Edición Nº 1072 - Viernes 13 de marzo de 2026

El Ministerio de Interior entre la resignación y las contradicciones

Por Luis Hierro López

En sólo una semana, las autoridades del ministerio de Interior incurrieron en groseras contradicciones: el director de Policía, Mario Layera, propuso desarmar a los policías fuera de sus horas de servicio, pero el ministro Bonomi lo desautorizó y dispuso que puedan usar el chaleco antibalas y sus armas las 24 horas. Hace un tiempo, el propio ministro retiró las escopetas y anunció que se comprarían pistolas no letales, lo que luego no se concretó. Un Ministerio de Interior que no sabe qué hacer con las armas significa una aventura peligrosa, que termina en el fracaso y la resignación: ahora estos mismos jerarcas nos dicen que para revertir el auge delictivo se necesitan treinta años.

Las contradicciones y vacilaciones son las peores políticas para enfrentar al delito, que continúa creciendo en todas sus manifestaciones. Sin embargo, los jerarcas del Ministerio de Interior siguen exponiendo públicamente sus contradicciones, lo que le resta autoridad a la Policía, la encargada de la represión.

Hace unos días - https://www.elpais.com.uy/que-pasa/mario-layera-policias-horas-esclavizando.html - el director nacional de Policía, Mario Layera, reiteró la posición oficial del Ministerio, en el sentido de que los funcionarios no pueden usar sus armas en el “223”, es decir, al prestar servicios de custodia al sector privado, fuera de sus horarios como funcionarios. Layera llegó a afirmar que la práctica del “223” es el comienzo de la corrupción. La discusión se disparó otra vez a propósito del asesinato del policía Rogelio Souza, quien se enfrentó con su arma de reglamento a los delincuentes, en Piedras Blancas, el pasado 5 de junio, mientras prestaba servicios a una empresa privada. El Ministerio entiende que ese tipo de actividad es ilegal, lo que quedó de manifiesto en forma dramática, por la insensibilidad que supuso, cuando hace dos años un delincuente terminó con la vida del policía Eduardo Coronel en una chivitería de Pocitos, y el Ministerio, en vez de lamentar el trágico episodio, se dedicó a investigar si el empresario había contratado “en negro” al funcionario.

Pero esta vez, Bonomi cambio de posición y anunció que aceptará - https://www.montevideo.com.uy/Noticias/Bonomi-habilitara-uso-de-arma-y-chaleco-a-policias-en-trabajos-privados-uc721293 - el uso de las armas y del chaleco a los policías en trabajos privados. Es un cambio radical respecto a la política oficial que se siguió hasta ahora, lo que demuestra que hay en la cúpula ministerial una gran desorientación.

Ese grado de improvisación ha llevado a que el propio Layera haya reconocido que se viene perdiendo el enfrentamiento con el delito. En el reportaje ya mencionado, el director de Policía admite que “no sabe” cómo reducir las tasas delictivas, para lo que quizás haya que esperar treinta años.

Con similar franqueza, el jerarca de Convivencia y Seguridad Ciudadana del Ministerio, Gustavo Leal – un sociólogo que se viste de comisario y comanda acciones que claramente le corresponden a la Policía – expresó al diario El Observador que los delincuentes “sienten que tienen cancha, que están cebados, que no pasa nada”, como resultado de la aplicación del nuevo Código del Proceso Penal, que permite acuerdos inconvenientes entre los acusados y los fiscales y que significa una blandura penal que los delincuentes saben aprovechar. Es decir, el sociólogo Leal se olvida que él es parte importante del gobierno, que es en definitiva el responsable de haber impulsado la nueva legislación y el exclusivo responsable ahora de no corregirla a tiempo.
Quiere decir que estamos en manos de un conjunto de jerarcas ineptos e irresponsables, que no tienen claro en qué circunstancias los Policías pueden usar sus armas, que ni siquiera se ponen de acuerdo en qué armas deben utilizarse; que cambian de opinión y de políticas sobre la función policial sin mantener un grado mínimo de coherencia y que, para peor, caen en la resignación y en la desesperanza: ahora reconocen que los delincuentes “tienen cancha y están cebados” y que tendremos que esperar treinta años para vencer a la delincuencia.

Un triste y decepcionante panorama.



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