Edición Nº 1083 - Viernes 5 de junio de 2026

El Libertador José de San Martín

Por LA LIBRERIA

“La Logia de Cádiz” por José Fernández Díaz, Planeta, 2008.

José Fernández Díaz  (Buenos Aires 1960) periodista y escritor, se desempeñó como jefe de redacción de diarios y director de revistas. En el año 2017, su novela  “La herida” logró la cifra histórica para editorial Planeta de más de 60 mil ejemplares vendidos. Actualmente es periodista del diario La Nación.

En esta novela histórica nos lleva a la intimidad de José de San Martín, desde su niñez y adolescencia hasta sus campañas militares en España y luego en América, logrando la independencia de Argentina, Chile y Perú.

San Martín, nacido en Argentina (Yapeyú, Corrientes, 1778) con 7 años de edad se traslada con su familia a España, donde cursa la escuela, enrolándose a los 13 años como cadete en la unidad de Infantería de Murcia.

En España, participa activamente en combates contra las tropas invasoras francesas, siendo distinguido con la “medalla  de distinción”,  por su participación en la Batalla de Bailén (1808) en su calidad de ayudante de campo de comandante de la 2ª división del ejército Marques de Coupigny, que significó la primera derrota de las tropas napoleónicas.

San Martín, en la academia militar española, había estudiado, guiado por sus profesores, la estrategia del cacique Lautaro a quien sus mentores comparaban con Gengis Kahn y Alejandro Magno. Luego en detallado análisis, la novela sigue sus pasos en formación militar leyendo  libros sobre tácticas de caballería. Se traslada a Londres, donde se vincula con Carlos María de Alvear que lo introduce en la logia Caballeros Regionales, formada por “españoles  americanos”  que soñaban con la independencia de las colonias españolas, a la vez que traba amistad con  Arthur  Wellesley vizconde de Wellington, futuro vencedor de  Waterloo, quien también le comenta  y discuten sobre tácticas de guerra de caballería, técnicas  de combate y guerra de guerrillas que San Martín, a pesar de no dominar el inglés, absorbe y aplicaría en sus batallas. Tampoco nunca olvidaría aquella frase de Wellington: “más deprimente que perder una batalla es ver en el campo, el resultado de la victoria”.

Llegado a Buenos Aires, es recibido  junto a Alvear, por el Primer Triunvirato que, estudiados sus antecedentes militares y los de Alvear- que  informó sin haber estado, su participación en la batalle de Bailén- le encarga a San Martín la creación de la unidad militar: Granaderos a Caballo.

Lo hace con especial dedicación, ocupándose  desde el diseño del uniforme, la redacción del  reglamento de la compañía y fundamentalmente un duro entrenamiento para combate  en carga de caballería, utilizando como primera arma el sable.

Su dedicación y su triunfo en la Batalla de San Lorenzo, hacen caer por fin las dudas que había en principio tanto en el Triunvirato como en la sociedad sobre aquél hombre serio y de hablar ceceoso, transformándose en el Libertador que hoy admiramos.

Retirado,  viviendo con su hija y luego con sus nietas en  Boulogne-Sur Mer, en una ocasión, éstas fueron reprimidas por su madre por jugar con las condecoraciones del libertador, que éste les dio a Merceditas para distraerla un día que ésta lloraba, a lo que San Martín  expresó: “¿para qué sirve la gloria, si no alcanza para detener las lágrimas de una chiquilla”?



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