Edición Nº 1071 - Viernes 6 de marzo de 2026

Desaparecida PILI, ¿Quo Vadis industria láctea?

Por Tomás Laguna

Con dolor hemos asistido al desmembramiento final de las instalaciones de PILI, otras plantas de carácter regional sobreviven con crecientes dificultades. No obstante, los datos de las exportaciones el pasado año crecieron 7% en valor aun cuando se redujeron 5% en volumen. En definitiva, grandes interrogantes sobre el desarrollo de esta estratégica agroindustria en nuestro país.

Por estos días se realizan gestiones para encontrar una solución a los obreros de la empresa PILI en Paysandú. Al vencimiento de los seguros de paro, aún no han cobrado los créditos laborales pendientes de pago al momento del lamentable cierre de la empresa. El hecho merece algunas consideraciones habida cuenta que el caso de esta otrora pujante empresa familiar sanducera debe ser considerado una alarma ante la situación de otras empresas procesadoras de lácteos en el país.

El final que tuvo PILI es particularmente triste y frustrante. En el año 2011 representantes de la empresa recorrían países referentes en Europa para adquirir tecnología industrial moderna, lo hicieron en Suecia e Italia dónde finalmente adquirieron equipamiento industrial por un valor de 30 millones de dólares. En el 2015 mudaron la planta de la zona urbana de Paysandú, instalándose en las afueras de la ciudad en una zona más apropiada para este tipo de emprendimientos. Sobre fines del año 2016 se inauguraron las nuevas instalaciones con el novel equipamiento, dependiendo de tecnología incluso más avanzada que la propia CONAPROLE. El producto insignia lo era la mozzarella, pero también el queso tipo dambo. Venezuela y Brasil eran los principales mercados a los que estaba orientada la empresa. Luego la historia es conocida. El gobierno de Maduro sustituyó a los importadores venezolanos por un único importador para-estatal, quienes, si bien inicialmente se interesaron en mantener al proveedor uruguayo, pronto ingresaron en serios problemas de pago al punto de obligar a la planta al re-direccionamiento de todo un embarque hacia Brasil, a menor precio y con los costos del re-empaquetado. Fue el primer traspié, luego la caída...

¿Cuáles eran las fortalezas de PILI? Si bien se trataba de una empresa de carácter regional, en una zona que no integra la cuenca lechera tradicional, había logrado una fuerte lealtad de los productores remitentes. Esto le aseguraba el suministro de leche fluida, primera condición necesaria para este tipo de emprendimientos. Adicionalmente tenía mercados a los que consideraban "seguros", dónde la calidad del producto entregado era reconocida por su origen. Son estas las dos condiciones necesarias para que una agroindustria láctea pueda operar, suministro de leche y mercados.

PILI ya es historia. Una industria dedicada a fabricar jugos de frutas compro por un millón de dólares lo que a la empresa le costó 30 veces más sin contar el valor hundido de la necesaria infraestructura construida para su funcionamiento. En definitiva, es lo que ocurre con los emprendimientos industriales, los ladrillos y los fierros finalmente nada valen si no hay materia prima para procesar y mercados dónde colocar la producción...

Toda esta situación nos debe poner en alerta sobre el futuro de otras agroindustrias lácteas similares, quienes sobreviven en condiciones cada vez más dificultosas para operar. COLEME ha subsistido gracias a la façón realizada para CONAPROLE, en una región con importantes limitantes para establecer una cuenca lechera. Son también conocidas las dificultades de otras plantas caso de CALCAR y CLALDY, ambas mejor ubicadas productivamente. Entretanto otras plantas de pequeño porte, ubicadas en plena cuenca lechera, se han afirmado en el mercado local, seguramente con dimensiones económicamente más viables.

A esta altura la pregunta es si el futuro de la lechería en nuestro país es con una CONAPROLE dominando en forma casi excluyente la recepción y procesamiento de leche en todo el país, en tanto coexisten plantas muy pequeñas que sobreviven a su sombra atendiendo nichos del mercado interno.

Más aún, se ha dicho en los últimos tiempos que el agronegocio de exportación es capaz de exportar valor agregado bajo la forma de innovación y desarrollo. No obstante, esa cuota de I+D parece haber ido menguando en los productos ofrecidos al mundo por nuestra lechería. Hemos sido incapaces de incursionar en productos de altísimo valor tecnológico agregado, caso de los alimentos para niños, por carecer de la tecnología apropiada para su producción. En ese caso ya no se trata de una fábrica de alimentos, sino de procesos industriales más próximos a la farmacología, a los que nadie aún se ha animado a incursionar.

Nos jactamos habitualmente de la producción de carne y la capacidad de nuestro país de ganar mercados y luego permanecer en ellos, mérito tanto del emprendedurismo empresarial en este rubro como de la invalorable tarea del INAC. Esta tarea en la lechería ha quedado prácticamente en manos de una sola empresa que concentra cada vez más la remisión y el procesamiento industrial. Empresa vertebral en el desarrollo lechero pero que acusa sistemáticamente problemas de gestión en lo que refiere a los recursos humanos y su incapacidad para entenderse con un sindicato clasista y combativo a extremos irracionales. En nota de hace algunos meses decíamos que la modernización en la forma de gestión de CONAPROLE resulta impostergable pensando en el futuro desarrollo agroexportador lácteo.

Pero no se trata solo de gestión institucional, sino que hay que hacer lugar a la gestión industrial. Así como el INIA realiza trascendentes aportes en apoyo a la producción a nivel de tambo, podemos afirmar que existe un fuerte rezago en el desarrollo de productos de alto valor tecnológico agregado industrial. El país tiene las capacidades institucionales y humanas para lograrlo, la tecnología de los alimentos es una de las ramas de la ingeniería química más interesantes, innovadoras y de alto impacto en un país agro exportador de alimentos.

Tal vez por ahí se encuentre la punta de la madeja para rescatar los emprendimientos agroindustriales lácteos. Lo cierto es que ya no alcanza con plantas de leche en polvo, queso o manteca, diversificarse en productos de alto desarrollo tecnológico es parte de la respuesta de cara a los próximos 30 años de la lechería nacional. El LATU y el INALE deben asumir la responsabilidad de este desafío.




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