. Este término a su vez proviene de "decet", que significa conveniente o apropiado. De hecho, de "doc?re" deriva también la palabra doctrina y sus términos derivados. Así, docente es el que forma apropiadamente a alguien.

En sentido y uso común, hablar de docentes refiere a aquella persona que profesionalmente se dedica a formar o enseñar a otros. El docente vulgarmente conocido, tiene un halo de poder, por su capacidad de influir, de adoctrinar, de formar los jóvenes de futuro. Por tal motivo, el respeto a su investidura, la ética con que deben actuar y las exigencias de la sociedad para con ellos es mayor. La maestra o el profesor son, en la literatura y en la vida de las personas, personajes muchas veces entrañables, otros odiados y otros admirados; pero claramente no pueden ser indiferentes.

Sin duda el mundo que se viene le trae a la docencia enormes desafíos, el ChatGPT, por ejemplo, es una fuente de información capaz de dar respuestas a un sin número de cuestiones y temas, que si bien es cierto que a veces se equivoca, hoy ser docente significa también tener el desafío de enseñar a utilizar esa herramienta y saber diferenciar las respuestas correctas de las incorrectas.

Cada vez más la sistematización de la información y los métodos de búsqueda se perfeccionan; por tanto, los docentes tienen un inmenso desafío, ya que lo importante no es repetir una lección, sino tener capacidad de enseñar a razonar, a ser creativos, pero también a no perder la capacidad de memorizar para no depender al extremo de las máquinas y porque la memoria es nuestro sistema operativo y justamente es lo que nos ayuda a ser innovadores, a poder imaginar más allá.

Por eso cuando observamos que se hacen paros docentes sin sentido, con un discurso combativo de hace 50 años, preocupa y sorprende. Es como si los gremios no tuvieran la conciencia de la función importantísima que cumplen. Los docentes jamás pueden pelear contra una reforma educativa, sino que por el contrario deberían exigir el cambio permanente, el aggiornamento, la mejora de los planes. Deberían ser los que lideran la reforma educativa, con propuestas incluso hasta atrevidas, para poder enseñar en este mundo de cambio rápido y permanente.

Los docentes, por definición, deberían estar preocupados en la forma de educar, en la interacción social, en la moral relacionada con el desarrollo e inclusión de los nuevos sistemas robotizados. Deberían estar enseñando y pensando en los educandos del futuro, en cuáles son las herramientas más importantes para que los mismos tengan capacidades rápidas de adaptarse a un nuevo mundo laboral.

Por ello, jamás pueden acompañar una huelga argumentando "persecución" en un país absolutamente democrático, libre y con garantía de todas las libertades sindicales y de comunicación. La huelga estudiantil se genera porque se les quitó a los estudiantes un salón y porque un Director no estuvo a la altura de la autoridad en el cuidado de los bienes públicos, ya que debió exigir la entrega del mismo y no sumarse a reclamos caprichosos que nada tienen que ver en la docencia, la enseñanza y el futuro, ni mucho menos con prohibir la actividad gremial.

Este tipo de conflictos, alejados del mundo real y de la naturaleza misma del ser docente, tienen únicamente un fin político, mezquino y ciego, que se aleja del objetivo, para hacer de escenario a una posición maniquea, donde el objeto no es educar, ni evolucionar, el objeto es el poder de un grupo político conservador de izquierda.

Entiendo la solidaridad que pueda haber con un Director, siempre y cuando éste realmente sea víctima de una injusticia. Pero en este caso, el mismo está siendo sujeto a un proceso sumarial reglado, por no restituir un bien que era necesario para realizar una obra. Había una orden que debía ser cumplida. Los estudiantes pueden usar los salones, pero no son los propietarios de los mismos, eso es básico y la máxima autoridad de la institución, si no tiene claro los límites necesarios entre un derecho y un deber, cuando lo único que debía hacer era cumplir una orden administrativa, parecería que o no tiene las idoneidades necesarias para ser parte de una organización con jerarquías administrativas o prefirió llevarse más por sus convicciones partidarias que por su deber como docente.

Lamentablemente, por estas latitudes todas las reformas educativas han sido objeto de combate, pero jamás es con propuestas de elevar la vara de mirar el futuro, son con el fin de volver todo para atrás. La actual reforma educativa se ocupa del educando, se ocupa de que se disminuya la deserción escolar, se trata de educar para el futuro incluyendo la tecnología, incentivar la creatividad, así como de los bajísimos rendimientos. Los gremios docentes solamente piden presupuesto, pero no hay cambios. Hasta la comida o las escuelas y liceos de tiempo completo han sido cuestión de ataques, el cambiar un sistema de elección de horas perverso también, todo es criticado pero por su parte no hablan de futuro ni de educación.

Es la cultura de la crítica y del no se puede, del pobrismo, no hay mensaje de esperanza. Por suerte los docentes en su mayoría caminan por otros carriles y sin duda queda en él debe aún su formación y perfeccionamiento, si bien se menciona falta mucho.

El futuro está en la educación, no es un tema de un gobierno, es un tema del Estado, de todas las sociedades que quieran progresar ser cada vez mejores.

Hay una oportunidad que tiene Uruguay hoy con un desarrollo de áreas tecnológicas, es un deber de todos pensar en esas oportunidades de formar jóvenes orgullosos de un país que les dio oportunidades y que puedan vivir acá y trabajar para cualquier parte del mundo.

Los docentes en general tienen el deber de enseñar a soñar que hay un mundo mejor, que con esfuerzo y trabajo hay esperanza. Si el único mensaje es la falta de futuro, evidentemente lo único que se va a lograr es frustraciones, personas que piensan que la única salida es emigrar.

El cambio de paradigma y cultura debe ser ya, porque hay un montón de personas, docentes y gente de la cultura y la ciencia, que están trasmitiendo otra cosa, que han demostrado en la pandemia el nivel profesional, científico que tenemos. Los uruguayos no debemos permitirnos como sociedad la brecha entre lo publico y lo privado, debemos perseguir la excelencia y los alumnos lo que deben reclamar es abandonar el espíritu conservador de la izquierda y exigir el cambio y la evolución permanente, que les enseñen a vivir para siglo XXII.




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