Educar es aprender

Por Julio María Sanguinetti

La misión de la educación es que el estudiante aprenda, recibiendo conocimientos y procedimientos para seguir aprendiendo en la vida y —muy especialmente— poder hacer que esos aprendizajes le sean útiles para insertarse fluidamente en la sociedad.

Naturalmente, esta afirmación se corresponde con la idea colorada y batllista de que la educación es la herramienta más transformadora de la sociedad, la más generadora de oportunidades. Concepción que ha sido controvertida en nuestro país desde mentalidades corporativas que le atribuyen al nivel social un papel hegemónico, excluyente, que —a su criterio— la educación difícilmente pueda quebrar. En su tiempo polemizamos en el Senado con legisladores frenteamplistas a este respecto.

La consecuencia de su idea, profundamente equivocada, es que el sistema educativo, que antes supo transformarse para atender los desafíos de cada época, ha terminado siendo una reproductora de hábitos y procedimientos poco adaptados a los cambios. ¿Por qué pasa? Porque quienes condenan a la sociedad democrática, a la sociedad abierta, a la economía de mercado, no aceptan que la educación sea un proceso para insertar a los educandos en el mundo tal cual es. De ahí que su visión de la historia, de la filosofía, de la formación cívica, sea más para cuestionar que para entender, para sentirse parte de un país en el que valga la pena vivir. No se trata de darles una visión de película de Walt Disney, pero sí de que asuman los valores que configuran nuestra institucionalidad.

Como consecuencia de aquella visión frentista es que se desarmó sin evaluación el programa de la enseñanza media que venía de nuestra reforma de 1995; que en los CERP, los centros de formación docente, se volviera a la enseñanza por asignaturas y que para bajar la tasa elevadísima de repetición se introdujera el famoso “pase social”, que bajo el rótulo de la solidaridad social, es la condena para los niños de los niveles sociales más necesitados.

Esto se observa claramente cuando se advierte cómo la tasa de repetición baja en primaria y luego se eleva en la enseñanza media. O sea que, simplemente, los alumnos pasan y pasan en la escuela pero llegan mal preparados al escalón siguiente y fracasan. Lo cual es congruente con los bajísimos niveles de aprendizaje en los 6tos años escolares. En efecto, en ciencias, el 56% de los estudiantes de 6° año no logra aplicar conocimientos básicos de ciencia y el 49% no revela adecuada comprensión lectora. Estos son resultados de una evaluación nacional, que se confirma más tarde en la evaluación PISA —internacional— con los estudiantes de 15 años. En ese caso, en matemática el 52% no llega al umbral mínimo y el 39% no lo logra en comprensión lectora.

Cuando vamos a los segmentos por niveles socioeconómicos, en el 20% más pobre de la sociedad, los guarismos son realmente alarmantes. Nos están indicando una condena a la marginación de prácticamente un 60% y eso no puede ser.

De esta situación hay que salir. Debemos superar el quietismo actual, la negación de la crisis de resultados. Se sabe que en materia educativa los resultados no son rápidos y que no hay una medida que aisladamente pueda revertir lo que ocurre. Pero nuestra experiencia en 1995 nos indica que se puede hacer mucho en poco tiempo y poner la mirada en el futuro.

Ante todo, es imprescindible definir políticas educativas de largo plazo, definidas por la conducción oficial, luego de oír a todos los interesados, pero sin relegar su autoridad en lo más mínimo a las corporaciones gremiales. El país debe seguir extendiendo los establecimientos de tiempo completo, generar métodos pedagógicos más acordes con la era digital en que se está formando la nueva generación, instalar procedimientos de formación a distancia, especialmente para los profesores, a quienes —además— se le debe reconocer por ley el carácter universitario de su carrera, entre tantas otras cosas.

Desde ya que reconstruir la comunidad educativa es fundamental, especialmente en la enseñanza media Hay que terminar con esta elección de horas todos los años que no solo es un procedimiento inhumano sino que, además, choca con la necesaria permanencia de los profesores en un mismo establecimiento, conducido también por directores estables y jerarquizados. El eje de la educación, el centro, el objetivo es el estudiante, a quien hay que generarle las condiciones para acrecer sus oportunidades de inserción en nuestra sociedad.

Son objetivos alcanzables. Pero se necesita armar un equipo coherente en el Codicen y en las demás ramas, convencido de su tarea y capaz de enfrentar las resistencias al cambio que ya están expuestas. Siempre se tiene el anhelo de que las gremiales de maestros y profesores asuman este espíritu, que vuelvan a sentirse protagonistas de una reforma positiva, de una mirada hacia delante. Los indicios, en esta materia, no son auspiciosos, pero no por ello hay que desfallecer en este esfuerzo, del que depende —cada días más— el futuro del país. En una economía basada en la conocimiento, no hay margen para insuficiencias educativas.

Desgraciadamente, el tema no está hoy en el primer lugar del debate, desplazado por urgencias importantes, pero nada debe distraernos de que esta es la real batalla del futuro nacional. Lo urgente no puede relegar a la importante.



La injustificable morosidad del gobierno provoca que Uruguay ingrese a la lista negra
Faltan dos semanas
Julio María Sanguinetti
El pensamiento desde el mundo del revés
Luis Hierro López
Luis Batlle y la ocupación de las plantas de trabajo
Empleo: déficit estructural
Alfie: bajar el gasto en vez de subir impuestos
El peligroso aislacionismo de Uruguay
Zenda o la agonía de la industria nacional
Tomás Laguna
Cierra un tambo por día
Sendic figura en lista de Andrade
El propuesto desarme policial
Jorge Ciasullo
Los “nabos” no tienen idea de lo que pasa con la seguridad
¡¡Es la Economía Imbécil!!
Eduardo Pacífico
Tierras para el Pueblo.
Leonardo Vinci
La crisis del batllismo: de los Colegiados a Gestido. Una aproximación.
Miguel Lagrotta
Los tratan como si fueran plagas
Ruth Furtenbach
30 de junio, una fecha capital
Alfredo Menini
Compromiso batllista: transparencia
Fátima Barrutta
Más incentivos y menos impuestos
Matias Marino
Aprendimos mucho de Decalegrón
Jorge Bentos
Políticas Sociales Republicanas del Futuro
Mercosur-UE: El acuerdo sigue en suspenso
Alvaro Valverde Urrutia
Irán ejecuta a los homosexuales por “principios morales“
Las coaliciones de gobierno para defenderse de un golpe de Estado
Palestina se encuentra al borde del colapso financiero
La promesa de Normandía
Frases Célebres 766
Inicio - Con Firma - Ediciones Anteriores - Staff Facebook
Copyright © 2011 Correo de los Viernes. Publicación Oficial de la Secretaría de Prensa del Foro Batllista.