Edición Nº 1071 - Viernes 6 de marzo de 2026

Don Renán Rodríguez

Fue una personalidad republicana de enorme prestigio y autenticidad. Desde su nombre, imborrable, a su condición humana, inolvidable, Renán marcó una época por las condiciones morales e intelectuales que forjaron su personalidad

El 29 de julio se cumplieron 20 años de su fallecimiento, a los 86 años, tras haber cumplido una larga y generosa trayectoria de servicio público. Como muchos otros integrantes de su generación –Renán nació el 12 de diciembre de 1912, por lo que era imposible olvidar su onomástico– surgió a la vida política oponiéndose a la dictadura de Terra y afiliándose desde muy temprano al Batllismo, al que adhirió con honestidad y pasión. Estuvo vinculado siempre al funcionamiento del Partido, del que fue un especial protagonista, ya que no sólo era un portavoz cuidadoso de su legado ideológico, sino que era custodio de su Carta Orgánica y de los reglamentos que garantizan la democracia interna.

Fue electo diputado por primera vez en 1950, por la Lista 14, dirigida por César Batlle Pacheco, siendo reelecto en varias oportunidades. En 1955 fue Ministro de Instrucción Pública, tareas gubernamentales que desarrolló junto a su vocación periodística –que había cultivado desde joven en su oriundo San José– que le llevaron a ser redactor político y director del diario El Día, tribuna en la que cumplió una valerosa acción en tiempos de la dictadura.

En nombre de sus méritos, fue en dos oportunidades candidato a vicepresidente de la República, acompañando primero a Amílcar Vasconcellos y luego a Jorge Batlle. Su nombre era sinónimo de apego a la gran causa colorada, de honestidad personal y de compromiso con la República.

Restaurada la democracia en 1985, por unanimidad de criterio de los partidos políticos, fue designado presidente de la Corte Electoral, personificando las garantías que ese tiempo reclamaba.

Uno de sus adversarios políticos, el escribano Atilio Arrillaga Simpson, escribió tras su fallecimiento una semblanza que es oportuno reiterar. Proviniendo de un ciudadano blanco, es muy elocuente:

Enemigo de nuestras ideas, amigo de nuestro corazón, hace un mes que terminó su visita a la vida, al decir de los chinos.

Al acompañarle a su última morada obraron en nosotros, tremenda vigencia, los inmortales versos de Manrique: “Cómo se pasa la vida, cómo se viene la muerte”. Nacido el 12 del 12 de 1912; ocupó todos los cargos que la política ofrece: Diputado, Senador y Ministro.

Transitó por todos estos cargos defendiendo siempre sus ideales.

Un amigo común, hace año, nos dijo: Renán es el depositario de la fe batllista. Nosotros agregamos, también de la honestidad, de la transparencia, del auténtico y puro hombre de la política.

Vivió con su alma puesta al servicio del bien público. Jamás lo oímos hablar de bienes terrenales. Válido es decir de su vida, que la hizo como San Francisco: “Yo necesito poco, y de ese poco, necesito muy poco”.

Sufría cuando se hablaba mal de la política y de sus actores. Hacía suyo el pensamiento de Ortega: “Detesto las reuniones en que hablan de política los que no entienden de Política, pero están resueltos a salvar este país, y de paso, los demás países, y encima, la humanidad...”

Decimos asimismo, que Renán tenía el vigor de Miguel Ángel y la delicadeza de Chopin. En la tumba que sus restos guardan, bueno sería para la juventud, se pusiera una placa que expresara: Renán Rodríguez, averigua quién fue, imítalo, serás UN SEÑOR.



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