Complicidad vergonzosa
Por Luis Hierro López
El gobierno uruguayo considera alarmantes los atropellos a los derechos humanos en Venezuela, pero se niega a considerar al régimen de Maduro como una dictadura y no se suma a la condena internacional. El oficialismo sigue haciendo esquives y entierra la digna tradición nacional de lucha a favor de las democracias.
En su columna de hoy, Julio Aguiar hace un detallado análisis del informe de Naciones Unidas sobre los asesinatos del gobierno de Maduro, por lo que no ampliaré ese enfoque. Sí me parece necesario reiterar nuestra indignación ante la posición del gobierno, que sigue siendo ambigua y débil. Según el semanario Búsqueda, “el viernes la delegación uruguaya ante el Consejo de Derechos Humanos de la ONU, con sede en Ginebra, respaldó el informe, cuyo contenido consideró “alarmante”. Sin embargo, evitó condenar al régimen de Nicolás Maduro y exigirle un cambio de política como hicieron otros países.”
A esa posición vacilante debe sumarse la payasesca intervención del subsecretario Ariel Bergamino, quien se negó a calificar a Venezuela como una dictadura y terminó peleándose con un periodista en una actitud no sólo poco diplomática sino además inadmisible: un jerarca del gobierno no puede contestar “yo digo lo que quiero”, lo que es una grosería y una ausencia muy notoria de argumentación.
El informe de Naciones Unidas es lapidario: ya nadie puede negar que la represión, los asesinatos, los encarcelamientos políticos y las persecuciones de toda índole son el fundamento de un régimen dictatorial. No hay chance alguna de diálogo, como ha quedado demostrado una y otra vez. El invento del gobierno uruguayo de febrero pasado, promoviendo el “Mecanismo de Montevideo” como posible acercamiento de las partes, ha fracasado rotundamente, así como ha quedado lamentablemente en el olvido la supuesta gestión conjunta de nuestra Cancillería con Europa. No es posible dialogar con un gobierno integrado por asesinos, corruptos y narcotraficantes.
La única forma de interpretar la sumisión del gobierno uruguayo es realmente que haya lazos inconfesables, porque no puede admitirse que el oficialismo siga ligado a un régimen cuyas manos están llenas de sangre. Hasta hace unos meses podía discutirse si había un grado mayor o menor de libertad, pero ahora se sabe indesmentiblemente que hay asesinatos en masa de los opositores y vejámenes de todo tipo.
¿Es posible que el Frente Amplio, muchos de cuyos adherentes y dirigentes sufrieron acá las persecuciones de la dictadura, siga sosteniendo su indigna posición? ¿No les tiembla la conciencia a esos militantes cuando saben que miles de jóvenes han sido secuestrados de sus casas y asesinados ferozmente? En esa misma edición publicamos un informe internacional que ofrece los tétricos detalles. “El relato de los hechos coincide. Los efectivos de las Fuerza de Acciones Especiales (Faes) de Venezuela llegan al lugar en camionetas negras sin matrículas. Vestidos de negro y sin identificación. Pasamontañas cubriéndoles el rostro. Armas largas. Violencia. Las Faes irrumpen en la casa, hostigan a las mujeres y separan a los hombres jóvenes del resto. Casi todos mueren de uno o más disparos en el tórax”.
¡Basta! Uruguay debe reaccionar.
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