Cigarro de derecha, marihuana de izquierda
Por Julio María Sanguinetti
La confusión de ideas y valores, en la ensalada ideológica en que vivimos, nos conduce todos los días a las más estremecedoras contradicciones. Ni hablar de Venezuela, donde los estudiantes muertos por fuerzas de choque adictas al gobierno, nada significan, porque son “provocadores”, pese a que se trata de manifestantes sin ningún propósito revolucionario, como en cambio lo fueron aquellos en que participaron nuestros hoy altos mandatarios. Hay muertos de derecha y muertos de izquierda… Es como las torturas, que son todas de derecha, porque desde Stalin hasta Maduro, los gobiernos marxistas o populistas por definición no torturan aunque empleen los más crueles tormentos…
En nuestro caso, algo menos dramático pero igualmente espantoso, ocurre con las restricciones al tabaco y la marihuana. Combatir el tabaco, hacer propaganda en su contra, impedir que nadie fume en ningún lugar público o de trabajo, todo eso —en nombre de la salud— es progresista, es de izquierda, es casi santo. Está en juego la salvación de vidas…. y así hablaba con voz emocionada el ex Presidente Doctor Vázquez, que ha recorrido todos los congresos oncológicos del mundo como el campeón en la erradicación del cancerígeno tabaco. Y, por supuesto, nos parece muy bien, porque realmente ha sido una importante contribución a la necesaria batalla contra el cáncer.
Ahora, cuando se trata de la marihuana, todo es al revés. Bendecirla con una legalización, autorizar su cultivo en las casas y en los clubes, venderla en las farmacias, todo eso es “de izquierda”. Intentar restricciones o prohibiciones es algo “represivo”, “de derecha”, “conservador”, “antiguo”…
En este último caso, la salud no tiene importancia. La libertad predomina por sobre todo. Es más, hasta se va a salvar gente con la marihuana, pese a que ya no hay debate sobre sus probados y perniciosos efectos en la memoria, la concentración, la depresión, la inteligencia y hasta la esquizofrenia.
¿Cómo se va a hacer en el tránsito, donde felizmente se controla severamente el alcohol, pero nadie habla —porque es muy difícil— controlar el efecto euforizante y alucinógeno de la marihuana?
Realmente es patética la caída moral en que se encuentra nuestra izquierda vernácula. Parecen los pequeños “apparatchiks” comunistas de los años 60 y 70, defendiendo invasiones soviéticas y campos de concentración de opositores. Las dictaduras no son dictaduras, son revoluciones... los muertos depende de qué lado están. Las drogas nocivas serán miradas según el lugar en que nos ubiquemos en el debate.
Tanto sobre tabaco como sobre marihuana, podemos entender a quienes, en nombre de la libertad personal, impugnan toda restricción. No lo compartimos pero por lo menos hay coherencia, hay un razonamiento, aunque no se tome en cuenta el principio de orden público del cuidado de la salud personal y de los códigos de convivencia social. Ahora bien, ser prohibicionistas de a ratos y legalizador en otros momentos, es realmente absurdo; y parte de la enorme confusión de valores que el populismo frentista le ha traído a la sociedad uruguaya.
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