Cavernícolas
Por Julio Aguiar Carrasco
“El TLC es el peor pacto de la historia de los Estados Unidos”. Esta frase podría haber sido dicha por cualquiera de los integrantes del MPP, del partido comunista o de los radicales del Frente Amplio.
Sin embargo, fue dicha por el mismísimo Sr. Trump, amigo de un proteccionismo perjudicial para su país y acostumbrado a decir y a desdecirse permanentemente.
El sesgo ideológico y la falta de capacidad crítica no les permite a estos sectores del Frente Amplio mirar hacia el futuro. Es cierto que el TLC no es solo un instrumento comercial y hasta puede convertirse en un arma de injerencia y dominación. Es un mosaico de claroscuros, porque un Tratado de ésta naturaleza debe ser pensado no solo para agrandar el pastel sino también para repartirlo mejor. Por eso no es cuestión de firmar un TLC porque sí.
Pero veamos el caso chileno, con el que el Dr. Tabaré Vázquez y su Canciller han firmado un TLC y ahora les queda por delante la ratificación del Parlamento. En el caso de nuestro país, este TLC liberaliza los servicios y el comercio electrónico.
Seguramente Chile sea la economía más abierta de Latinoamérica y la más moderna también. Ha firmado 18 TLC que incluyen desde los Estados Unidos hasta China, ratificando que al mundo hoy hay que mirarlo con pragmatismo y no con fotocopias de los 60.
Hasta Vietnam, arrasada a fuego por los Estados Unidos, una guerra con 5 millones de muertos, firmó a fines del siglo pasado, un Acuerdo bilateral de Comercio con los americanos, 25 años después de la guerra, que duró diez años.
Chile también está, por supuesto, en las conversaciones por el TTP (Tratado Trans Pacífico). Acá Vázquez tiró la toalla de entrada, quizás con la esperanza de salvar, por lo menos, el TLC con Chile.
Esta pasmada visión ideológica, paraliza el país, que ha vivido bien sólo por los precios de las materias primas.
Acá tenemos una línea Maginot, integrada por el MPP, el partido comunista, los radicales y el PIT-CNT, que no deja pasar una, sólo la que les interesa ideológicamente. Si yo razonara como ellos, diría que no podemos tener más comercio con China, por el tema de los DDHH en dicho país. Todos sabemos que en China estos derechos no existen y son pisoteados reiteradamente.
Pero, lo que me interesa no es China: me interesa que el Uruguay se abra adecuadamente al mundo de manera de modernizar un país que vive de espalda a la modernidad.
Para ello preciso conducirme con pragmatismo, porque el mundo que viaja a una velocidad que crece exponencialmente, no nos va a esperar, quedaremos rezagados y empobrecidos como tantos países que no entendieron la Revolución Industrial.
Cuesta entender la mecánica del FA, con grupos tan distanciados en lo ideológico; enfrentados en lo económico y acompañados como si fuese un grupo más de la interna, por el PIT_CNT- ¡Sólo los une la búsqueda del poder!.
Vivimos en un rincón del mundo que no le interesa a nadie. Va a pasar mucho tiempo para que recuperemos la dignidad, con los actos terribles de corrupción en Brasil y Argentina: acompañados por un mercado más chico como el nuestro, pero también con la corruptela a cuestas. El MERCOSUR es, todavía, una ilusión incumplida, pisoteada y violada. De todos modos no representa más que el 4% del comercio mundial.
Mientras la voz de los uruguayos sea la senadora Costanza Moreira, seguiremos con los ojos en el pasado, sin destino cierto. Con esa visión de la lucha de clases, que ya nadie comparte en el mundo, lo único que logra es incrementar el odio y el resentimiento con el que viven muchos todavía.
Quiero creer que la mayoría de los uruguayos no pensamos así. ¡Es hora de decirlo y actuar en consonancia!
También creo que las bancadas del Senado y Diputados del Partido Colorado, e incluso del CEN, deberían estudiar el tema y, si todo es como se dice, brindarle nuestro apoyo a la firma del Tratado.
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