Edición Nº 1088 - Viernes 10 de julio de 2026

El Pueblo y los ciclos

Por Consuelo Pérez

El presente año, del que quedan pocos días a la fecha en que se comparten las presentes reflexiones, marca el fin de un periodo asociado a una forma de concebir el País, y el inicio de otro, lleno de esperanzas y con muchas cosas por hacer. Es un hito en nuestra historia reciente.

Ha culminado un periodo de quince años en los cuales la izquierda de nuestro país tuvo la oportunidad, siempre con mayorías parlamentarias, de poner en práctica lo que durante muchos años pregonó como alternativa necesaria, justa, de crecimiento, y de consolidación social.

Fueron necesarios quince años para que el pueblo, verdadero y único artífice de su destino, diera por culminada la experiencia, y eligiera libremente otra opción, confiando en los ahora protagonistas, que oportunamente expusieron su visión, sus programas, su confianza en sí mismos, como representantes del pueblo, para emprender la necesaria restauración.

Es que siempre la cuestión transita por allí: el pueblo elige a sus representantes, que se comprometen a cumplir con sus propuestas. A veces se esfuerzan en esa tarea, otras veces no, otras tantas apoyan conceptos opuestos a lo prometido y a sus convicciones por “disciplina partidaria”, otras veces, cambian de bando en plena gestión, llevándose consigo “la banca” para la cual fueron elegidos, otras veces mienten, otras se corrompen, otras trabajan en vano para que las mayorías no los escuchen, y los que ostentaban las mayorías pensaron, parecería, que “la gente” no lo percibe, que la “camiseta” todo lo puede.

Ciertamente la anterior reflexión es simplista, puede provocar una sonrisa burlona en muchos sabedores de los asuntos políticos, pero es cierta. El pueblo elige sus representantes, y en este periodo muchos de ellos le han faltado el respeto al soberano - más allá de los “logros” - al embaucarlo, como se lo hizo con proyectos fracasados y nunca realizados, al empecinarse en no cambiar de rumbo cuando políticas equivocadas e ineficientes cobraban vidas, y al no escuchar nunca una propuestas de los “adversarios”, en la oposición.

Sería muy sencillo escribir carillas de “yo te lo advertí”, pero preferimos en este año que se inicia, en este ciclo que comienza, mantener y potenciar la actitud de esperanza y de confianza que el pueblo demostró con calma y sabiduría, al elegir sus nuevos representantes.

La conformación de un gabinete apostando al conocimiento y a los aspectos técnicos, denotan un respeto por las herramientas que la flamante y sin dudas pujante coalición brinda. Y eso se percibe en los integrantes de la misma, y por supuesto en sus votantes. La mayoría del pueblo.

En eso confiamos, en ese Soberano que tomó su decisión con calma, después de quince años. Después de agotar la confianza en un sistema que demostró ser ineficiente. Para la gente en general, los votantes, y los no votantes del mismo.

Nos viene a la memoria la “premonición” del presidente Jorge Batlle, que anunciaba quince años del gobierno del Frente Amplio, antes de la demostración de su fracaso.

Las últimas elecciones, en sus dos instancias, tuvieron de todo: mientras la necesidad de cambio se instalaba, la amenaza de la pérdida de derechos se utilizaba como argumento para quedarse, se apelaba a la campaña sucia, la lucha en los medios se enardecía, con algunos artistas que se sumaban a la orquesta del Titanic, mientras “la oposición” exponía sus argumentos, en una incierta campaña desprolija, sin problemas a la hora de mentir, y con un oficialismo aferrado a los cargos. Lo de representantes del pueblo, absolutamente olvidado.

Cuando la necesidad no está resuelta y el caos es abonado por los que no ofrecen alternativas creíbles, se necesita una idea primigenia que organice, que de sentido y posibilidad a la multiplicidad de pensamientos que tienen mucho en común, pero que por sí solos, son incapaces de concretar una alternativa viable para concretar el cambio de rumbo.

Esa idea, no como estrategia electoral, sino como herramienta que apuntaba al corazón, al alma del pueblo, se llama concertación, la imaginó e implementó el presidente Sanguinetti, en el discurso y en ‘la cancha’, y el pueblo en su mayoría la tomó para sí, como debe ser, pues para él fue diseñada. Para el pueblo, para todo el pueblo, y esperamos que el mismo así lo vaya constatando. Pues el País, no viene mal recordarlo, somos todos.

Estamos en camino.

Felicidades.



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