Edición Nº 1072 - Viernes 13 de marzo de 2026

El drama frentista

Por Julio María Sanguinetti

En los últimos tiempos ha quedado en evidencia, una vez más, el conflicto existencial del Frente Amplio: quienes, por un lado, siguen creyendo en los viejos postulados de la izquierda latinoamericana tradicional y quienes, por otro, han evolucionado, reinterpretando su socialismo, influidos por las experiencias europeas. En el primer sector revistan, como es notorio, el MPP, el Partido Comunista, el PIT-CNT y buena parte de la estructura del Partido Socialista. En el otro campo están el Vicepresidente Astori, la Alianza Progresista (PDC, los ex comunistas de Confa, el grupo de Nin), el actual oficialismo del PS y el grupo de Rafael Michelini.

El problema es que cada vez se hace más evidente el conflicto. Detrás de las idas y venidas del gobierno, la particularísima personalidad del Presidente y los tremendos problemas de gestión que sufren en el Estado, han ido emergiendo las diferencias sustantivas de concepción.
   
En el caso Pluna, todos los fantasmas han reaparecido. Se trata de la primera gran privatización frentista, llevada adelante por el Presidente Vázquez y sus Ministros de la época, Astori y Rossi,. Y el fracaso ha sido tan resonante que los izquierdistas tradicionales se revuelven y viven el desconcierto de que no saben bien qué hacer ahora. Vistos los resultados, con lógica elemental, están diciendo que para perder lo que se perdió y quedar enganchados con las garantías en que está el Estado uruguayo, más valía que éste lo hubiera gestionado directamente.

El tema recién comienza y seguirá siendo —por bastante tiempo— un lugar de tensión. ¿Cómo seguirá la película? Se intenta ahora otra modalidad de privatización, no demasiado definida en sus detalles. Advertimos que esa falta de claridad producirá nuevamente el choque de las dos filosofías, porque ya se advierte el reclamo de que el Estado nuevamente se haga cargo de todo.

Naturalmente, aun los que siguen creyendo en el viejo imaginario socialista han debido hacer el duelo por el entierro de sus viejos eslóganes. Se terminó el reclamo de nacionalización de la banca, ruptura con el Fondo Monetario Internacional, reforma agraria, rechazo al pago de la deuda externa, impugnación del “neoliberal” equilibrio fiscal, la planificación económica y suma y sigue. Como poco quedó en pie, se han abroquelado en dos territorios: la política exterior, donde la amistad con Cuba y Venezuela redime de las otras culpas, y el uso indecoroso de los reclamos de derechos humanos durante la fenecida dictadura (con el atropello de desconocer dos plebiscitos).

El hecho es que aun la política exterior genera problemas, porque notoriamente Astori se ha opuesto a la ilegal incorporación de Venezuela como miembro pleno del Mercosur y ello ha provocado las consiguientes olas. Esto es un episodio, pero revelador. Muy revelador. Porque el Presidente dice que la política está por encima de la ley y el Vicepresidente reacciona enfáticamente diciendo que nadie —y menos aún un país territorialmente pequeño— puede subordinar la ley a las contingencias de la vida política.

Son distancias enormes que se van a ir profundizando. Naturalmente, sabemos que el sector de Astori influye pero no decide y que la mayoría está en el otro lado. Con un equilibrio precarios que depende del Dr. Vázquez, que ha oscilado entre unos y otros. Por ejemplo, propició, con la izquierda, la corporativa ley de educación, que ha enterrado toda posibilidad de cambio; pero en la otra punta, ha reconocido que hasta le pidió ayudar militar a Bush para la eventualidad de una agresión de argentinos en el ominoso tema del puente cortado. Hoy, el Dr. Vázquez toma distancia para no tener que pronunciarse todos los días en estos temas, pero ellos seguirán cercando al Frente y no habrá opción. O de un lado o del otro. Y esto sin duda influirá en la próxima decisión electoral.



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