Coalición multicolor para cambiar un país en blanco y negro
Por Fátima Barrutta
El Compromiso por el País ya está firmado. Genera una emoción especial ver las cinco firmas de cinco líderes partidarios, comprometidos por igual con un cambio que más del 60 por ciento de la ciudadanía considera ya imprescindible. Y si esas firmas gratifican al corazón, el contenido del documento hace lo mismo con el intelecto.
Allí están contenidas las coincidencias de una coalición opositora variopinta en sus adhesiones partidarias, pero conteste en las líneas generales de una gestión que debe cuidar la economía, reformar la educación, dar vuelta la inseguridad pública, reinsertar la producción uruguaya en el mundo y proteger el trabajo de los uruguayos, entre otros muchos factores de desarrollo.
Nunca en los últimos quince años, como ahora, hay tanta convicción en el bloque de la actual oposición de la necesidad de romper los paradigmas instalados por el frenteamplismo. Remover ese determinismo de que nada se puede, esa entrega mansa del poder a las corporaciones, esa renuncia al ejercicio de autoridad que sometió la vida pública a los arbitrios del voluntarismo personal, los intereses de las cúpulas sindicales y, peor aún, las ambiciones de algunos corruptos.
A partir del año que viene, se termina el tiempo de la falta de control, de las mayorías parlamentarias automáticas que se niegan a investigar las actuaciones irregulares. Deberán volver las auditorías de los organismos y las empresas públicas, para que los uruguayos sepan en qué se gastaron los más de 100 millones de dólares que costó el Antel Arena; para que se conozcan por fin los turbios negocios con Venezuela, que hacen que los actuales gobernantes sigan haciendo buena letra para el dictador Maduro; para que se aclaren las cuentas del tonel sin fondo del Fondes, para que se llegue a las últimas consecuencias en la investigación de la corrupción en Asse y tantos ejemplos más.
Pero esa no será la misión principal de la coalición multicolor. El objetivo primordial será sacar al país del estancamiento. Un estancamiento que es económico, con un déficit fiscal que supera ampliamente al del momento de más grave crisis de la historia del país. Un estancamiento que es productivo, lo que explica la pérdida de 70.000 puestos de trabajo y el cierre masivo de empresas. Y un estancamiento que también es cultural y moral. Cultural, porque allí se encuentra el inmenso deterioro de la convivencia, en la resolución violenta de conflictos que no tiene otra explicación que la de la pérdida de referentes culturales. Y moral, porque el nuevo gobierno reinstalará una política de transparencia que combatirá de verdad a los corruptos, aplicándoles todo el peso de la ley.
Ellos instalaron en el imaginario popular el país del blanco y negro, el de la oligarquía versus el pueblo.
Será nuestra responsabilidad cambiarlo por un país multicolor, como nuestra coalición, donde se respeten las ideas del prójimo y solo se las combata con la fuerza del debate y del voto.
Estamos en el umbral de un cambio largamente postergado y esperado.
Sepan los ciudadanos que los batllistas estaremos a la altura de esa responsabilidad. Por nuestros hijos y los hijos de nuestros adversarios.
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