El engendro ideológico

Por Luis Hierro López

El Movimiento de Participación Popular cree que el sostén de la izquierda es la distribución de la riqueza, pero expresamente no habla ni de la libertad ni de la República. Ese es el mayor desafío ideológico que tiene el país.

El sector de Mujica preparó un documento para presentar al Congreso del Frente Amplio, en el que sostiene que debe ponerse énfasis en la “redistribución sustentable de las riquezas en beneficio de los más desposeídos”, lo que constituye “ el principal factor ideológico de la izquierda”.

Esa premisa podría ser compartible si viniera acompañada por afirmaciones de índole democrática, pero no es así. No hay en el informe, por lo menos en la versión que se ha divulgado, ninguna referencia a la necesidad de afianzar la libertad y de mejorar la condición republicana del país. Ello no es extraño, porque, en definitiva, tanto por su origen como por su trayectoria, el MPP, continuación de los tupamaros, no tiene convicciones democráticas. Ha aceptado la vía electoral mientras le convenga, pero no es seguro que lo siga haciendo en caso de que los resultados le sean adversos.

Pero esa no es la única diferencia sustancial con el documento presentado, ya que se insiste con algunos puntos de vista que son muy polémicos, con medidas artificiales para promover la producción nacional, vinculando las compras públicas en términos forzosos al mercado interno, imponiendo un mecanismo de precios diferenciales y limitando las inversiones extranjeras. En ese esquema, las empresas públicas tendrán un papel central, por lo que no deberán estar sometidas a las metas fiscales y deben aportar “a la justicia social", aplicando, por ejemplo, tarifas subsidiadas al sector productivo o a diversos grupos sociales. Además, en otro documento la comisión de programa del Frente Amplio plantea la necesidad de crear más empresas públicas, incluso en la órbita del derecho privado – las que no tienen controles del Estado –, por lo que da la impresión de que a estos iluminados ideólogos no les importa lo que ocurrió en Ancap, ni les preocupa que los contribuyentes estemos sometidos a los saqueos que nos impone el gobierno “progresista” a través de las tarifas.

Tanto el MPP como la Comisión de Programa del Frente indican que hay que reducir las exoneraciones de la ley de inversiones y que hay que establecer el impuesto a las herencias, incrementando a la vez el impuesto al patrimonio y llevando la tasa del Irae a las empresas del 25 al 30%.

Es decir, a quien no quiere sopa, dos platos. Extensión del Estado y ampliación del gasto público, más empresas estatales con sus regulaciones y tarifas, hostilidad hacia las inversiones extranjeras y más impuestos que, aunque supuestamente estén dirigidos a gravar el capital, terminarán castigando a los trabajadores. En tiempos de desafíos tecnológicos con dramáticos cambios en el empleo, castigar a las empresas y a la inversión extranjera significa, realmente, una enorme desventaja para un país que tiene que defender el trabajo. Casi con espíritu de diversión, los autores de estos documentos señalan que a la vez hay que estudiar la aplicación de la renta básica y de la reducción de la jornada de trabajo. Con el mismo tono dicen después que hay que mantener los equilibrios macroeconómicos. Magia en estado puro.

Pero ese mundo ficticio e imaginario ya sabemos cómo termina, con una secuela de decenas de miles de nuevos funcionarios y despilfarros diversos, que no solo no han mejorado la acción del Estado, sino que lo han postrado, dado que hoy no puede cumplir sus funciones básicas y no tiene margen financiero para llegar al 6% del producto en enseñanza ni para contar con los nuevos fiscales y policías que se necesitan.

Ante esa realidad, el Frente Amplio se abroquela y en vez de imaginar reformas, duplica la apuesta, proponiendo más empresas públicas, más funcionarios, más burocracia, más impuestos.
Quiere decir que el país tiene planteada una gran disyuntiva, porque de un lado estarán quienes no creen ni en la libertad ni en la República y se aferran a las fórmulas económicas socialistas que nos aplastan. Y del otro lado estaremos quienes creemos en la libertad y en un Estado fuerte y eficiente cuando deba serlo pero que no ahogue la economía del mercado ni la apertura al mundo que el país debe abrazar. Claramente, está planteada una batalla ideológica y cultural con dos visiones claramente contrapuestas y su discusión y análisis sin dogmas fortalecerá al país.



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