El fin de Mujica
Por Consuelo Pérez
Desvinculado del Parlamento, hoy Mujica se dedica a la militancia electoral, y, fiel a su “modus operandis”, siembra cizaña ante las propuestas de la “oposición” en general, al estar ya vacío de contenido su propio discurso, fútil e intrascendente.
Repasemos que en su pasado delictivo, integró el Movimiento de Liberación Nacional-Tupamaros, organización que atentó contra la Democracia, y al haber participado con su banda en robos, secuestros, asesinatos y otros delitos, estuvo en prisión, remitido por la justicia civil, en plena Democracia. Años después fue elegido diputado y senador, para posteriormente ocupar el cargo de ministro de Ganadería, Agricultura y Pesca entre 2005 y 2008. Luego de ocupar la Presidencia, fue electo senador nuevamente, en las elecciones de 2014. Renunció a este último cargo el 14 de agosto de 2018, y retirándose de la actividad política como gobernante, se dedica ahora a la “militancia”.
En ese rol, en una tarea destructiva, y ante los planteos de los presidenciables que no son de su “fuerza política”, recurre a la sátira, al discurso fácil y complaciente para con sus incondicionales cautivos, dice cosas tales como que los planteos de otros, “son bolazos, para que el votante desprevenido o indeciso se coma la pastilla”, y la emprende con ese triste argumento contra cualquier idea o propuesta, sin argumentar, y sin exponer ya ni siquiera una inexistente posición constructiva, asumiendo, sin darse cuenta, su triste y oscuro fracaso.
José Mujica, como ciudadano, como político, tuvo muchas oportunidades y opciones, y a ese aspecto de su persona nos referimos en esta oportunidad.
En Democracia, optó por atentar contra ella, y luego, insertado en la misma, fue absolutamente intrascendente como diputado, como senador y como ministro, al no haber concretado ningún aporte reconocible, ni ninguno de sus promocionados proyectos.
Peor aún, fue dañino como presidente, en una gestión absolutamente ineficiente en lo económico –reconocido por su propio partido– y en lo social, plagada además de gruesas mentiras, que terminaron con múltiples procesamientos. Sí pudo hacer prosperar la legalización de la marihuana, pero fallaron todos sus otros mega-proyectos.
Es el precursor, además - junto a sus “compañeros” del mayor déficit fiscal de los últimos 30 años.
Pero conjuntamente, en la actualidad, ha insistido con rememorar con nostalgia sus oscuras épocas, cuando José Antonio Mones Morelli, -tal era una de sus identidades de delincuente- asaltaba, secuestraba, porque “una 45 en la mano te da respeto cuando entrás a robar un banco”, según manifestó recientemente.
Es así que con su actitud induce y propicia el mezclar su pasado de criminal, con su vacío aporte como gobernante, aderezado el asunto con sus promesas incumplidas, entre el humo de los supuestos logros, los frustrados premio Nobel, las películas, y los efluvios de la cuestionada grappa en los cuarteles, según sus ofuscados ex compañeros.
En su “vuelta al ruedo” pierde otra vez su oportunidad, y, en vez de asumir errores, la emprende contra los que, por razones obvias, hacen temblar su feudo, cargado de impericias, corrupción y ocultamiento en la negativa a ser investigado, apoyado, por supuesto, por los brazos enyesados de sus consecuentes cómplices en sus oscuros asuntos y negociaciones.
No tiene, obviamente, la altura moral para cuestionar propuestas de nadie, pues el cumplimiento de las suyas propias, nunca aconteció.
“El bicho humano es el único que es capaz de tropezar dos veces con la misma piedra. Es el animal más inteligente, pero también es el más belinún. Le entran con los cuentos chinos”, se atrevió a advertir recientemente un alucinado Mujica en su campaña de desprestigio, que es en sí misma un fin, el objetivo de su participación en la lucha electoral.
Y que paradójicamente, también, marca su propio fin.
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