Carlos Julio

A los 97 años, luego de una larga vida dedicada al servicio público, falleció Carlos Julio Pereyra, líder del Movimiento Nacional de Rocha, Senador por un largo espacio de tres décadas y compañero de fórmula de Wilson Ferreira Aldunate en la elección de 1971.

Maestro y profesor, su carrera política adquirió relevancia cuando en 1958, al triunfar el Partido Nacional, integró el Consejo Departamental de Rocha, su departamento natal. Era tan rochense que, cuando en 1964, con Javier Barrios Amorín al frente, formaron un movimiento, le dieron un carácter "nacional" pero bajo la histórica apelación local. Desde entonces serían los "rochanos", con una impronta fuerte de independencia política, de cultivo de un principismo político que les llevaba usualmente a posiciones polémicas adentro de su propio partido. Les venía de su raíz política, que era el Partido Nacional Independiente, sector histórico que, opuesto al Herrerismo, recién en 1958 se reincorporará al lema partidario luego de haberse separado cuando el golpe de Estado de 1933.

Convencido demócrata, mantuvo los vínculos partidarios aun bajo la dictadura, integrando una conducción informal, junto a Dardo Ortiz y Mario Heber, que funcionaba clandestinamente, al margen de las proscripciones que cercenaban la actividad política. Se le llamó "el Triunvirato" -análogo al colorado- y esa presencia casi le cuesta la vida cuando recibió unas botellas envenenadas, dirigidas a sus miembros, que milagrosamente no bebió. La señora de Mario Heber, Cecilia Fontana, fue víctima de ese horroroso atentado que nunca se terminó de aclarar.

En nuestras dos presidencias colaboró con espíritu patriótico, participando del gobierno con figuras principales de su movimiento, como la Dra. Analía Piñeyrúa o Wilson Elso Goñi.

La enseñanza siempre estuvo en sus mayores preocupaciones, apoyado en ese ámbito por su hermano Rosalío, destacado docente. Al mismo tiempo, era un celoso custodio de la corrección en el ejercicio de la función pública, siempre atento a cualquier desvío o exceso.

De andar pausado y hablar sin estridencias, era de carácter firme. Incluso muchas veces inflexible en sus posiciones, como pasó con la propuesta de Wilson de la Ley de Caducidad, que no acompañó, distanciándose de su viejo compañero de fórmula. Por eso quedará de él esa idea del político sin vueltas, fiel a lo suyo, en el acierto o en el error.

Honró a la política uruguaya, sirviéndola con probidad. En esa sencilla expresión se dice todo lo mejor que puede atribuirse a un servidor público.

 

J. M. S.




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