Edición Nº 1097 - Viernes 11 de setiembre de 2026

El creador de su época

Por Luis Hierro López

Con ese título, el historiador Milton Vanger caracterizó la vida y la obra de José Batlle y Ordóñez. La definición fue discutida por parecer exagerada, pero no lo es: don Pepe creó su tiempo.

La muerte del historiador norteamericano Milton Vanger, a la que me refiero en nota aparte remueve algunas de las discusiones que sus muy importantes aportes han generado.

El primer libro de Vanger, publicado en 1963 en Estados Unidos y luego reeditado en estas costas por Eudeba en Buenos Aires y por Banda Oriental en Montevideo, llevaba por subtítulo “El creador de su época”, dando cuenta, desde el inicio, de la importancia fundacional que el autor le adjudicaba a la obra de Batlle y Ordóñez.

Esa definición ha generado polémicas, habiendo prestigiosos historiadores que la han replicado, sosteniendo que Uruguay venía viviendo en el cruce de los siglos un proceso de modernización y de cambio que fundamentó el envión posterior.

Es cierto que en el último tercio del siglo XIX Uruguay procesó una serie de reformas de largo aliento, que fueron preparando el enorme empujón hacia adelante de las primeras décadas del siglo XX. La escolarización y alfabetización que impuso la reforma vareliana, la legislación modernizadora que trajeron los Códigos, las incorporaciones tecnológicas que se fueron acumulando, desde el alambrado al ferrocarril; y la influencia de las corrientes migratorias fueron, entre otras innovaciones, puertas abiertas al progreso y al cambio.

Pero también es cierto que desde 1836 hasta 1904 el país estuvo enfrentado, paralizado y sangrientamente dividido por las guerras civiles, que era el método de los partidos para alcanzar el poder o porciones del mismo. El gran cambio en la mentalidad que generó el Uruguay de principios del siglo XX fue, precisamente, la sustitución del fusil por la credencial, al concluirse en 1904 el ciclo de las guerras civiles e inaugurarse el modelo democrático, con partidos políticos, libertad de prensa y voto secreto, conquistas en las que indudablemente influyeron todos los partidos y sectores, pero en un período en el que la influencia y la conducción de Batlle y Ordóñez es indiscutida.

Desde ese punto de vista es indudable que la expresión de Vanger, José Batlle y Ordóñez, Creador de su Época, es históricamente correcta. La historia no es la especulación sobre lo que hubiera ocurrido, sino el relato fidedigno de lo que realmente pasó, y lo que ocurrió es que al morir Aparicio Saravia concluyó para siempre el ciclo de las guerras civiles, amaneciendo un nuevo tiempo. Don Pepe venía reclamando desde los años 90 la necesidad de democratizar los partidos políticos y esa prédica, de la que fue autor principal y pionero, le proyectó como el más fuerte líder colorado desde 1896 en adelante. Sostuvo a la vez, cuando asumió la presidencia en 1903, que era imprescindible que el país tuviera una sola ley –el territorio estaba dividido entre jefaturas blancas y coloradas– y un solo ejército. Y eso es lo que se consagró tras la paz de setiembre de 1904, generando un nuevo Estado.

Luego vino, sobre todo con la segunda presidencia de 1911, el fenomenal período de transformaciones sociales, intelectuales y laborales. Desde los liceos departamentales y la gratuidad efectiva de la enseñanza a los nuevos derechos de los trabajadores y las mujeres, una nueva sociedad fue moldeada a impulsos de las leyes progresistas. La legislación iba adelante de los temperamentos colectivos y forzó los cambios, de lo que la ley de divorcio es un clarísimo ejemplo. Las transformaciones económicas, dándole prioridad a la acción del Estado, forjaron el modelo que los gobiernos uruguayos han seguido hasta hoy.

No hay dudas, desde Batlle y Ordóñez, Uruguay es otro país. Don Pepe creó su tiempo.



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