Edición Nº 1093 - Viernes 14 de agosto de 2026

Casos y cosas: de Bengoa a Sendic

Con el "caso Astesiano", el Frente Amplio pretende exorcizar sus demonios del pasado. Buscan relativizar la enorme cantidad de episodios escandalosos en los que jerarcas de primer nivel -incluyendo al primer Vicepresidente de la historia del Uruguay que debió renunciar a su cargo sospechado de corrupción- se vieron involucrados en la última década y media. Si Astesiano fuese frenteamplista, tendría tanta competencia que no lograría ingresar al podio de los corruptos. Eso sí, le hubiesen garantizado apoyo, contención y aplausos compañeros.

Hasta el momento, la única causa formal del sonado "caso Astesiano" es la de la falsificación de documentos. Allí, los datos son concluyentes: la mafia de los pasaportes comenzó a operar en Uruguay en 2009, cuando gobernaba el Frente Amplio. De hecho, al momento, el único funcionario imputado es un Cónsul nombrado por el gobierno de Mujica, que operó entre 2013 y 2018. El resto de los hechos noticiosos, que surgen a raíz de filtraciones, son sólo burdo chimenterío mediático.

Se trata entonces de un funcionario sin jerarquía alguna que utilizó su cercanía al Presidente -traicionando su confianza- para cometer delitos. Fue investigado por el Ministerio del Interior y detenido en la propia residencia presidencial. No hubo resistencias. No hubo protección. No hubo comunicados de apoyo. De hecho, sin ninguna obligación, presidencia entregó el celular del excustodio, del que hoy se filtran asuntos privados que nada tienen que ver con los hechos que motivaron la investigación.

Como ha dicho el ex Presidente Sanguinetti, el Frente Amplio ha logrado capitalizar el "caso Astesiano" cosechando un considerable éxito mediático. Tanto es así, que se animan a relativizar los peores casos de corrupción de la historia del Uruguay. "Por mucho menos renunció Sendic", dicen con naturalidad. ¡No, señores! No podemos permitir ese nivel de descaro.

Desde que el Frente Amplio decidió proteger a todos y cada uno de los jerarcas involucrados en hechos de corrupción durante sus tres administraciones, enterró para siempre sus pretensiones éticas y su autoridad moral. Acaso ya nos olvidamos que, cuando en 2007 el ex director de Casinos Juan Carlos Bengoa fue procesado con prisión por tres delitos -fraude, concusión (coimas) y conjunción del interés privado con el público-, el entonces Ministro de Economía y Finanzas, Danilo Astori, lo defendió denodadamente. Hicieron conferencias de prensa para bridarle su apoyo, acusando a la Justicia de "armar" un caso inexistente.

Qué decir del "Pluna-gate", del aval de Calloia y Lorenzo, del falso remate del "caballero de la derecha". También en este caso primó la indulgencia, aunque ambos jerarcas frentistas fueron procesados por abuso de funciones. El Cr. Calloia llevó su caso hasta la última instancia, obligando a que la Suprema Corte de Justicia confirmara su condena por el caso Pluna en julio de 2021. "Lo que empieza bien termina bien", había dicho un descarado Cr. Astori.

"Si es de izquierda no es corrupto, si es corrupto no es de izquierda...", era otra de las frases de cabecera que solía repetir el Sr. Raúl Sendic, quien se convertiría luego en el primer Vicepresidente en la historia del Uruguay en ser condenado a prisión por exceder los "poderes de su cargo" y "apropiarse de dinero estatal" (uno de los tantos tristes récords que nos dejó el Frente Amplio). Sendic también mintió descaradamente -inventando un título que sólo vio su sucesora, la Sr. Topolansky- y fundió Ancap -obligando a capitalizarla por 800 millones de dólares.

El Frente Amplio lo defendió hasta hace poco. Tanto Vázquez como Mujica tuvieron expresiones de solidaridad. Para ambos era un simple un caso de "bullying". El mismo Plenario que luego no tuvo más alternativa que sancionarlo, sostuvo en su momento que había una ofensiva de la prensa y de la oposición para desprestigiar a las fuerzas "progresistas" y "desestabilizar a la democracia". El presidente del Frente Amplio, Javier Miranda, dijo que había un "linchamiento público".

Otro ejemplo paradigmático es el del diputado Placeres, procesado por un delito de "conjunción de intereses" por su participación en Envidrio, empresa que dirigía mientras le votaba prestamos desde el Parlamento. Durante la sesión parlamentaria que trató su desafuero, el entonces oficialismo frenteamplista lo ovacionó y lo despidió como un mártir. Ante un auditorio orquestado y propicio al aplauso, él le habló "al pueblo uruguayo" y respondió a la "avalancha de mentiras" que, según advirtió, lanzaron algunos "personajes" de la oposición.

También hay ejemplos recientes, de este mismo período de gobierno. Recordará el lector el caso del "superhéroe de Antel", Cendoya, triplemente imputados por los delitos de "destrucción de documentación", "filtración de información" y "habilitación irregular" de frecuencias radiales durante la campaña electoral. Pese a ello, el Frente Amplio le guardó un lugar como director de la oposición en Antel hasta el último momento. Tan descarados fueron que aseguraban que se trataba de "una campaña de desprestigio" en su contra porque sólo él podía salvar a Antel del "intento de desmantelamiento" del nuevo gobierno.

No estamos hablando de custodios, sino de jerarcas de primerísima línea, que cometieron delitos, que fueron procesados, pero que el Frente Amplio protegió y protege hasta hoy. De hecho, si quieren buscar un caso comparable al de Astesiano, deberían remontarse al inefable "Pato Celeste", que no tenía una oficina en el piso 4° sino que trabaja en el piso 11°, junto al Presidente Mujica, antes de caer preso.

En definitiva, si hubiesen cumplido la promesa que realizó Vázquez al asumir en 2005 (que le cortarían la mano a los que metan la mano en la lata), tendrían varios dirigentes mancos.




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