Desprecio por el pasado
Por Luis Hierro López
La desgraciada intervención de la directora de Cultura de la Intendencia de Paysandú, desconociendo las fechas patrias, es la expresión de una tendencia cultural muy negativa, que el oficialismo ha promovido con sentido ideológico.
Las declaraciones de la directora de Cultura de la Intendencia de Paysandú, Cinthya Moizo, son preocupantes. En apenas unos instantes, la jerarca desconoció los orígenes del nombre del departamento en el que tiene una importante posición, no pudo responder sobre el significado de dos fechas patrias fundacionales, atacó groseramente al pueblo argentino y terminó alabando al expresidente Mujica, lo que, en medio de tantos disparates, no se sabe si fue un elogio o un ataque.
Tanto la ministra de Educación, Dra. María Julia Muñoz, como el Intendente sanducero, Guillermo Caraballo, salieron a defender a la funcionaria, en una reacción instintiva de defensa grupal que no resiste análisis, porque es evidente que la licenciada Moizo, egresada de un curso del Claeh según ha dicho, queda descalificada para ser directora de Cultura y, aunque el Frente Amplio la mantenga en el cargo, la opinión sanducera no la aceptará ni valorará. Moizo ha pasado a ser una carga y aunque haya pedido disculpas, sería mejor que renunciara.
Pero el asunto va mucho más allá de una infeliz declaración personal, ya que habla del desprecio por el pasado que se ha puesto en boga, lo que, si bien es una tendencia cultural de la sociedad, ha sido aceptado y promovido por los gobiernos del Frente Amplio, los que desde 2005 quisieron imponer una interpretación fundacional, desconociendo los logros que el país había acumulado anteriormente.
El asunto es de fondo: la coalición gobernante atacó frontalmente la gestión histórica de los partidos que habían gobernado hasta entonces, prometió un tiempo y un “hombre nuevo”, tejió un relato falaz sobre las décadas del ´60 y del ´70, consagró a los tupamaros como víctimas en vez de victimarios y fortaleció el imaginario según el cual las políticas sociales y la justicia fueron inventadas por el Frente Amplio.
En ese escenario, empezaron a toquetearse oficialmente las fechas tradicionales. Una ley anterior a los gobiernos frenteamplistas -que ahora es imprescindible corregir- impuso la novedad de los feriados móviles, invocando la necesidad de fomentar el turismo interno, pero llevándose por delante la ritualidad del calendario, con lo que mucha gente fue perdiendo consideración por las fechas que, desde la Escuela, sucesivas generaciones de uruguayos fuimos aprendiendo con cariño y respeto.
En el primer gobierno de Tabaré Vázquez y cediendo a la tentación de escribir la historia por decreto, se dispuso que el 19 de Junio, natalicio de Artigas, se convirtiera en el “Día del Nunca Más”, lo que se celebró solamente en dos oportunidades, perdiendo después su vigencia y demostrando que se trataba de un invento sin sentido histórico ni respaldo popular. El decreto está vigente pero no se cumple. De paso, se archivó sin piedad la recordación artiguista.
Otro decreto y luego una ley establecieron que la dictadura empezó en 1968, violentando en forma grosera los hechos históricos, que demuestran que en 1971 hubo una elección democrática y que el golpe de Estado se produjo realmente en febrero y en junio de 1973, no antes. Para entonces, los tupamaros ya estaban todos presos y la guerra interna se había terminado, pero se sigue alimentando el mito de que Mujica y sus compañeros de andanzas fueron víctimas, engaño histórico que de a poco viene desmantelándose.
Los actos de recordación patria, que antes forjaban la unidad nacional, fueron vaciándose ante la frialdad gubernamental. El Presidente de la República, quien debería encabezarlos con honor y lealtad, se muestra deliberadamente ausente y esa señal cobra entonces un fuerte sentido destructivo.
Los países, todos ellos, pero más aún las pequeñas naciones, tienen que alimentar sus tradiciones, que son las fuentes de los valores y de la convivencia nacional. Hay que enseñar el significado de los jalones patrios en las escuelas y liceos, pero además hay que celebrar esos acontecimientos con sentido didáctico y ético: la democracia y la República se deben cuidar y enseñar a diario.
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