Edición Nº 1088 - Viernes 10 de julio de 2026

El conflicto eterno

Por Julio Aguiar Carrasco

La historia nos obliga a ser prudentes al momento de analizar el proceso de pacificación que acepta Corea del Norte

Entre Japón y China se determina la historia de las Coreas. Con la derrota de aquel en la Segunda Guerra Mundial, las grandes potencias dividieron la península en dos partes, cortadas por el famoso paralelo 38º.

Tres años después de terminar la Segunda Guerra Mundial, con un costo humano de 60 millones de muertos, se inicia otra guerra, focalizada, pero guerra al fin. ¡El final de la misma fue firmar un armisticio y no un Tratado de Paz!

Sesenta años de historia confusa, la guerra fría, intereses estratégicos enfrentados, lleno de amenazas de bombas atómicas (el General MacCarthur pensaba que precisaba 26 para liquidar la guerra de los cincuenta), compromisos que no se cumplieron nunca y el capricho de Corea del Norte de tener armas nucleares pautaron sus historias. Desde 1990 a la fecha, Corea del Norte gasta el 40% del su PBI en armamentos y tiene un pueblo muy empobrecido (al caer el Muro, en los 90, sufrió la famosa hambruna en un estado típicamente estanilista, por su dependencia con la URSS).

Vive de la agricultura y la industria pesada; está en el lugar 208 cuando se mide el PBI per cápita en el mundo: está entre los últimos puestos en el Indice de Desarrollo Humano.

Con 24 millones de coreanos, fuertemente nacionalistas y una población étnicamente homogénea (china y japonesa), Kim Jon-Un, formado en Suiza, hijo y nieto de dictadores, ha sorprendido al mundo y se sentará cara a cara y de igual a igual con el Presidente Trump en una Cumbre de finales de mayo o principios de junio.

¿Qué pasó entre Estados Unidos y Corea del Norte? Pasaron de insultos y amenazas, algunas ridículas, a consentir la Cumbre. ¿Fue la presión de la ONU? ¿La de China? ¿O todas juntas?

En un régimen cerrado como el de Corea del Norte, es difícil saber o entender algo. Por tanto, con algo de historia y hechos que hablan por sí, intentaré dar mi opinión al respecto.

El que quiera comprar a Kim Jon-Un por tonto, se equivoca feo. Hace algún tiempo, Kim aumentó sus exportaciones (por ejemplo, carbón a China) para financiar todo lo que él sabía que vendría.

Luego de invitar a Trump a tener una cumbre entre ambos, que provocó el precipitado entusiasmo de este, Kim no se quedó quieto. Es más, ya había movido una pieza fundamental: su relación con Corea del Sur, participando en las Olimpíadas de Invierno. Este tiene ahora un nuevo presidente, Moon, quien aboga por un mayor acercamiento con el Norte: y quiere tener mayor autonomía y soberanía respecto de los Estados Unidos.

En todo este entramado hay dos términos muy fuertes: desnuclearización y reunificación. No se puede concebir esta última como lo que sucedió en Alemania: la historia es muy diferente.

La otra fue ofrecida por Kim a los Estados Unidos: llevar adelante tal plan, insumiría varios años.

La falta de confianza y las mentiras de los viejos patriarcas de Corea del Norte sobre su plan nuclear, hace que todo lo que se demore en el tiempo, se tome con `pinzas.

Entonces, ¿Qué ofrece Kim? Tiempo, nada más que eso. Lo que falta saber es lo que quiere a cambio de ese tiempo. Esto ya lo tiene pensado pero es posible que no lo sepa ni su hermana.

Mientras tanto, las dos Coreas van a seguir dando pasos positivos: la hermana de Kim ganó muchos adeptos en Corea del Sur cuando estuvo allí para las Olimpíadas de Invierno. Hay mucho por hacer entre ambos: serán pequeños pasos para el mundo pero grandes para los coreanos. Y puede llegar a ser una cuña entre los americanos y los coreanos del Sur.

¡Claro, siempre y cuando los americanos no retiren sus 29.000 soldados de la península!

Por ahora, subyacente, están la desconfianza de todas las partes y un futuro impredecible. En todo esto los chinos aparecen como la potencia sensata y seria, que lo que menos quiere es que le estalle una bomba en su frontera.

En medio de un mar de dudas y desconfianza, es difícil creer que la Cumbre pueda ser un éxito total. Bastaría que fuese un principio, que calmara las aguas y generara más confianza.

Todo esto cuando en el horizonte parece formarse una nueva tormenta, con Irán, por el mismo motivo que tienen las dos Coreas: ¡bombas si, bombas no!



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