Edición Nº 1082 - Viernes 29 de mayo de 2026

El kirchnerismo y nosotros

Por Julio María Sanguinetti

No hay duda que si el kirchnerismo hubiera resultado triunfante de la recientes elecciones internas, llamadas PASO en Argentina, estaría el Frente Amplio celebrándolo. Se hubiera hablado de una nueva derrota del neoliberalismo, del Consenso de Washington, del Fondo Monetario Internacional y de la estrategia de un gobierno nacional y popular. Desde ya también de la estrategia de cuarentena tras cuarentena que ensalzaba el Frente Amplio, para oponerse a la libertad responsable de nuestro gobierno.

A la inversa, entonces, es bien legítimo sostener que este golpazo al gobierno argentino es una derrota, en versión argentina, de todo lo que el Frente Amplio ha venido sosteniendo a lo largo de la pandemia.

Para empezar, las cuarentenas obligatorias y reiteradas. Clamaba por ellas el Sindicato Médico del Uruguay, hoy silencioso frente a su fracaso: si algo se demostró que los resultados fueron negativos. No es casualidad que, en esa siempre triste comprobación de fallecidos por 100 mil habitantes, Argentina registra 251, Brasil 276 y Uruguay173. Dicho de otro modo, la libertad responsable aseguró más vidas.

Luego tenemos la vacunación. Argentina arrancó temprano, antes que nosotros, con cantidades pequeñas de la vacuna de origen ruso. Se apostrofó a nuestro gobierno porque demoraba y luego resultó que le llegó a la gente mucho antes. Antes y mejor que el resto de América Latina, ubicándose entre los países de todo el mundo con mejores campañas de vacunación. ¿Ya nos olvidamos de los elogios que recibían los gobernantes argentinos cuando en aquella instalación teatral se esperaba el avión que llegaba de Rusia?

En el plano más general de las repercusiones sociales, el kirchnerismo repartió dinero a manos llenas, como lo pedía aquí el Frente Amplio. Como lo sigue pidiendo, por otra parte. Allí están los resultados obvios: una inflación galopante, del orden del 50%, un dólar por las nubes, la inversión absolutamente paralizada, la pobreza en guarismos que triplican los nuestros y una desocupación enorme.

Como dijo Elisa Carrió, hubo una rebelión de los pobres que no quieren seguir siendo esclavos, dependiendo de la dádiva de un Estado que no logra reactivar la economía para generar más empleo.

¿Como se va a recuperar el país si nadie invierte, si la desconfianza cunde? Nuestro país, pese a todos los pesares, mira el futuro con confianza porque avanza la inversión de UPM, resultado de una política forestal iniciada y llevada adelante por el Partido Colorado; porque se inaugura una enorme fábrica de cemento y la Pepsi Cola aumenta su fábrica en la Zona Franca de Colonia. Al mismo tiempo, nada menos que China le comunica a nuestro gobierno que está dispuesta a negociar un TLC con Uruguay.

Los gobiernos kirchneristas han sido hostiles a nuestro país. El Frente Amplio, que se declaraba políticamente afín, no pudo con su prepotencia en el episodio de la instalación de la planta de celulosa en Gualeguaychú. Ahora, obstinadamente se oponen a todo esfuerzo del Uruguay (y de Brasil) por abrir compuertas hacia el comercio mundial. Se aferran a una idea de economía cerrada que siempre está en el fondo del alma frentista, como lo demostraron cuando frustraron nadas menos que un TLC con EE.UU y ahora empiezan a dar volteretas para cuestionar la propuesta de China, como seguramente no les gustará nuestra idea de incorporación al Acuerdo Transpacífico.

Lo ocurrido en Argentina es importante también para nosotros. Aunque la política argentina históricamente tenga muchas diferencias con la nuestra, la pandemia fue la misma y sus consecuencias también. Y bien: es muy evidente la adhesión del Frente Amplio a su política, que nos puso de ejemplo una y otra vez. Ahí están los resultados.

La derrota del kirchnerismo es también la de las propuestas frentistas de este año y medio de pandemia. Aunque ahora se escondan.




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