El camino de los fusiles

Por Luis Hierro López

El régimen venezolano está provocando las condiciones para una guerra civil, lo que no es ajeno al propósito militarista y belicista de los gobernantes autoritarios.

Agitando el fantasma de un golpe de estado promovido por el imperialismo yanqui, el gobierno de Venezuela resolvió sacar los militares a la calle para reprimir la manifestación opositora, con el sangriento saldo de varios muertos y decenas de heridos. También Maduro dispuso darle armas a miles de “milicianos” adictos, agregando pólvora al fuego.

Venezuela se encamina así, inevitablemente, a convertirse en un régimen militar, lo que no es ajeno a la notoria influencia que Cuba ejerce en Caracas ni a las pretensiones continuistas que Maduro ya ha confirmado al postergar el referéndum revocatorio y al negarse a establecer un calendario electoral, garantizando las libertades y derechos hoy aplastados.

La situación no debe sorprendernos, porque como lo ha confesado el propio Presidente caribeño, Venezuela es hoy un régimen “cívico-militar”, la misma expresión que por acá utilizaron los dictadores de turno. La influencia de los militares chavistas en el sostenimiento del gobierno es evidente, ya que de los 32 ministros, 11 son altos oficiales castrenses, mientras que delegados de las Fuerzas Armadas controlan la producción y distribución de alimentos, la compañía petrolera, una red de televisión, un banco, una fábrica ensambladora de vehículos y una enorme empresa constructora estatal.

Algunos de los jerarcas militares han sido directamente acusados de ser  narcotraficantes y todos son sospechados de corrupción, ya que su ostentoso nivel de vida no coincide en ningún caso con sus ingresos regulares. Quiere decir que el apoyo a Maduro no es inocente ni desinteresado.

Lo mismo ocurre en Bolivia, otro país sometido por el populismo y el militarismo. Evo Morales le entregó a los militares la dirección de las empresas públicas, la concesión de la construcción de carreteras, el manejo de la empresa aérea nacional y el control de las fronteras y las aduanas, entre otros cuantiosos beneficios.

En ambos países el proyecto militarista pasa por la educación de los jóvenes en la milicia, así como por la glorificación de los líderes. En Venezuela adoctrinan a los niños en la disciplina militar, en la defensa de la “revolución”  y en el “amor a Chávez” mientras que Bolivia llegó incluso a imponer una marcha militar que las Fuerzas Armadas deben interpretar en homenaje a su jefe el presidente Evo Morales.

Ese es el “progresismo” que acá aplauden algunas personas trasnochadas. Quienes luchamos en nuestro país contra la dictadura militar quedamos horrorizados al advertir como hay un conjunto importante de uruguayos que han perdido la memoria... y la dignidad.

En ninguno de los países mencionados, la transición hacia regímenes auténticamente republicanos será fácil ni rápida. América Latina tiene todavía una enorme tarea democrática por delante.



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