El interior postergado será determinante en el resultado electoral
Por Tomás Laguna
La izquierda siempre tan urbana y miope hacia lo rural, no supo comprender la realidad del interior. Finalmente su frivolidad y torpeza le explotó en la cara.
No caben dudas de que será el interior de la República quien determine el final del continuismo del conglomerado populista en el gobierno, y por lo tanto su retirada desde los infinitos cargos que ocupan en la gestión del Estado, dónde están peligrosamente enquistados. Analizábamos en la última edición previa a las elecciones hacia dónde debía dirigirse el voto rural, no nos equivocamos. Pero no fue solo la familia rural, también el interior urbano dónde la crisis en ciernes se siente directamente en la desocupación y en la inseguridad creciente.
No en vano surgió espontáneamente a fines de 2017 y principios de 2018 la gran movilización autodenominada Un Solo Uruguay. El mismo gobierno los subestimó y menospreció con torpeza. Sin organicidad alguna, sin contar con el apoyo inicial de las gremiales rurales, se diseminó por todos los rincones de la República en pocos días y logó perdurar y consolidarse en el tiempo. El enojo de los ciudadanos del Uruguay profundo se justificaba por el creciente desempleo, la falta de oportunidades, la evidencia del desquicio administrativo y moral del gobierno del presidente Mujica, la insoportable presión fiscal por vía directa o de tarifas públicas como recurso del gobierno ante un gasto público desmedido, a lo que se suman otras broncas como la creciente presencia del Estado en la vida del ciudadano común a través de todo lo vinculado a la inclusión financiera, fruto de la paranoia fiscalizadora del MEF y la DGI, más la indignación e impotencia ante la inseguridad que se vive a lo largo y ancho de la República.
Desde la comodidad urbana de Montevideo, dónde el ciudadano suele reivindicar dólar y carne baratos sin medir otra consecuencia que su consumismo, resulta muy difícil comprender esta movilización. El izquierdista urbano y burgués que se pavonea con arrogancia despreciando a quienes no profesan sus ideales socialistas, desde su fariseísmo está años luz de entender la realidad del otro Uruguay, el de los pueblos y ciudades del interior profundo. No puede comprender que existan reivindicaciones sociales que no se basan en la lucha de clases ni se explican por el resentimiento zurdo incubado en vidas muchas veces frustradas. Peor aún, en su torpeza pretendieron vincular a los movilizados con la oligarquía rural, lo único que lograron fue indignar aún mas a estos ciudadanos, en su mayoría de clase media y media baja, muchos de ellos pequeños comerciantes y productores rurales, en su mayoría habitantes de pueblos mas que de ciudades. Finalmente el malestar creciente del interior de la República se manifestó con contundencia en las urnas al punto de ser determinantes en el resultado electoral. Tanto el 27 de octubre y como seguramente lo será el último domingo de noviembre en ocasión del balotaje.
El partido de gobierno dejará de serlo gracias a los pobladores de nuestra campaña, para contrariedad de las focas urbanas.
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