El legado de José Pedro Varela.

Por Fernando Rodriguez Pereda

José Pedro Varela nació en un Montevideo convulsionado, en medio de la Guerra Grande, en la que se enfrentaban los orientales. Un Montevideo que tenía el apoyo de potencias extrajeras como Inglaterra y Francia. Y en la vereda de enfrente, desde la Unión, Oribe con el apoyo del gobierno de Rosas. Varela pues nació en una nación enfrentada por la guerra civil.

La guerra civil culminó con la paz de octubre de 1851 con la frase que pasará a la historia: “Ni vencidos, ni vencedores”.

El positivismo se desarrolló como corriente filosófica durante toda la mitad del S. XIX. El positivismo es una corriente o escuela filosófica que afirma que el único conocimiento auténtico es el conocimiento científico, y que tal conocimiento solamente puede surgir de la afirmación positiva de las teorías a través del método científico.

El positivismo acompaña y provoca el nacimiento y la afirmación de la organización técnico industrial de la sociedad, fundada y condicionada por la ciencia. Es importante señalar que esta corriente de pensamiento se desarrolla con mayor profundidad en plena revolución industrial.

Según Spencer, uno de los impulsores de esta corriente, el conocimiento surge de la experiencia. Durkheim, autor positivista de finales siglo XIX, relacionará la educación con la experiencia.

Durkheim escribió el libro “Experiencia y Educación”. En unos de sus párrafos, el autor señala: “Serán las generaciones adultas quienes educarán a los más jóvenes”. Para Durkeim, la autoridad del docente, su conocimiento y su experiencia, serán herramientas importantes que tendrán los educadores para inculcar su prestigio a individuos que carecen de conceptos.

El objetivo de estos educadores positivistas será la de formar individuos a partir de conocimientos generales y así adaptar su conocimientos y comportamientos para la vida social.

Vuelto de Estados Unidos, José Pedro Varela se une a la Asociación de Amigos de la Educación Popular, presidida por el Dr. Elbio Fernández, contando con el apoyo de Carlos María Ramirez y otros intelectuales de la época. La Sociedad de Amigos de la Educación planteaba los siguientes puntos: A) la difusión de la enseñanza primaria y B) la modificación sustancial de objetivos y métodos de enseñanza, procurando basarla en el raciocinio y no en la memoria, y en la adaptación a una psicología infantil.

En agosto de 1869, Varela pudo formalizar la primera escuela organizada de acuerdo a sus planes pedagógicos. Fue la escuela Elbio Fernández sostenida por la Asociación y que recibió su nombre en memoria de su primer presidente que acababa de fallecer.

Cinco son las etapas en lo que se plantea la reforma escolar.

1) La sociedad de Amigos de la Educación Popular.
2) El proyecto de ley de Agustín de Vedia.
3) La Educación del Pueblo escrita en 1874.
4) La Legislación Escolar publicada en 1875.
5) El decreto de Ley de Educación común, del 24 de agosto de 1877.

La Sociedad de Amigos de la Educación Popular planteaba:

“Propender la educación del pueblo por el pueblo a fin de llevar la luz de la educación a las masas sumidas en la ignorancia. La Sociedad de Amigos de la Educación Popular no pretende descatolizar al pueblo, aspiramos a educarlos no formando católicos, protestantes, racionalistas o ateos sino hombres educados que seguirán a su conciencia”.

Este será el pensamiento de Varela que llevará a cabo con la obra “La educación del pueblo” de 1874 y con “La Legislación Escolar” de 1875 y con el decreto ley de 1877.

Otro de los principios va a ser la gratuidad. Se destaca el carácter público de la educación y de ahí su sostenimiento por el Estado. Por ser obligatorio debe ser gratuito. La educación debe cumplir un papel igualador. Señala el reformador. “Los que una vez se han encontrado juntos en los bancos de una escuela en la que eran iguales, a la que concurrían usando un mismo derecho, se acostumbran a considerarse iguales, a no reconocer más diferencias que las que resultan de las aptitudes y las virtudes de cada uno, y así la escuela gratuita es el más poderoso instrumento para la práctica de la igualdad democrática”,
 
Varela, afirmaba el principio de igualdad en el que cada ser humano, más allá de a qué sector social perteneciese, tenía el derecho de recibir educación. Además, el Estado tenía la obligación de transmitir valores y herramientas de conocimiento para la construcción de ciudadanía. En la obra de “La Educación del Pueblo”, Varela afirma el concepto de obligatoriedad de la enseñanza pública.

Con respecto a la laicidad, Varela señala que las escuelas públicas no enseñen ningún dogma religioso. Sus argumentos a favor del laicismo son las siguientes: sugiere que todos los ciudadanos deben solventar los gastos de la educación pública y que la enseñanza no debe responder a una orientación religiosa positiva.

En “La Legislación Escolar”, Varela plantea que fueran los distritos departamentales los que decidieran el establecimiento del catecismo en la escuela. Se le atribuía a ellos la facultad de admitir en las escuelas la enseñanza del catecismo a solicitud de los padres bajo determinadas condiciones. Y si esto se producía, que no fuera en detrimento de las otras materias, que no fuera coactiva y, por último, que se impartiera fuera de las horas de clase. En el proyecto de Varela la norma general fue la laicidad como principio y la enseñanza religiosa como excepción.

El positivismo de Spencer le hacía rechazar el dogma dentro del horario de clase. El catecismo se enseña fuera del horario de clase porque lo más importante es la instrucción el conocimiento. Con su obra “La Legislación Escolar” de 1875, el educador deja claro que la instrucción debe ser el único camino para que el pueblo construya democracia y ciudadanía. En la primera parte de esta obra, el reformador considera que “la instrucción es el instrumento esencial del cambio para formular un proyecto articulado de la ley de educación (...) Cincuenta años de vida enfermiza en la que se han producido hechos que lejos de robustecerlo, han servido para relajar el sentimiento patrio”. Más adelante, el reformador señala que la situación real por la que pasaba el país con motines, guerras civiles habían llevado a la nación a la destrucción y a la ignorancia. Sin embargo, para el mejoramiento social de la nación el planteamiento de un buen sistema de instrucción es uno de los más activos motores. Así concebía la educación Varela, tener personas ilustradas sería el remedio que tenía el país para modernizarse y así construir ciudadanía democrática.

La mayor parte de las innovaciones propuestas por el reformador son recogidas en el decreto-ley de educación común del 24 de agosto de 1877. Algunos puntos van a ser modificados por el gobierno de Latorre.

Va a ser modificado el artículo 59, que proponía el reformador con respecto a la enseñanza del dogma dentro del lugar de enseñanza. El reformador proponía que si las comisiones de distrito y los padres autorizaban la enseñanza del catecismo, que se impartiera después del horario de clase. El reformador dejaba claro que lo principal era instrucción y la enseñanza religiosa quedaba en un segundo plano. La laicidad quedaba como principio y la enseñanza religiosa como excepción. En cambio, el gobierno de Latorre sustituye este artículo por el artículo 18, que determina la obligatoriedad del catecismo católico, del que podrán sustraerse los hijos de los disidentes.

El gobierno de Latorre también limitó la descentralización que proponía Varela en materia educativa, con distritos que se encargaran de los asuntos educativos. El régimen de Latorre lo redujo a comisiones departamentales.

Con respecto a la obligación de la instrucción primaria, significará una innovación con respecto al proyecto anterior que había presentado Agustin de Vedia. La obligatoriedad significó un nuevo papel del Estado con respecto a sus fines en donde la educación pasaba a constituir un pilar fundamental. El Estado ya no se iba a encargar del orden o la justicia solamente sino que la educación iba a constituir uno de su fines primarios. También la reforma introdujo el impuesto de la educación hasta hoy vigente. Varela defiende este impuesto señalando, además, que el Estado no puede enseñar específicamente una religión cuando nuestra nación tenía en su origen raíces diferentes.

El reformador encontró varios obstáculos para su reforma pero también contó con ventajas.

Con respecto a los obstáculos se encontró con la oposición enérgica de la Iglesia Católica a través de Mariano Soler y de Juan Zorrilla de San Martín. Uno desde el púlpito y el otro desde las páginas de “El Bien Público”, criticando la reforma de Varela y llamando a los padres de hijos católicos a que retiraran a sus hijos de la escuela pública.

Por un lado la revolución industrial y, por otro, el alambramiento de los campos, supuso la modernización de nuestro país en materia política económica y social. La reforma llegaba en un momento, pues, en donde era necesario instruir y preparar ciudadanos para los nuevos desafíos que el país debería enfrentar en esa modernización.

La reforma educativa se introducía en un momento óptimo de reformas económicas por las que el país estaba pasando. Además la reforma educativa no se puede separar del contexto que supuso 60 años de reformas, que marcaron la secularización de la sociedad uruguaya y que culminaron con la separación de la Iglesia Católica del Estado con la reforma constitucional de 1917.

Estas son las reformas que producen en nuestro país a partir de la segunda mitad del siglo XIX hasta el año 1917.

1) 1861: secularización de los cementerios

2) 1863: destierro del Obispo de Montevideo, en función de decisiones encontradas con el gobierno.

3) Entre 1865 y 1878, el conflicto intelectual: fuerte enfrentamiento en los medios de comunicación y en centros de pensamiento liberales y católicos.

4) 1877: Ley de Educación.

5) 1879: Ley de Registro Civil. Éste pasa a manos del Estado.

6) 1885: Ley de Conventos: por la que se declara sin existencia legal a todos los conventos.

7) 1885: Ley de Matrimonio Civil. Imposibilidad de casarse por Iglesia sin previo casamiento civil.

8) 1906: Rremoción de los crucifijos de los hospitales.

9) Ley de Divorcio.

10) 1907: supresión de toda referencia a Dios y a los evangelios en el juramento de los parlamentarios.

11) 1917: reforma constitucional con separación legal y real entre Iglesia y Estado

12) 1919: secularización de los feriados (cambio de denominación de los feriados; por ejemplo, Navidad por Día de la Familia, Semana Santa por Semana de Turismo, etcétera).

13) Secularización de la nomenclatura de las poblaciones (cambio de nombre de más de treinta poblaciones con nombres de santos por nombres laicos);

Esto significó la modernización de nuestro Estado y el comienzo de una nueva manera de ver las cosas, en donde la instrucción sería el pilar de un nuevo Uruguay que lo marcaría como una nación educada, en donde la construcción de una ciudadanía democrática caracterizaría durante muchas décadas a nuestro país.

“El Gobierno Democrático Republicano, sin duda es el más perfecto de todos los que los hombres han optado hasta ahora, garantiza a todos los miembros de la comunidad la libertad en todas sus manifestaciones, despierta la acción y el pensamiento del individuo en un grado desconocido, para todos los pueblos que viven otra forma de gobierno”, expresaba Varela.

Según Ardao, Varela concebía que la realización de la democracia era difícil de llevarse a cabo por la situación por la que estaba pasando la república, por eso aplica todo su esfuerzo para la ilustración del pueblo para consolidar la democracia. En consecuencia es importante señalar que la instrucción para el reformador era una herramienta para formar ciudadanos útiles para la sociedad.

En esta era posmoderna, de nuevas tecnologías, el pensamiento de Varela puede aplicarse totalmente . Vivimos en una sociedad heterogénea, en dónde hay múltiples realidades sociales. Varela consideraba que la educación empezaba por la familia y después era el Estado quien se encargaba de la formación del educando.

Aplicando el pensamiento del reformador: el educando tenía que tener sus necesidades básicas satisfechas para que fuera un ciudadano capaz de desarrollar la moral, la sensibilidad y el razonamiento que le permitiera desarrollarse como individuo en todo aspecto.

Entendemos que son la familia, el Estado y los actores privados los que deben modificar la realidad actual que vivimos. Una realidad heterogénea, que el reformador buscó cambiar en su tiempo. Ahora es momento, de tener el mismo coraje político que el reformador tuvo y cambiar la realidad educativa que hoy tenemos.



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