¿Clemencia, venganza o reeducación en las cárceles?

Por Elena Grauert

Hace algunas semanas, el Comisionado Parlamentario presentó un informe sobre la situación de las cárceles en el año 2021. Como hace varios años, las noticias no son buenas, en virtud de que la política de cárceles siempre ha quedado pospuesta por otros temas de urgencia; sin duda, no es un tema que tenga demanda social como lo es la educación o la seguridad.

Además, siempre se hace una falsa oposición, entre los problemas de la seguridad y la política de cárceles, cuando en realidad una eficiente política de seguridad debe tener resuelto el problema de las cárceles, para que estas dejen de ser "universidades de delincuencia" como se dice habitualmente.

El generar depósitos humanos sin un tratamiento de rehabilitación, además de inhumano, dinamiza y profundiza el delito en la sociedad. Teniendo en cuenta además como agravante la joven edad de los presos, que hace que la reincidencia termine aumentando exponencialmente el delito a lo largo del tiempo.

El día que una persona ingresa a un nosocomio penitenciario, debería ser mirado como el día 1 de la rehabilitación, de su reeducación, del cambio de ese sujeto para que no vuelva a delinquir. Lo cual, en realidad, en el 62% de los casos es el día 1 del comienzo de una carrera de cómo ser más y mejor delincuente, aprendiendo todas las prácticas de cómo infringir la ley, ser más violento, formar parte de organizaciones delictivas. Todo eso que se sabe pero desde afuera silenciamos e invisibilizamos porque, como se dice, "no vale la pena invertir en gente perdida".

Lo cierto es que todo el sistema está hecho para que, al final, esas personas una vez cumplida la pena salgan. Sin embargo, en un 62% de las veces reinciden y muchos con más virulencia que la anterior, con mejores armas y contactos para evadir la ley, aumentado exponencialmente los índices de criminalidad. Como decía Albert Einstein: "Si buscas resultados distintos, no hagas siempre lo mismo".

En muchos casos en Latinoamérica, el control de las cárceles lo terminan teniendo las bandas criminales, dado que es tal el hacinamiento y el descontrol, que solamente con el llamado "cogobierno" entre la autoridad y una de las pandillas criminales, se logra "controlar" el nosocomio, transformando a las misma en verdaderas células de delincuencia y corrupción que tienen efectos en la sociedad sumamente graves.

Muchas personas se molestan cuando se informan estos números: "86 muertes de personas en cárceles [...] la mayor cifra ocurrida en un año en Uruguay, superando ampliamente al mayor registro anterior, que fue en el 2010 con 53 muertes. Hubo 45 muertes violentas, 21 homicidios, 18 suicidios y 6 muertes accidentales o por causas violentas no aclaradas".

El tema no es molestarse con el mensajero, el tema es entender que nada de lo que sucede allí adentro es ajeno a una buena política de seguridad, que a mediano y largo plazo mejore efectivamente la baja en los niveles de delitos. Es verdad que esta administración prevé la construcción de más cárceles, pero entendemos que hay que acompañar la generación de locaciones con funcionarios y equipos preparados para cumplir la verdadera función de reeducación, donde se logre minimizar los porcentajes de reincidencia efectivamente, siendo una política de Estado.

El lograr la sanidad en las cárceles y tener una política de reeducación y rehabilitación hace que a la larga esto incida en la baja de los niveles de criminalidad. Si los presos comienzan a entender o compartir otra forma de vida, muchos pueden abandonar esa vida de carencias, peligros y pocas oportunidades. Se ha dicho muchas veces que el tema es incorporar en esas personas valores donde la delincuencia deje de ser un valor positivo sino todo lo contrario.

Según informa el Comisionado Parlamentario: "Uruguay tiene actualmente unos 13.880 presos y va rumbo a tener 14.000 personas privadas de libertad, un récord histórico. La población carcelaria ha vuelto a crecer vigorosamente en los últimos 4 años, pese a lo cual no han aumentado los recursos técnicos, de vigilancia o logísticos para asegurar el derecho al tratamiento, base constitucional de la justicia penal y la convivencia. El aumento poblacional fue de un 10% en los últimos 12 meses. El hacinamiento es crítico, ya que si bien se han instalado nuevos cupos o camas, no se trata de ‘plazas' adecuadamente planificadas o diseñadas, requiriéndose nuevos espacios para evitar una convivencia inadecuada. En Uruguay hay 390 personas presas cada 100.000 habitantes, una cifra que supera largamente a todos los países de América del Sur y Europa, por encima incluso de países de alta prisionización como Brasil (que ahora tiene 381) o Rusia (327)".

En Noruega, según relata Emma Jane Kirby en un artículo de la BBC sobre la estrategia de ese país, para transformar a sus criminales en "buenos vecinos", cuentan sobre un profundo cambio de mentalidad que se dio en los años 1990, donde se pasó de las cárceles de "venganza" centradas en la vigilancia y seguridad a pasar a un sistema de rehabilitación o reeducación. Donde en vez de tener gente encerrada, se pasa a planes de "programas diarios de capacitación y educación" donde el papel del guardia se modificó por completo. Esta decisión o política fue importante para bajar las tasas de reincidencia que en el sistema tradicional era como el nuestro de 60% o 70% de reincidencia. Según lo que informan en dicho artículo, en Noruega la reincidencia ha caído a un 20% los primeros dos años y un 25% luego de 5 años.

Lo cierto es que llegar a los niveles de las cárceles en Noruega, sin duda es un objetivo que hoy es muy difícil de alcanzar y también es cierto que hay diferencias y carencias en estos países que no es comparable con los países desarrollados con otras culturas.

Pero no tener entre los programas prioritarios de seguridad un plan de cárceles que persiga el objetivo de lograr bajar la tasa de reincidencia, termina siendo un proceso donde se incremente el gasto en seguridad en forma permanente no teniendo ningún retorno para la sociedad dado que el propio Estado genera condiciones para que, más de la mitad de los presos, vuelvan a delinquir y contribuir a aumentar los niveles de peligrosidad siendo un espiral sin fin, que va a ir en aumento, de ahí la imperiosa importancia de revertir este flagelo.

Todo se puede, sólo hay que tener la decisión, el compromiso y la visión, de que salvar presos de la reincidencia y de una vida de pena sin libertad, es incluir a un ciudadano en una actividad que redunde a la sociedad, pero que además no contribuya a aumentar el espiral de violencia. Uno menos vale por dos y quizás por muchos más, porque todos ellos tienen una familia y son también muchas veces un modelo en su medio.

La reeducación en cárceles es una inversión. Omitiéndolo lo único que se logra es gastar sin retorno y tener un inmenso debe como sociedad. No se trata de reducir penas o clemencia, porque también existe la necesidad de seguridad ciudadana, simplemente de reeducar a quienes delinquen, para evitar que aumente y lograr esa seguridad tan necesaria.



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