El general Antonio Francese

En la evocación de los héroes cívicos de febrero de 1973, es frecuente mencionar —con toda justicia— al Dr. Amílcar Vasconcellos y al Vicealmirante Juan José Zorrilla, pero suele olvidarse la figura del general Antonio Francese, el viejo militar constitucionalista contra quien se sublevaron los mandos militares.

El general Antonio Francese (1899 – 1979) fue una de las figuras claves del sexenio que va de 1967 a 1973. Y fue el detonante de la crisis de febrero de 1973 porque su nombramiento en el Ministerio de Defensa produce la reacción militar que decide desconocer explíticamente su autoridad, general los comunicados 4 y 7, el Cosena y todo lo demás.

Francese había alcanzado en 1958 el cargo máximo en el Ejército: Inspector General, equivalente al actual Comandante en Jefe. Ya retirado, acompaña a su amigo Óscar Gestido cuando éste asume la presidencia de la República, quien lo nombra Ministro de Defensa Nacional.

Como Ministro de Defensa, ya fallecido el general Gestido y estando en ejercicio de la Presidencia Jorge Pacheco Areco, le tocó enfrentar momentos difíciles, como implementar la movilización de los bancarios y la reclusión de aquellos detenidos bajo el régimen de medidas prontas de seguridad. Fue en esos años, además, que se produce un progresivo distanciamiento, tanto político como personal, entre él y el general Seregni, a cargo de la poderosa Región Militar N° 1, que culmina con el alejamiento de éste por discrepar con el traslado de la Escuela Militar a Toledo dispuesto por Francese. Durante todo ese tiempo —algo que le reprocharían los mandos militares en febrero de 1973— resistió junto a Pacheco Areco las iniciativos que aparecían con frecuencia para involucrar a las FFAA en la lucha antisubversiva (a lo que Pacheco recién se allana en setiembre de 1971, en ocasión de la fuga de la cárcel de Punta Carretas de más de 100 tupamaros).

Luego Francese pasa a la tal vez más difícil cartera del Interior.

En esos pocos años, el veterano general retirado demostró, además de su firme carácter de hombre de gobierno, capacidades extraordinarias para los duelos verbales agudos con experimentados parlamentarios durante las varias interpelaciones de que fue objeto.

En febrero de 1973, acorralado por su pérdida de autoridad ante los mandos militares, el entonces presidente Bordaberry lo convoca nuevamente al Ministerio de Defensa. “Yo sólo tengo este librito para defenderme”, le dijo entonces el veterano general a Bordaberry, blandiendo un ejemplar de la Constitución.

La reacción militar fue inmediata, como se narra en otro artículo de esta edición, desconociendo su autoridad a texto expreso y acusándolo de querer retrotraer a las FFAA su carácter de “brazo armado de intereses económicos y/o políticos”. La verdad era que Francese fue el último intento de recuperar para el poder político el control de unas FFAA —especialmente el Ejército— completamente desorbitadas. Cuando el Vicealmirante Zorrilla renuncia a la Comandancia de la Armada, dándose cuenta de que toda resistencia es inútil por cuanto el presidente Bordaberry se muestra proclive a ceder y pactar con los insurrectos, el general Francese también se va del Ministerio.

La renuncia de Francese, así, representó el fin de la vieja República y el desplazamiento definitivo del poder desde el elenco político a los mandos militares.

Cuando a veces vemos cómo se lo agravia gratuitamente, incluso colocando en afiches su fotografía junto a la de militares de la dictadura, entendemos imprescindible reivindicar su figura de militar republicano y constitucionalista, que resistió lo que pudo blandiendo “el librito”.



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