Como tantas veces en la historia, las migraciones cambian el mundo
Los choques religiosos y las reacciones políticas cobran nueva vigencia a partir de los empujes migratorios, según un estudio de La Vanguardia de Barcelona que demuestra que los conflictos ya no son alimentarios, sino culturales.
En el Vanguardia Dossier de este mes de julio se estudia desde muchos ángulos el fenómeno que está cambiando la política y la economía global como consecuencia del movimiento constante de migrantes en todas direcciones. El cambio ha sido espectacular. La esperanza de vida se situaba a escala mundial en 47 años a mediados del siglo antepasado y hoy alcanza la media de 71 años globalmente. Recuerdo el primer anciano que vi morir en mi infancia. Tenía 61 años, con bastón, encorvado, la frente arrugada por el duro trabajo del campo, calvo, desdentado y barba de varios días. Era una persona mayor, un viejo.
Las estimaciones compartidas por los demógrafos son que en el 2060 se alcanzarán los diez mil millones de personas que poblarán el planeta. India habrá pasado a China y Asia agrupará a 5.200 millones de habitantes. El dato más llamativo es que África contará con 2.800 millones, América, 1.300 y Europa, 700.
Se observa un aumento formidable de juventud en los países más pobres y un envejecimiento generalizado en los más ricos y desarrollados. El trasiego humano será imprescindible para la supervivencia de las naciones más ricas y para canalizar la migración que huirá de la pobreza para encontrar horizontes de una mayor dignidad de vida.
El problema que se visualiza no es el que se planteaba hace una generación en el sentido de que no habría suficiente producción alimentaria para nutrir a una población global, que se ha duplicado en menos de un siglo a pesar de las guerras mundiales y las matanzas en conflictos locales. A Malthus le preocupaba esta cuestión.
El conflicto no será alimentario sino de integración de culturas que van cambiando el paisaje humano de todos los pueblos. El miedo a los que han llegado o a los que vendrán está alterando la percepción política en el mundo liberal democrático. El populismo xenófobo crece en sociedades como la británica, en Italia o en Hungría y Polonia.
La política de Donald Trump es pionera en levantar muros físicos y políticos a los forasteros. En el dossier sobre ¿Cómo la demografía cambiará el mundo? se aportan muchas opiniones positivas y negativas sobre el aumento de la población mundial en relación con la riqueza o pobreza de los pueblos. Para hacer frente a lo que podría ser un choque globalmente entre la juventud pobre y la vejez rica, hay cuatro cuestiones básicas: la educación, la sanidad, la vivienda y la movilidad en las grandes megápolis que agrupan el demos del planeta.
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