Edición Nº 1072 - Viernes 13 de marzo de 2026

El Frente Amplio no sabe que perdió la elección

Por Luis Hierro López

La coalición oficialista sigue sufriendo la resaca de la derrota y sus portavoces participan de un campeonato de revanchismos y desatinos de índole francamente antidemocrático.

Desde el momento en que el excandidato presidencial, Daniel Martínez, “celebró” su derrota, el 24 de noviembre, a lo Tarzán, golpeándose el pecho en forma desorbitada, los uruguayos supimos que el tránsito del Frente Amplio del poder al llano iba a ser difícil y angustioso. Los hechos vienen confirmando esa intuición.

Nada menos que la Vicepresidente de la República, Lucía Topolansky, encabezó la revuelta dialéctica, convocando, antes y después de las elecciones, a la “movilización social” y a las protestas. Luego la señora de Mujica atemperó sus dichos, pero es indudable que el pensamiento original de la jerarca es afín a la resistencia en las calles, invocada, como se ve, no sólo por algunas murgas.

La ministra María Julía Muñoz, nunca moderada, no faltó a la cita y sostuvo que la ley de urgente consideración es una estafa al pueblo y que, dado que Lacalle ganó sólo por treinta mil votos, debe transar con el Frente Amplio. La señora debería saber que un gobierno electo, así haya ganado la elección por un voto, tiene derecho a promover las leyes comprometidas en la campaña electoral.

El Cr. Astori agrega, por su lado, varias dosis de amargura. Amargado por la derrota del Frente Amplio, pero también ofuscado por su propia derrota personal y por el rotundo fracaso de sus políticas económicas, el ministro aprovecha todas las circunstancias posibles para atacar al futuro gobierno. No ha abandonado su tono de profesor, mantiene la soberbia de siempre y es incapaz de reconocer sus propios errores, pero se siente convalidado para criticar lo que vendrá, como si fuera un augur, aquellos sacerdotes de la antigüedad que practicaban la adivinación.

Ni que hablar de los laderos sindicales del Frente, los dirigentes del Pit-Cnt, que sostienen que la ley de urgencia afectará “la calidad y la profundidad de la democracia” y que, con ella, el gobierno de Lacalle Pou perderá legitimidad. Como se ve, erigidos en profesores de democracia, los dirigentes sindicales no abandonan sus vicios.

El ahora devaluado a candidato municipal Daniel Martínez, prefirió las metáforas para seguir golpeando a la ley de urgencia, sosteniendo que es un cheque en blanco y una nube negra. No fundamentó esas afirmaciones. Su contrincante, la ingeniera Cosse, fue igualmente a fondo y calificó a la iniciativa de atropello.

Un periodista de Brecha – Samuel Blixen, asesino confeso de un ciudadano cuando era tupamaro – aseguró en una columna que, al derogar la obligatoriedad de la ley de inclusión financiera, Lacalle Pou está promoviendo la creación de un narco-Estado. Como expresión de la paranoia reinante, la nota periodística fue bien elocuente.

Para no recalar en las absurdas amenazas cotidianas del presidente del Frente, Dr. Miranda, veamos la actuación ridícula del intendente de Montevideo, Chistian di Candia, a propósito de la “apariencia delictiva” que mencionaría el proyecto de ley de urgencia para habilitar a que la Policía reprima un delito cuando en realidad el texto habla de “hechos con apariencia delictiva”. El intendente se vistió, se maquilló, e hizo una parodia en Facebook sobre un hecho inexistente. Luego dijo que había sido una broma. Más que broma, una ridiculez y una enorme irresponsabilidad. ¡En qué manos hemos caído!

Mujica, más hábil, no ataca por ahora al gobierno electo, pero para mantener su gimnasia destructiva, desvía sus dardos primero contra los argentinos “cagadores” y luego contra los médicos que hacen plata, cometiendo groserías, errores e injusticias a granel. Le haría bien al viejo dirigente un largo período de silencio y contrición, para no seguir incurriendo en permanentes desatinos.

Lo que ocurre es que el Frente Amplio no ha sabido perder. La esencia de la democracia es que los partidos ganen y pierdan las elecciones actuando siempre con dignidad y humildad republicanas, lo que en ese caso no ocurre. Los prejuicios, las advertencias altisonantes, los llamados a la resistencia, son hijas de la soberbia de un conjunto de ciudadanos que todavía no se han dado cuenta que perdieron las elecciones, tras gobernar quince años y haber fracasado rotundamente en varios aspectos de la gestión.

Que los dirigentes del Frente Amplio hayan querido manchar la honradez de Isaac Alfie tras los sucios asuntos que intentaron ocultar durante sus gobiernos, es una expresión de esa desmesura que protagonizan.

Sería mejor para ellos, y para la convivencia democrática, que se callen por un tiempo, que contribuyan a generar la gobernabilidad que el país necesita y que se dediquen con humildad y silencio a administrar las heridas de la derrota.

 




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